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03 Sep 2026
Noticias del sector

Ángela Fernández, de AGALEUS: “La economía circular es un pilar fundamental también para la reducción de emisiones de CO2”

Ángela Fernández Alonso, padre de Vegadeo y madre de Tapia, estudió Ingeniería Química en Cantabria. Es directora gerente del grupo vasco Agaelus de servicios medioambientales, dedicado a la gestión y valorización de residuos industriales. Es, además, presidenta de la Asociación Vizcaína de Empresas Químicas, Aveq-Kimika; también vicepresidenta de la Cebek, la confederación de empresa de Vizcaya, y vocal del comité ejecutivo de la patronal vasca Confebask.

—¿Cómo es el empresariado vasco?

—Cuando llegué, una de las cuestiones que más me llamó la atención fue, primero, la capacidad económica que tienen. La potencialidad, el número tan importante de polígonos, de empresas de todos los sectores… Y el asociacionismo, que es muy relevante. Efectivamente, la unión hace la fuerza; luchar todos en la misma dirección, haciendo lobby, aunque esa palabra ahora esté tan bien vista. Aunando esfuerzos ya no solo para defender los intereses, también para poner en conocimiento cuáles son las necesidades. Ahora mismo, por ejemplo, el reto es la Inteligencia Artificial. Pues qué mejor que montar proyectos colaborativos en los que se puedan aprovechar las sinergias. Esa es una fortaleza muy grande que tiene Euskadi. Una fortaleza que también tiene que ver con la valentía. Son personas muy arrojadas. Por desgracia tienen una historia, ya pasada, que quizá les hizo todavía ser más valientes si cabe.

—Se refiere a ETA.

—Sí. Aunque no lo viví, era muy duro ser empresario en los años 80 o 90. Eso marca una forma de ser. Son muy arrojados, gente que lo intenta y lo intenta, y cuando se cae, vuelve a levantarse. Hay un nivel de emprendimiento que no hay en otras zonas. Y eso es algo que tiene un efecto muy exponencial. También tienen el concierto económico, ciertas ventajas como es tener sus propias diputaciones y que lo que recaudan, poder reinvertirlo en el territorio. Subieron reinventarse en la época de la reconversión, en los años 80. Ahora es un territorio muy avanzado desde el punto de vista también de la tecnología. No estamos hablando solo de que tenga una masa crítica de empresas muy potentes, además tiene la diferenciación tecnológica, con centros tecnológicos muy potentes y con apoyo de administración. La colaboración público-privada es muy intensa.

—En otro lugar quizá la presencia de una banda terrorista hubiera sido también letal para la economía de la región…

—No acabó con ella porque, como le digo, son gente muy arrojada, con unas convicciones muy fuertes y con una capacidad de sacrificio muy elevada. Desde luego que no es todo perfecto, pero a pesar de eso lo lograron. Sí que es verdad que también hubo una pérdida de empresarios. Hubo muchos que tuvieran el arrojo de quedarse, pero otros decidieron salir de Euskadi porque era una época muy complicada. Esto se lo cuento casi de oídas, porque yo llegué en 2006. Era otra época muy diferente. Seguía habiendo mucha kale borroka, había mucha manifestación, mucho contenedor quemado, pero ya no tenía nada que ver con aquello, por suerte. Ya había habido varias treguas.

—Alude también de la importancia del cupo vasco. ¿Qué pesa más, tener ese marco económico de privilegiado, o la capacidad de consenso, de unión y de acuerdo sobre los ejes estratégicos?

—Normalmente, las claves del éxito no están en una única variable. Suelen ser la conjunción de cosas. Lo mismo que los desastres no suelen ser por una única causa. Ellos defienden el concierto económico, como no puede ser de otra manera, porque es una ventaja competitiva muy relevante. Eso lo supieron hacer bien en su momento y esas son las reglas del juego a día de hoy.

—¿Hacia dónde camina el sector en el que usted trabaja?

—Este año hacemos 40 años de historia en nuestra empresa. Inicialmente, el sector estaba orientado a preparar la destrucción de los residuos. Es decir, cogíamos un residuo peligroso y lo transformábamos física y químicamente para que acabara en un vertedero en unas condiciones mejores para el medio ambiente, con una peligrosidad menor. Hoy el sector pone todo el empeño en la economía circular. Tratamos que el residuo se convierta en una materia prima o en un producto que se pueda reintegrar en la cadena, de tal manera que evitemos seguir consumiendo materias primas. La economía circular es un pilar fundamental también para la reducción de emisiones de CO2. En nuestra empresa estamos más especializados en la gestión de residuos peligrosos, que es algo más complejo. No estamos hablando de gestionar papel, cartón… Hablamos de residuos que genera la industria y, en Euskadi, la industria es muy potente. Son residuos complejos. Es complicado desarrollar tecnología para estos procesos pero, como le decía, hay centros tecnológicos muy punteros con los que colaboramos. Trabajamos en diferentes proyectos de innovación. Ahí es importante la colaboración públicoprivada. Todos nuestros proyectos están subvencionados en un porcentaje muy relevante, subvenciones a fondo perdido, a la innovación. Hay mucho apoyo.

—La reindustrialización de Europa es una prioridad de la UE. ¿Qué podemos aprender del País Vasco en ese ámbito?

— Primero, tienen muy claro que su potencia como comunidad autónoma reside precisamente en la industria. Más o menos el 25% del PIB de Euskadi es industrial. Y lo que la industria mueve alrededor, también todos los servicios conexos. Euskadi lo tiene claro, la administración no tiene claro. Ahora mismo están con un plan de industria específico donde todas estas ayudas que le estoy comentando incluso se están viendo incrementadas con programas específicos en los que el Gobierno comparte y diseña el plan junto con las confederaciones empresariales, de tal manera que van de la mano y no inventan la rueda sin contar con el empresariado. Tienen claro que tienen que defender la industria, es la clave del bienestar en Euskadi. El bienestar social está apalancado en la industria. Las condiciones económicas (salariales) del sector industrial están por encima normalmente de otros sectores.

—Una sociedad de asalariados con sueldos de la industria es otra sociedad.

—Otro tipo de sociedad, sí. Es verdad que uno de las retos que tiene todavía la patronal es poner en valor la industria. La cara B es que el bienestar no creas que siempre ha redundado en una satisfacción generalizada. En Euskadi hay una acción sindical muy potente y una conflictividad laboral muy por encima de la media, teniendo en consideración el contexto económico y de bienestar que tienen. Y hay un nivel de absentismo muy importante. Está junto con Canarias en el «top one» de España. Así que también tienen ciertos retos: poner en valor al empresario y a la empresa, que veces se olvida a la ciudadanía que es la clave de lo que tienen. Porque cuando estás allí o te mueves, ves las diferencias territoriales en sanidad, en educación, en infraestructuras…

—Y además usted procede de una región donde, por el peso que tuvo la empresa pública, el empresario privado era una especie rara, casi inexistente.

—Una de las razones por las que yo estoy en Euskadi es porque cuando acabas la carrera dices: ¿y ahora qué? Veía muy complicado meter la cabeza en Asturias. Pero hubiera vuelto a Asturias encantada. Soy feliz en Asturias, es mi vitamina, tengo a toda mi familia aquí, directa y política. Pero lo veía muy complicado. Euskadi, además, está muy cerca de Santander y durante la carrera el 90% de los profesores eran de la escuela de ingenieros de Bilbao. Teníamos mucho input de Euskadi. Me dije: pues tiro para allá. Y dicho y hecho.

—No sé si se atreve a hacer una reflexión sobre cómo ha visto evolucionar Asturias desde que usted se fue a estudiar y a trabajar fuera.

—La verdad que no he seguido mucho el contexto económico y empresarial de Asturias. Al principio estaba muy vinculada, leía todos los días LA NUEVA ESPAÑA. Pero , pasados los años , perdí un poco el hilo. Yo veo ya Asturias como mi sitio de vacaciones, donde vengo a desconectar y no estoy muy enterada de cuál es el contexto. No me atrevería a decir.

—Al menos en el Occidente, desde Tapia, habrá notado el cambio en las comunicaciones.

—¡Sí! De aquella, para ir a Santander, cuando empecé a estudiar, eran siete horas y media de viaje. Las comunicaciones han mejorado mucho. Esta zona vive mucho del turismo. Tiene un valor: que Asturias está muy bien preservada. Desde el punto de vista del turismo, lo que oyes cuando estás fuera es que todo el mundo que conoce Asturias le parece de verdad un paraíso. Desde el punto de vista de la naturaleza, del entorno, de la gente, del coste… Hablamos del bienestar en Euskadi, pero también allí el coste de vida es más altito. Todo el mundo ve Asturias como un territorio muy amable. Amable, obviamente, no sé si tanto para vivir como para vacacionar, pero desde luego para vacacionar seguro.

—Es una buena reflexión porque a nosotros nos gustaría que, además de la visita turística, la gente viniera a quedarse y a poner aquí su negocio. Quizá esa parte no sé si la hemos conseguido.

—Hace muchos años tenía un jefe que siempre que viajaba contrataba guías turísticos y recuerdo que visitó Oviedo y vino escandalizado: le habían dado un porcentaje muy alto de funcionarios sobre la población. Venía escandalizado porque le parecía un problema a medio y largo plazo. Además, yo creo que Asturias tiene un problema de en la pirámide poblacional. El asunto del funcionario es algo que pasa en todos los sitios, también en Euskadi se está viendo que en las nuevas generaciones su ambición es ser funcionarios para vivir un poco más cómodo. Ya no hay tampoco en Euskadi el mismo nivel de emprendimiento. También ha caído.

—¿Como directiva ve un cambio de mentalidad entre su generación y los que ahora empiezan a trabajar? Los veinteañeros parece que el trabajo ya no es la prioridad en su proyecto de vida.

—No sólo el trabajo, sino incluso el esfuerzo. Ya no valoran el esfuerzo o porque ya no ven una correlación tan directa entre esfuerzo y resultado. Frente a esos imaginarios que dicen «Si no te esfuerzas, no llegas» y mi hijo me dice: «O no». Pero yo sigo creyendo que son los menos. Habrá gente que, efectivamente, con poco esfuerzo consigue el éxito, pero creo que en proporción y estadística todavía correlaciona. Las cosas no caen del cielo.

—¿Sigue creyendo que todavía funciona el ascensor social?

—Creo que sí. Estoy convencida de que importa la valentía y el atreverse. Una de las cosas que yo he hecho a lo largo de mi vida es estar casi siempre fuera de mi zona de confort. Cuando entras de vocal en una asociación, cuando te propones ser presidenta… Siempre hay que atreverse, todo el rato, todo el rato. Y hay veces que estás como un pulpo en un garaje, que estás aprendiendo de manera constante. Estar siempre fuera de la zona de confort te hace evolucionar y crecer. Por ejemplo, yo presenté mi tesis hace seis años y metida en esta vorágine.

—¿A lo largo de su carrera se sintió discrimina por ser mujer?

—A título individual no he tenido nunca ningún problema. Quizá yo he tenido más suerte que otras. Todavía queda mucho margen de mejora, pero las cosas van yendo. Más lento probablemente de lo que a muchas nos gustaría, pero se ven muchas más mujeres en puestos de responsabilidad. Creo que tiene que ver también con atreverse. Le diría que hay un pequeño problema que tenemos a algunas mujeres: las mujeres primero queremos saber hacerlo perfecto para luego hacerlo. Y yo siempre les digo: primero haz y luego ya veremos. Porque hay muchos hombres que se atreven sin saber. Pues nosotras también. No pasa nada. Nos vamos a equivocar y nos vamos a caer y algunas veces quedaremos en evidencia. No pasará nada, pero lo vamos a intentar. Yo prefiero equivocarme por hacer que por no hacer.

—¿Cómo está afectando el nuevo desorden internacional a la empresa vasca?

—Mi sector va un poquito con decalaje. Prestamos servicios a la industria, aunque seamos una industria por nosotros mismos. Si medimos el producto industrial en Euskadi, nuestra facturación va en paralelo. A medida que baja, nuestra facturación baja. Con un poco de decalaje, pero baja. Y la industria de Euskadi está muy expuesta, no sólo a temas como Ucrania y Rusia, en el pasado, luego a los aranceles de Trump. Se exporta mucho. Está muy internacionalizada. Hay sectores que pueden estar exportando el 60-70% de su producción. Hay algunas empresas que están pasándolo mal de verdad. Y cuando mi cliente lo pasa mal, al fondo del túnel estamos nosotros. Pero, de momento, vamos resistiendo. Tenemos un pull de clientes muy amplio, entonces que si te cae un cliente puede ser que otro no esté tan expuesto y que compense.

Fuente: lne.es

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