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08 Oct 2026
Noticias del sector

La transición ecológica sostiene ya el 2,47% del PIB vasco, según un estudio de Laboral Kutxa

En el plano laboral, este impacto se traduce en la existencia de 26.643 puestos de trabajo «estrictamente verdes” a los que podrán sumarse otros 3.000 en los próximos cuatro años si se cuenta con «proyectos reales, tecnología y capacidades técnicas».

La transición ecológica representa ya el 2,47% del Producto Interior Bruto de Euskadi y, lo que es más importante, lejos de ser un fenómeno exclusivo de nuevos nichos de mercado, casi la mitad de este valor proviene directamente de dos de los pilares tradicionales de la economía vasca: la industria y la construcción. Según el informe presentado este miércoles por Laboral Kutxa, entre ambos sectores suman casi la mitad de la contribución a la mejora medioambiental. “Cuando hablamos de economía o empleo verde, podemos caer en la tentación de imaginar un sector nuevo, separado del resto, pero en realidad ‘lo verde’ atraviesa la economía. No crea una economía paralela sino que transforma sectores que ya existen y, por tanto, afecta a los hogares, las empresas, la industria, el empleo y nuestra capacidad de mantener una base productiva competitiva”, han subrayado Ibon Urgoiti y Joseba Madariaga, directores respectivamente de Desarrollo de Negocio y el Departamento de Estudios de la entidad financiera.

En el plano laboral, este impacto se traduce en la existencia ya de 26.643 puestos de trabajo que, con “una medición conservadora vinculada a la producción directa de bienes y servicios ambientales”, podríamos denominar “estrictamente verdes”. Es decir, el 2,8% del mercado laboral vasco lo componen empleos creados para desarrollar trabajos directamente relacionados con la preservación del medio ambiente. Sin embargo, según el cálculo hecho por los expertos de la cooperativa de crédito, la base real podría ser mucho más amplia y llegar al 10,2% debido a la existencia de 104.236 empleos que se pueden considerar “potencialmente verdes” porque, si bien no tienen como objetivo principal el cuidado del entorno, sí poseen una alta capacidad de transformarse y adoptar prácticas sostenibles. “No se trata solo de cuántos nuevos puestos aparecen en empresas que podamos llamar verdes. Se trata también de cómo cambian tareas, perfiles, competencias e inversiones dentro de empresas que ya existen”, han matizado.

De hecho, es ahí donde se entiende que la industria y la construcción copen el 47% de la contribución a la mejora medioambiental. No son sectores nacidos por y para mejorar la sostenibilidad y no abarcan sólo la fabricación de componentes para explotar energías renovables o las obras de infraestructuras dedicadas a la generación de energía renovable, pero la digitalización y la automatización de los procesos, en una, y la rehabilitación de edificios para hacerlos más sostenibles o los nuevos materiales, en la otra, están permitiendo ahorrar tanto energía y materias primas como residuos. “La transición no consiste en cambiar una energía por otra. El reto es convertirla en competitividad, empleo de calidad y resiliencia energética. Si, además, la usamos mejor ganaremos eficiencia y reduciremos impactos ambientales y vulnerabilidad ante posibles shocks externos, y, en una economía como la vasca, con una base industrial importante pero con una dependencia energética del 90,1%, esa lectura económica es especialmente relevante”, han señalado haciendo especial hincapié en “la geopolítica”, “un factor que hace unos años no teníamos en cuenta y ahora genera una gran incertidumbre y ha venido para quedarse”.

De cara al futuro inmediato, el informe estima posible la creación de 2.969 empleos adicionales a esos 26.643 en los próximos cuatro años. Pero, ojo, “no es una promesa garantizada. Es una estimación condicionada que dependerá de las inversiones que hagamos, de que contemos con un marco regulatorio estable y de que nuestras empresas sean capaces de capturar parte de esa actividad y convertirla en valor añadido local. Ya no hablamos solo de poner más renovables. Hay que mejorar la eficiencia, adaptar el sistema energético -redes, almacenamiento y flexibilidad- y transformar procesos productivos, edificios y movilidad. Dicho de otra manera: la transición se concreta en proyectos reales, tecnología y capacidades técnicas”, han remarcado.

Y aquí han hecho mención a uno de los grandes problemas de las empresas, la captación de talento. “Junto al financiero, el otro cuello de botella de este proceso será el talento técnico. La transición exigirá nuevos perfiles especializados en formación profesional, ingeniería, análisis de datos, eficiencia energética y mantenimiento. El reto fundamental no radica solo en formar a las nuevas generaciones -han insistido Urgoiti y Madariaga-, sino en impulsar la formación a lo largo de la vida para acompañar a los trabajadores en activo, mitigando los posibles desajustes sectoriales y territoriales para asegurar que el proceso sea justo e inclusivo”.

Por otra parte, el análisis también estudia la evolución de las “tres dimensiones clave del avance de la transición medioambiental”: cuánto consumimos, qué emisiones generamos y cómo gestionamos los residuos. Así, en el primero de ellos, observa una mejora que, aunque aún dista mucho de los objetivos planteados para Europa en 2030, sí resulta relevante (y además es superior a la reducción observada en la UE-27) al constatar que el consumo energético en Euskadi se ha reducido un 10,2% con respecto al promedio de 2010-2012.

En el segundo aspecto, el relativo a los gases de efecto invernadero, el informe evidencia una tendencia general descendente, empañada por el crecimiento de las emisiones del transporte, que han aumentado un 9,1% desde 2005. Finalmente, en cuanto a los residuos, la tasa de reciclaje y compostaje alcanza el 50,3%, prácticamente en línea con la media europea, que se sitúa en el 50,1%, y por encima de España, que está en el 41,4%. “Consumimos menos energía, reducimos emisiones en muchos ámbitos y gestionamos mejor parte de los residuos. Pero el progreso es desigual, los objetivos siguen lejos. La transición avanza, pero necesita más ritmo», han advertido.

Fuente: Expansión

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