Las empresas referentes en sostenibilidad sientan las bases de un nuevo modelo productivo

Posted by aclimaadmin | junio 9, 2022 | Noticias del Sector

La cita anual del movimiento B Corp en España, celebrada el 27 de mayo, reunió a compañías referentes en responsabilidad social y ambiental para debatir sobre la necesidad de una economía más comprometida con el planeta. Congregó a más de 350 asistentes y unas 200 organizaciones.

Promover un crecimiento económico que respete el medio ambiente o garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles forman parte de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que Naciones Unidas estableció en la lucha contrarreloj de la Agenda 2030.

Eso implica generar desde ya un nuevo modelo económico si realmente se quiere reducir el 45% de emisiones de carbono necesario para frenar la catástrofe climática. Cada vez más compañías y organizaciones de todos los sectores son conscientes de que ese reto pasa por transformar sus líneas de negocio para que la actividad productiva y la sostenibilidad puedan ir de la mano. Se trata, al fin y al cabo, de redefinir el éxito empresarial.

Alrededor de esa idea gira la filosofía B Corp, el movimiento de empresas responsables más grande del mundo y cuyo objetivo es generar un impacto positivo en la sociedad y el planeta a través de sus modelos productivos. El distintivo B Corp reconoce ya a 5.000 compañías que cumplen con sus altos estándar es verificados de desempeño social y medioambiental, así como de transparencia y responsabilidad legal.

El pasado 27 de mayo, empresas españolas punteras en estrategias verdes, junto con personalidades académicas, de la administración pública, de los medios de comunicación, el tercer sector y la ciudadanía, se reunieron en la sexta edición de B Good Day. Así se llama el encuentro anual del movimiento en España, que se celebró en el Green Patio de Madrid y contó con Unidad Editorial como media partner exclusivo.

Cerca de 350 asistentes y más de 200 organizaciones se dieron cita en este evento de referencia en sostenibilidad empresarial y economía de impacto. A lo largo de las diferentes conferencias, charlas y talleres que se celebraron durante el día, los protagonistas debatieron sobre cómo establecer una hoja de ruta para afianzar un nuevo modelo empresarial. Una estrategia que, como dejó patente Pedro Tarak, cofundador del sistema B, «no se trata solo de involucrar a empresas B Corp, sino de que todas empiecen a pensar de otra manera, de construir alianzas, convertir los objetivos individuales en oportunidades comunes y de que se mida el éxito de otra forma».

Es, al fin y al cabo, la búsqueda de «un nuevo modelo en el que se equilibre el retorno económico con lo social y lo medioambiental«, según añadió Pablo Sánchez, director ejecutivo de B Lab Spain. En ese escenario deseado, los ponentes coincidieron en la necesidad de que la nueva economía tenga como eje un tipo de empresa que se mueva por un propósito. A juicio de Natalia Berenguer, secretaria general de Danone Europa, eso se traduce en un ejercicio de empatía con el mundo real: «Es entender qué tensión o dolor tiene mi país y qué puedo hacer yo, como empresa, para aliviarlo».

A este respecto, Xavier Marcet, CEO de Lead to Change, subrayó que «bajo el concepto de empresa actual no cabe todo. Una empresa y un negocio no son lo mismo. Ser empresa significa tener la capacidad de crear valor corporativo, y valor social y ambiental al mismo tiempo. Es tener una comunidad de personas alrededor del propósito».

La redefinición de la industria alrededor de esta idea es, para Berenguer, una oportunidad para recuperar la confianza de las instituciones tras la crisis de 2008, cuando parte de las compañías focalizaban sus negocios en la mera obtención de beneficios: «Las instituciones van a necesitar de los recursos de las empresas para conseguir un cambio real«.

Ahora bien, uno de los problemas que presenta el cambio de chip de las empresas hacia un modelo sostenible es que, «a medida que crecen, se disipan los propósitos». Así lo puso de manifiesto Koldo Echeberria, director general de Esade. Por eso, hizo hincapié en la importancia de educar «para la conciencia crítica» y en el gran desafío de la gobernanza en las empresas: «O integramos el conjunto de valores y compromisos entre los factores que están detrás de cualquier decisión y preparamos a los directivos en ese camino o vamos a seguir con esta esquizofrenia».

Pero esa necesidad de trasladar una educación más verde a las empresas no solo atañe a sus líderes, sino también a la totalidad de sus plantillas, tal como expuso Mario Rovirosa, CEO de la farmacéutica Ferrer: «Lo más importante para nosotros es que todos nuestros empleados sean activistas. Eso está transformando nuestra compañía, porque quiere decir que son 1.800 personas las que están pensando en estos términos y, de esta forma, cualquiera de ellas, tenga el rango que tenga, actúa como un activista más».

El directivo puso como ejemplo que en el día a día de esta organización es posible ver a cualquiera de sus profesionales realizando acciones para reformar o transformar escuelas e incluso recogiendo coles y espinacas en un huerto urbano que tienen para que las ciudades sean más sostenibles.

Más allá del capital humano, otros participantes con sello B Corp destacaron la apuesta por la innovación para alcanzar un equilibrio entre el beneficio económico y el medioambiental y social. Así, Carlota Pi, cofundadora y CEO de Holaluz, comentó que, ante la irrupción de la pandemia, su compañía (la primera eléctrica europea B Corp) llevó a cabo «una vuelta de tuerca a la algoritmia para dar más ahorro a los clientes». Y lo hizo en medio de una complicada situación de confinamiento en la que, «de repente, la energía en los hogares tuvo un consumo plano».

Según añadió, frente a esa coyuntura, su empresa reforzó su propósito de potenciar la energía 100% verde al iniciar la llamada revolución de los tejados, basada en transformar el máximo número posible de fachadas infrautilizadas en espacios para instalar placas solares. Esta estrategia, argumentó, «está cambiando para siempre la manera en la que se produce energía en el país, al transformar las casas en centrales de producción de energía verde«. Y es, también, una manera de que los clientes «se vuelvan productores de electricidad y ahorren de media cerca de un 30% de la factura», aseveró.

Una ley necesaria

El encuentro B Good Day también sirvió para debatir sobre la necesidad de una norma que ayude a reconocer a las empresas comprometidas, que ya existe en otros países europeos como Francia e Italia.

En una mesa redonda sobre las posibles implicaciones de esta figura legal, Sara Ladra, miembro de la junta directiva de Economistas Frente a la Crisis, explicó las razones por las que, en su opinión, urge una norma para implicar a la industria en la lucha contra el cambio climático: «Si queremos un paradigma económico más sostenible y justo las empresas con propósito deben tener un papel protagonista, porque en este escenario de incertidumbre en el que estamos saben medir y valorar los riesgos medioambientales y tienen un mejor acceso a sus fuentes de financiación».

En la misma línea, Patricia Gabeiras, socia fundadora de Gabeiras & Asociados, agregó que «esta modificacion legal sería un acelerador para que se reconozca que estas empresas se están alineando con los intereses medioambientales y sociales«. Y explicó la razón: «En cuanto su tipología aparezca definida legalmente, ya no se podrá usar este término de una manera banal».

Según Gabeiras, problemas como que el derecho mercantil en España «suele ser muy conservador para legislar estas novedades» o la dificultad para evitar la publicidad engañosa y las tácticas de greewashing pueden superarse. Y puso como ejemplo la regulación de las finanzas responsables: «Se está definiendo qué es sostenible y, de hecho, ya hay una taxonomía con la que se están regulando los indicadores para determinar si un producto lo es o no».

Jorge Barrero, director general de la Fundación Cotec, también reflexionó acerca de esta necesidad regulatoria: «Parece que hoy hay empresas que van por delante de las leyes, que sienten que tienen una obligación con los consumidores. Pero por otro lado, esto puede leerse como un fracaso de las instituciones».

Medir el impacto

Varias charlas repasaron la relevancia de analizar el impacto de la actividad empresarial. Por ejemplo, Luis García Moneda, consultor de medio ambiente, cambio climático y sostenibilidad, indicó que «tan importante es generar un impacto positivo en las personas y el medio ambiente como medirlo, para verificar, comprender, comunicar y mejorar ese impacto».

Según expuso en otra plenaria Yolanda Fulgueiras, directora de Expansión Nacional de Lavola y de su delegación de Madrid, lo interesante es que «cuando las grandes empresas han empezado a accionar sus planes de descarbonización, eso repercute en toda su cadena de valor«.

Precisamente por eso, B Corp promueve herramientas de medición de impacto para que «empresas de cualquier tamaño puedan medir sus contribución a los ODS«. Así lo explicó Sofía Isasmendi, directora de Programas y Alianzas de B Lab Spain, quien recordó varios proyectos de su organización con los que más de un centenar de empresas lograron identificar mejoras vinculadas a sus huellas de carbono e hídrica y a la economía circular.

La medición es uno de los ejes para llevar a cabo este cambio de sistema. Pero la colaboración también debe actuar como motor de cambio. Así lo recordó Carlos García, PR manager de Too Good To Go, la tecnológica que ha estrechado lazos con organizaciones de diferentes sectores para luchar contra el desperdicio alimentario: «Al final, las alianzas te permiten llegar mucho más lejos«.

Fuente: Expansión

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