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08 Oct 2026
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Informe de EY: Biodiversidad, del reconocimiento a la creación de impacto tangible

La biodiversidad se consolida en la agenda corporativa, pero el reto sigue siendo demostrar su impacto en la resiliencia y la creación de valor.

El principal desafío empresarial en biodiversidad ya no es reconocer su relevancia, sino demostrar cómo se traduce en decisiones, inversiones y resultados tangibles. Este desafío cobra aún más importancia en un contexto en el que inversores, entidades financieras y reguladores exigen cada vez más evidencias de cómo las empresas gestionan su relación con la naturaleza y cómo esta gestión contribuye a fortalecer su resiliencia, competitividad y capacidad de creación de valor a largo plazo. Aunque las organizaciones avanzan en la identificación de dependencias, impactos, riesgos y oportunidades relacionados con la naturaleza, persisten importantes brechas en ámbitos clave como la cuantificación de los efectos financieros, la medición del desempeño ecológico y la definición de planes de transición. Más del 80 % de las empresas realiza análisis específicos de riesgos, pero solo una minoría cuantifica sus implicaciones económicas o utiliza esta información para orientar inversiones y acciones concretas

Un reciente estudio de EY, basado en el análisis de informes de sostenibilidad publicados en 2025 bajo los estándares ESRS de la CSRD por 100 compañías de Francia, España, Suiza, Países Bajos, Bélgica e Italia1, muestra que el 70 % de las empresas ya considera la biodiversidad un asunto material. Está claro que este reconocimiento varía según los sectores, la madurez de las empresas y la localización de sus actividades, sin embargo, más que reconocerla, el verdadero desafío está en la capacidad de medirla, y traducirla en decisiones, inversiones y resultados tangibles. El estudio evidencia que, aunque la biodiversidad ya forma parte del discurso corporativo, la integración estratégica y el despliegue operativo siguen avanzando a un ritmo significativamente menor.

Acerca de este estudio EY

Este análisis se basa en cerca de cincuenta criterios cualitativos y cuantitativos, alineados con los requisitos de la CSRD y del estándar ESRS E4 sobre biodiversidad y ecosistemas, así como con las principales prácticas de mercado. La evaluación abarca una amplia variedad de sectores, excluyendo las instituciones financieras, y tiene como objetivo medir el grado de madurez de las empresas en la integración de la biodiversidad, identificar las principales brechas existentes y poner de relieve las oportunidades de mejora.

Sectores y número de empresas analizadas Agroalimentario (11), Lujo (3), Energía y Utilities (16), Construcción e Inmobiliario (18), Química, farma y cosmética (15), Gran Consumo (9), Industria (12), Transporte y Logística (5), e IT y Comunicación (11).

Primer paso: la biodiversidad ya se reconoce como un asunto material

Los sectores Agroalimentario (100 %), Lujo (100 %), Energía y Utilities (94 %) y Construcción e Inmobiliario (94 %) muestran niveles elevados de reconocimiento de la biodiversidad como asunto material.

En los sectores agroalimentario y de lujo se observa una clara consideración de la biodiversidad como una cuestión sistémica, es decir, como un factor que afecta al funcionamiento de sistemas económicos, sociales y ambientales más amplios, más allá de los riesgos financieros directos para una empresa concreta. Esta visión está ganando relevancia porque pone de manifiesto que la biodiversidad no es solo una cuestión de cumplimiento o gestión de riesgos ambientales, sino también de resiliencia económica. Entre los aspectos más destacados se encuentran la dependencia de materias primas y servicios ecosistémicos esenciales, los riesgos de interrupción de la cadena de suministro y los impactos de la producción de materias primas sobre la biodiversidad.

Por otro lado, en los sectores de Energía y Utilities y de Construcción e Inmobiliario, además de las cuestiones mencionadas anteriormente, también destacan los impactos negativos asociados al cambio de uso del suelo, la contaminación y la sobreexplotación de los recursos naturales.

Más allá de la materialidad: el segundo paso está en comprender cómo el negocio depende e impacta a la naturaleza

Un 52 % de las empresas evalúan los impactos de forma cualitativa mediante bases de datos sectoriales y referencias a marcos conocidos: ENCORE (Exploring Natural Capital Opportunities, Risks and Exposure), SBTN Materiality Screening Tool (herramienta desarrollada dentro del ecosistema metodológico del Science Based Targets Network), TNFD (Taskforce on Nature-related Financial Disclosures) y análisis geoespacial (WWF Biodiversity Risk Filter). No obstante, se observa una evolución progresiva hacia enfoques más cuantitativos. El 48 % de las empresas ya complementa los análisis cualitativos con herramientas de medición cuantitativa, aunque esta cifra se reduce al 19 % en España. Para ello, emplean enfoques híbridos que incorporan huellas de biodiversidad (como MSA.km²), indicadores propios de biodiversidad y análisis de ciclo de vida (LCA). El 78 % de las huellas de biodiversidad son mencionadas por empresas francesas.

El 98 % de las empresas ha identificado al menos un impacto negativo material, frente al 81 % en España. Estos impactos negativos identificados se concentran principalmente en el cambio de uso del suelo, la artificialización, la desertificación y la deforestación. Además, se observa una creciente capacidad para identificar impactos sobre especies y ecosistemas concretos, lo que refleja una comprensión cada vez más sofisticada de las presiones que las actividades empresariales ejercen sobre la naturaleza. Por su parte, el 26 % de las empresas identifica al menos un impacto positivo material, porcentaje que aumenta hasta el 33 % en España. Tanto en Europa como en España, destacan especialmente las iniciativas voluntarias de restauración ecológica.

Las dependencias de los modelos de negocio respecto a la naturaleza son reconocidas por el 41 % de las empresas. En el caso de las empresas españolas, esta cifra desciende significativamente hasta el 14 %. No obstante, incluso cuando estas dependencias son identificadas, rara vez se traducen de forma sistemática en la identificación de riesgos físicos concretos para el negocio. Por ejemplo, las empresas de los sectores agroalimentario e industrial identifican una fuerte dependencia de los servicios de aprovisionamiento proporcionados por la naturaleza, como el suministro de madera y biomasa. Sin embargo, estas dependencias pueden convertirse en riesgos físicos cuando la degradación de los ecosistemas compromete la disponibilidad o calidad de dichos recursos, generando potenciales impactos sobre los costes, la continuidad del suministro y la resiliencia del negocio. Asimismo, en una gran mayoría de los casos, las dependencias se evalúan de forma cualitativa mediante ENCORE o el WWF BRF. 

Cómo entender las dependencias de la naturaleza

Para disponer de información útil para la toma de decisiones, las empresas pueden avanzar en la comprensión y gestión de sus dependencias de la naturaleza mediante tres acciones clave:

  • Cuantificar las dependencias, comenzando con métricas e indicadores sencillos, como la proporción de actividades con una elevada dependencia de la naturaleza o el porcentaje de volúmenes de negocio asociados a recursos naturales críticos.
  • Establecer una vinculación explícita entre las dependencias identificadas y los riesgos físicos asociados, permitiendo comprender cómo el deterioro de los ecosistemas puede afectar a las operaciones, la cadena de suministro o la generación de ingresos.
  • Evaluar el estado de los ecosistemas locales de los que depende la empresa, ya que su nivel de conservación es un factor determinante para garantizar la disponibilidad y resiliencia de los servicios ecosistémicos que sustentan la actividad empresarial.

El análisis geoespacial está ampliamente implantado, pero todavía se utiliza de forma limitada para evaluar impactos y definir acciones concretas.

El 83 % de las empresas evalúa la proximidad de sus activos a áreas sensibles para la biodiversidad, principalmente en sus operaciones directas, mientras que solo un 2 % extiende este análisis a la cadena de valor aguas arriba. Las herramientas más utilizadas son WWF Biodiversity Risk Filter (21 %), IBAT (19 %) y herramientas internas o modelos geoespaciales avanzados (17 %). Las empresas españolas analizadas muestran resultados similares a los observados en el conjunto de la muestra. Sin embargo, los resultados muestran una elevada variabilidad entre empresas, influida por factores como el número de emplazamientos, el alcance del análisis, los criterios metodológicos o el contexto geográfico, lo que limita la comparabilidad del indicador.

Más allá de la identificación espacial, la verdadera oportunidad de mejora reside en comprender los impactos sobre la biodiversidad: solo el 47 % de las empresas evalúa el impacto potencial de sus emplazamientos sobre las áreas sensibles identificadas y únicamente el 15 % utiliza esta información para orientar inversiones y definir e implementar planes de acción específicos.

Más allá de la identificación: comprender las implicaciones económicas de los riesgos y oportunidades

Más de cuatro de cada cinco empresas realizan análisis específicos de riesgos relacionados con la naturaleza, centrados principalmente en riesgos regulatorios para las operaciones, de aprovisionamiento aguas arriba y reputacionales. Como resultado, el 70 % de las empresas ha identificado al menos un riesgo material, frente al 62 % de las empresas españolas.

Sin embargo, persiste una limitación significativa: la traducción de estos riesgos en impactos financieros concretos sigue siendo muy limitada. Solo el 3 % de las empresas divulga efectos financieros cuantificados asociados a riesgos relacionados con la naturaleza. Además, existe un amplio margen de mejora en la madurez metodológica de estos análisis: únicamente el 69 % utiliza marcos metodológicos reconocidos, como TNFD o WWF BRF, o vincula la evaluación de riesgos con herramientas de medición de impactos; el 54 % considera distintos horizontes temporales y solo el 24 % incorpora análisis de escenarios.

Esta situación recuerda a la evolución observada en el ámbito climático hace algunos años. Mientras los riesgos relacionados con la naturaleza no se integren en los modelos económicos, la planificación financiera y los procesos de inversión, seguirán siendo percibidos como “cuestiones de sostenibilidad”, en lugar de como factores estratégicos capaces de influir directamente en la creación de valor y la resiliencia empresarial. 

Aunque la mitad de las empresas reconoce oportunidades vinculadas a la naturaleza, estas se analizan principalmente de forma cualitativa y apenas se incorporan de manera limitada a la estrategia corporativa. Las oportunidades más citadas por las empresas analizadas en este estudio son el refuerzo de la resiliencia operativa (44 %) y de la cadena de suministro (20 %), mientras que un 21 % de las empresas reconoce el acceso a nuevos mercados como una oportunidad de creación de valor. La oportunidad de acceso a financiación sostenible fue reconocida por solo el 6 %, pese a las crecientes señales de interés del sector financiero por los riesgos y oportunidades relacionados con la naturaleza. En España, solo el 29 % de las empresas identifica al menos una oportunidad material. A diferencia de la tendencia observada en el conjunto de la muestra europea, las oportunidades más destacadas se centran en la renaturalización y las soluciones basadas en la naturaleza, por encima de iniciativas orientadas a la resiliencia operativa o al acceso a nuevos mercados.

El TNFD ha impulsado la integración de las dependencias, impactos, riesgos y oportunidades relacionados con la naturaleza en la toma de decisiones financieras, mientras que el Banco Central Europeo y la European Banking Authority han reforzado sus expectativas sobre la identificación y gestión de estos riesgos por parte de las entidades financieras2. En este contexto, demostrar una gestión sólida de los impactos, las dependencias y los riesgos asociados puede facilitar la atracción de inversión y el acceso a financiación en condiciones competitivas.

Cuarto paso: medir resultados para la naturaleza, no solo acciones implementadas

El 84 % de las empresas ha definido objetivos relativos a la biodiversidad, con una media de 4 objetivos por empresa. En el caso de las empresas españolas, los resultados son muy similares: el 86% ha establecido objetivos en esta materia, con una media de 3 objetivos por compañía.

Además, el 63 % de las empresas analizadas vincula estos objetivos a planes de acción concretos, porcentaje que se reduce al 48 % en España. Dichos planes abarcan tanto actuaciones en los propios emplazamientos, como la revegetación o la restauración de espacios naturales, como iniciativas en la cadena de suministro, por ejemplo, el abastecimiento de materias primas sostenibles y libres de deforestación.

Sin embargo, sigue siendo limitada la adopción de objetivos cuantitativos orientados a la reducción de impactos, lo que refleja la madurez aún incipiente de los marcos metodológicos disponibles para medir y gestionar el desempeño en biodiversidad.

Solo el 4 % de las empresas del estudio hace referencias a SBTN y el 3 % al Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. 

Marco Mundial de Biodiversidad de Kumming-Montreal

El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal (KM GBF, del inglés Kunming-Montreal Global Biodiversity Framework) es el acuerdo internacional adoptado en 2022 para detener y revertir la pérdida de naturaleza antes de 2030. Establece cuatro objetivos globales para 2050 y 23 metas para 2030, proporcionando la referencia estratégica que está impulsando las expectativas regulatorias, financieras y corporativas en materia de biodiversidad3.

Su Meta 15 supone un punto de inflexión para el mundo empresarial, al establecer la expectativa global de que las compañías comprendan y gestionen su relación con la naturaleza con el mismo rigor con el que gestionan otros riesgos estratégicos. En este contexto, el impacto tangible se materializa cuando las organizaciones transforman el entendimiento de sus dependencias, impactos, riesgos y oportunidades en decisiones que fortalecen su resiliencia, protegen la creación de valor y mejoran su posicionamiento competitivo4.

En cuanto a las métricas, el 50 % de las empresas divulga indicadores relacionados con el uso y el cambio de uso de los ecosistemas, como la huella de ocupación del suelo (km²) o la tasa de artificialización asociada a nuevos desarrollos. Por su parte, el 24 % reporta métricas sobre el estado de la naturaleza, incluyendo indicadores como el número de especies por categoría de la Lista Roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) o la diversidad de hábitats. En ambas categorías, el sector energético destaca como el más avanzado en la medición y divulgación de estas métricas.

El siguiente paso consiste en complementar la información sobre impactos negativos con indicadores alineados con TNFD que evidencien las contribuciones positivas de la compañía a la naturaleza. Al mismo tiempo, existe una oportunidad para establecer compromisos explícitos sobre la conservación de los servicios ecosistémicos y la gestión de riesgos relacionados con la naturaleza. La adopción progresiva de indicadores NPI* en los emplazamientos prioritarios permitirá medir de forma más robusta el estado de los ecosistemas y de las especies, transformando la información sobre naturaleza en una herramienta de gestión que facilite una toma de decisiones más informada, fortalezca la resiliencia operativa, proteja la creación de valor a largo plazo y mejore el posicionamiento de la compañía ante inversores y financiadores.

Indicadores de la Nature Positive Initiative (NPI)

*Estos indicadores promovidos por la NPI buscan establecer una base científica común para medir el estado de los ecosistemas y las especies en cada emplazamiento. Incluyen aspectos como la extensión y condición de los ecosistemas, el riesgo de extinción y la evolución de las poblaciones. Su objetivo es proporcionar una base común, científicamente robusta y comparable para medir resultados en biodiversidad.

EY participa, junto con la NPI y otros expertos, en el desarrollo de estas métricas, contribuyendo a la definición de enfoques que permitan evaluar de manera más rigurosa el desempeño de las empresas en materia de naturaleza y demostrar un impacto tangible sobre la biodiversidad 5. 

De las políticas a la transformación: el reto de los planes de transición

El 87 % de las empresas comunica una política de biodiversidad, centrada principalmente en sus operaciones propias y en la cadena de suministro. Estas políticas abordan sobre todo cuestiones relacionadas con el cambio climático, los recursos hídricos, las compras responsables, la deforestación, la contaminación y el uso del suelo.

Sin embargo, los planes de transición siguen siendo poco frecuentes: solo el 14 % de las empresas publica uno, probablemente debido a la ausencia de una obligación regulatoria específica. Las empresas españolas muestran niveles de madurez similares a los observados en el conjunto de la muestra.

De hecho, al igual que ocurre en el resto de las empresas analizadas, ninguna de las compañías españolas que publica un plan de transición divulga los recursos financieros necesarios para su implementación, ni a corto ni a largo plazo, lo que dificulta evaluar su grado de concreción y viabilidad.

La naturaleza en los estándares de sostenibilidad

A pesar de ello, las expectativas regulatorias, financieras y de mercado apuntan claramente hacia una integración progresiva de la naturaleza en la estrategia empresarial.

En Europa, el estándar ESRS E4 no exige actualmente la elaboración de un plan de transición de biodiversidad, aunque espera que las empresas expliquen cómo integran la biodiversidad en su estrategia, gestión de riesgos y objetivos cuando esta sea material.

De forma similar, los estándares IFRS Sustainability Disclosure Standards no requieren hoy un plan de transición para la naturaleza; no obstante, el ISSB (International Sustainability Standards Board) ha reconocido la creciente demanda de inversores y mercados de capitales de información sobre estrategias y planes de transición relacionados con la naturaleza y está avanzando en el desarrollo de requisitos específicos de divulgación en este ámbito 6, 7.

Esta evolución es coherente con las tendencias observadas en la agenda internacional, donde la COP31 de Antalya pone un énfasis creciente en la implementación y en soluciones integradas que conectan clima, biodiversidad y resiliencia, reforzando la relevancia estratégica de la naturaleza para las empresas y los mercados financieros8.

Del reconocimiento a la creación de valor: dónde se genera el impacto tangible para el negocio y la naturaleza

La principal conclusión del estudio es clara: la biodiversidad ha adquirido una relevancia creciente en la agenda corporativa, pero todavía no se ha integrado plenamente en la estrategia empresarial. El mercado avanza en la identificación de dependencias, impactos, riesgos y oportunidades relacionados con la naturaleza; sin embargo, persisten importantes brechas en ámbitos clave como la definición de planes de transición, la cuantificación de los efectos financieros y la medición del desempeño ecológico.

Las organizaciones que lideren esta agenda no serán necesariamente las que publiquen más información, sino aquellas capaces de transformar los datos sobre naturaleza en decisiones de negocio. La gestión eficaz de la biodiversidad, respaldada por información sólida y métricas robustas, puede fortalecer la resiliencia operativa, proteger las cadenas de suministro, anticipar riesgos futuros y generar un impacto tangible. En un contexto en el que la naturaleza adquiere una relevancia creciente en las decisiones de inversión, financiación y asignación de capital, estas capacidades se perfilan cada vez más como un factor diferencial de competitividad y creación de valor a largo plazo.

En conclusión

La biodiversidad está dejando de ser un elemento secundario para convertirse progresivamente en un factor que condiciona la disponibilidad de recursos, la estabilidad de las cadenas de valor y la adaptación de las organizaciones a un entorno cada vez más complejo. Los resultados observados en España reflejan que el reconocimiento de esta cuestión avanza a buen ritmo, aunque persisten oportunidades de mejora en ámbitos como la comprensión de las dependencias del negocio respecto a la naturaleza y la incorporación de métricas cuantitativas para la toma de decisiones.

En este contexto, el liderazgo no vendrá determinado por quién reporta más información, sino por quién sea capaz de transformar datos sólidos y de calidad en decisiones que anticipen riesgos, gestionen incertidumbres y demuestren resultados de impacto tangible tanto para el negocio como para la naturaleza, en respuesta a la creciente presión sobre los recursos naturales, a unas expectativas cada vez mayores de los grupos de interés y a la atención creciente de los mercados de capitales

Resumen

La biodiversidad ya es un asunto material para la mayoría de las empresas, pero el reto sigue siendo transformar ese reconocimiento en decisiones, inversiones y resultados medibles. Un estudio de EY revela que, aunque las compañías avanzan en la identificación de impactos, dependencias y riesgos relacionados con la naturaleza, aún existen importantes carencias en la cuantificación de sus efectos financieros, la medición del desempeño ecológico y la definición de planes de transición. Las organizaciones que logren integrar estos factores en su estrategia estarán mejor posicionadas para reforzar su resiliencia, acceder a financiación y generar valor a largo plazo.

Fuente: EY.com

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