Actualmente estamos inmersos en un cambio de paradigma competitivo

Posted by aclimaadmin | octubre 24, 2019 | Blog Aclima

Atrás quedó aquel modelo en el que la competitividad se constituía en el fin último del desarrollo territorial y los indicadores económicos, principalmente el PIB, eran utilizados como reflejo del progreso social.

El prestigioso economista Joseph Stiglitz (2013) puso de manifiesto las limitaciones de este sistema y reivindicó la necesidad de incluir otro tipo de mediciones que reflejaran el bienestar real de una sociedad. Esa preocupación se ha extendido y en los últimos años han surgido diferentes iniciativas (Agenda “Beyond GDP”, Informe de Competitividad del País Vasco 2017, Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU…) que reclaman la necesidad de entender la competitividad como un medio para el logro de un bienestar social, que mejore la calidad de vida y el progreso económico de la sociedad en su conjunto.

La empresa, creadora de valor

Por otro lado, la competitividad territorial está estrechamente relacionada con la capacidad del territorio para crear, desarrollar y consolidar las actividades económicas, ya que, en definitiva, el motor principal para la generación de riqueza es la empresa, no solo en términos económicos, sino también en términos de generar impacto social. La empresa se posiciona de este modo como un actor protagonista en el desarrollo territorial, y con un papel destacado en el impulso de un nuevo modelo socioeconómico.

El concepto de “Creating Shared Value” (CSV) nace en 2011 de la mano de Michael Porter y Mark Kramer, y se refiere a la capacidad de la empresa de crear valor económico y social. Surge como un paradigma revolucionario que transforma la antigua visión sobre la relación entre la empresa y el territorio. Tradicionalmente la capacidad de la empresa de satisfacer necesidades sociales se limitaba a acciones filantrópicas, o de responsabilidad social corporativa (RSC). El concepto de “shared value”, o valor compartido, supone una disrupción a todo lo anterior, y considera el propio negocio empresarial como una forma de satisfacer necesidades sociales a través de tres herramientas:

1-reconcebir productos/ servicios y servir a potenciales nuevos clientes, que serían colectivos desatendidos por el negocio tradicional.

2-mejorar la eficiencia de la cadena de valor en términos de uso de recursos (energía, agua, materias primas), logística, o capacitación de proveedores.

3-mejorar el entorno empresarial local a través de la creación de clústeres.

Aplicación a las realidades locales

Sin embargo, estas tres propuestas no deberían de interpretarse como una receta universal, sería erróneo. Es necesario considerar como se adaptan estas estrategias empresariales a las diferentes realidades locales existentes.

Aunque a primera vista parece que todas las empresas pueden creadoras de valor compartido, la realidad es que este modelo requiere de una visión estratégica que suele estar al alcance solo de grandes empresas, o multinacionales. Por esta razón, muchas pequeñas y medianas empresas que trabajan en sectores tradicionales (metalurgia, manufactura…) pueden pensar que este modelo queda fuera de su alcance, y por tanto perder la oportunidad de contribuir de manera directa al bienestar social.

Como decíamos, sería una equivocación tratar de aplicar estas tres propuestas en todos los contextos sin hacer caso de las peculiaridades de cada caso, es imprescindible considerar como se adaptan a las diferentes realidades locales.

Particularmente, en el caso de Euskadi los clústeres suponen una importante ventana de oportunidad para el desarrollo socioeconómico del territorio, más allá de ser considerados un output de Creación de Valor Compartido. Su potencial radica en el rol que pueden desempeñar como plataformas o herramientas que impulsen estrategias de CVC entre las empresas, de un mismo clúster o a nivel Inter-clúster, y así contribuir simultáneamente a los objetivos económicos y sociales del territorio.

 

Henar Alcalde PhD

Investigadora/Ikertzailea/Researcher

Orkestra – Basque Institute of Competitiveness

 

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