Innovación de altura para ver el bosque como un gran pulmón de riqueza y sostenibilidad

Posted by aclimaadmin | junio 17, 2022 | Noticias del Sector

Bien gestionados, nuestros bosques son una gran fuente de riqueza, como siempre lo han sido. Y a partir de ahora lo serán más, porque las nuevas tecnologías están abriendo un nuevo horizonte de posibilidades para valorizar los recursos forestales y lograr productos de gran valor añadido que conviven con los aprovechamientos tradicionales. Con ello los bosques se pueden convertir en verdaderos pulmones económicos y medioambientales dando vida a las comunidades locales y ayudando a fijar población.

Junto al uso de la madera para construcción y muebles, la papelería y cartón, la recolección de setas, el ecoturismo… aparecen iniciativas innovadoras. Por ejemplo, ya se ha conseguido madera traslúcida que podría ser candidata para sustituir el vidrio y el plástico o maderas suficientemente resistentes como para construir edificios de varias plantas.

Se hacen tejidos como el lyocell, similar a la viscosa, procedente de fibras del eucalipto y abedul, por los que apuestan grandes gigantes de la moda como Inditex y H&M. Con los residuos de distintos procesos del tratamiento de la madera se genera una biomasa que proporciona calor a barrios de algunas ciudades del planeta. La nanocelulosa transparente se está empezando a probar incluso en las carrocerías de los coches. Hasta una empresa japonesa, Sumitomo Forestry en colaboración con la Universidad de Kioto, está desarrollando los que serán los primeros satélites de madera del mundo. Por no hablar de la atractiva inversión que los bosques tienen como sumideros de carbono para grandes corporaciones que deben reducir sus emisiones de efecto invernadero.

Potencial

Las potencialidades de futuro de nuestros bosques parecen infinitas. «Se estima que el potencial del recurso forestal en España permitiría duplicar y hasta triplicar la economía y el empleo que ahora generan nuestros bosques», asegura Jesús Martínez, ingeniero de Montes de la consultora de ingeniería forestal FMC. Hay que tener en cuenta que los espacios forestales ocupan más de la mitad de la superficie de nuestro país. En concreto, un 55%, según el Inventario Forestal Nacional. Y la superficie arbolada es casi un tercio de nuestro territorio (29%).

Un buen punto de partida para generar nuevas oportunidades de negocio en lo que se denomina la bioeconomía forestal, que «trata de poner en valor y dar visibilidad a los recursos que proveen los bosques para cambiar a un modelo económico más sostenible», explica Carmen Avilés, profesora de Organización de Empresas en la Universidad Politécnica de Madrid. Esta entidad participa junto a diferentes administraciones e instituciones en el Laboratorio Urbano en Economía Forestal (Urban Forest Innovation Lab).El proyecto es un claro ejemplo de esta nueva forma de entender el aprovechamiento de nuestros recursos forestales, ya que pretende levantar un tejido económico local alrededor de los bosques de Cuenca, una de las ciudades europeas con mayor superficie forestal: 55.000 hectáreas plagadas de árboles. «A través de lo que producen estos bosques se promueven iniciativas de emprendedores que a veces necesitan investigación adicional y prototipado. Esto se realiza en el laboratorio de la Universidad Politécnica de Madrid y también en la Universidad de Castilla-La Mancha», dice la profesora.

Así, poco a poco, junto a la gran industria maderera tradicional española, parece que aflora un nuevo tejido de empresas innovadoras en torno a las masas forestales, en el que también colaboran centros tecnológicos y de investigación. «Ahora se trata de generar rentas y nuevos usos y servicios que permitan mantener de forma sostenible los bosques. Esta nueva línea de usos de recursos forestales es fantástica porque nos va a permitir dar productos de alto valor y cuidar los bosques», considera Francisco Dans, director de la Asociación Forestal de Galicia. Es una de las organizaciones que aglutina la Confederación de Asociaciones de Selvicutores de España (COSE). «Somos dos millones de propietarios forestales. Algo más del 60% del territorio forestal es privado», añade.

Nuevas aplicaciones

La madera es la principal fuente de ingresos de un bosque. Es sostenible, reciclable y biodegradable. «Es un recurso estratégico. El objetivo principal es aprovecharlo todo del árbol», valora Dans. Algo en lo que se están alcanzado grandes progresos. Incluso «existen productos tradicionales que están avanzando muchísimo con las nuevas tecnologías. Como la madera laminada cruzada (CLT) que permite fabricar paneles, superficies, muros, paredes, placas… y construir así edificios de varias plantas. Antes la madera estaba limitada a viviendas unifamiliares, estructuras civiles y naves industriales», explica Jesús Martínez. Un material mucho más sostenible y con menor huella de carbono que el actual hormigón.

La biomasa del propio bosque (ramas, restos de poda, árboles delgados), de los pellets (restos de serrín aglomerando) y de los residuos de los procesos de transformación de la madera ofrece nuevos aprovechamientos energéticos, además de generar calor y electricidad en centrales de biomasa. «Por ejemplo, a través de la pirólisis, la biomasa se transforma en biochar, un biocarbón con muchas de aplicaciones. Se utiliza para descontaminar los ríos o la salida de la depuradora de una fábrica», cuenta Juan Pedro Majada, director del Centro Tecnológico Forestal de la Madera de Asturias. También se usa como una especie de fertilizante natural para restaurar suelos degradados por falta de nutrientes.

Donde se está alcanzando un gran desarrollo es en extraer de los recursos forestales componentes químicos que después se emplean en otros procesos industriales. «En las biorrefinerías, antes de hacer pasta de celulosa o fabricar pellets, se obtienen productos que tienen un valor añadido en otras industrias como la cosmética, alimentaria…», indica Majada. «Hay un desarrollo muy potente de la industria química basado en fibras de la madera para sustituir plástico y derivados del petróleo», cuenta Dans.

Entre estas sustancias está la resina que, entre sus muchos usos, se aplica en disolventes naturales, lacas, pegamentos, adhesivos, colas, tintes, barnices hasta en los chicles. También la lignina, que da firmeza a los árboles.Es «uno de los polímeros naturales más abundantes de la Tierra. Se emplea en tejidos, para mezclar con plásticos y obtener productos más sólidos, en suelos, mobiliario…», añade Martínez.

Revolucionario

La nanocelulosa transparente está llamada a provocar una gran revolución en la industria. Se extrae de la celulosa de la madera. Es ligera, con alto nivel de resistencia y biodegradable. «Es ingente la cantidad de aplicaciones que se están investigando con este material. Para las pantallas flexibles de teléfonos y televisiones, para mobiliario, para la carrocería de vehículos.. Incluso se ha desarrollado un plástico con este material indistinguible del plástico fósil», cuenta Majada. Hasta se usa en gasas, vendas y válvulas cardíacas.

El ‘boom’ también está en el mercado del carbono. La madera de los árboles fija C02. Por eso, empresas grandes y pequeñas compran derechos de emisiones a propietarios de bosques, una forma de compensar su huella de carbono cuando ya no pueden reducir más sus emisiones de gases de efecto invernadero. Hay también «sociedades de inversión y grandes compañías que han creado una ingeniería en busca de terrenos para hacer crecer bosques», señala Majada, como fincas abandonadas, antiguos terrenos agrícolas, zonas quemadas…

Los bosques son una oportunidad que no hay que dejar escapar, porque si estos ecosistemas no se gestionan, ni se realizan los trabajos necesarios para que estén sanos (lo que se conoce como silvicultura), desaparecen. «El abandono en zonas con gran capacidad de acumular biomasa en los montes dispara el riesgo de incendio», asegura Dans. Pero también el cambio climático está incidiendo. «El aumento de las temperaturas y el cambio en la distribución del régimen de lluvias debilita los árboles». De ahí, la necesidad de realizar prácticas de silvicutura adecuadas, desde talar los árboles insanos a repoblar con especies mejoradas genéticamente que resistan enfermedades y se adapten al clima actual y futuro.

Fuente: ABC

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