Objetivo 2030: ocho años vitales para cambiar el modelo económico

Posted by aclimaadmin | junio 9, 2022 | Noticias del Sector

España ha diseñado una ambiciosa estrategia para reducir el uso de materias primas y los residuos generados. Esta implica a administraciones y al conjunto del tejido empresarial

Hacer, tomar y desechar. Este ha sido el esquema básico en el que se ha basado el modelo económico lineal que ha seguido Occidente. Pero el tiempo ha demostrado que no funciona, ni siquiera a corto plazo. Esto, sumado a todo lo sucedido recientemente, ha hecho que incluso las grandes potencias que han explotado este sistema de producción y consumo masivo den un vuelco a sus políticas y apuesten por la circularidad y el aprovechamiento de recursos.

Gobiernos y organizaciones internacionales tienen claro, al menos sobre el papel, que esta década es clave para fomentar desde la legislación el cuidado del planeta. Y es que 2030 se ha fijado como la primera fecha clave (2050 será la siguiente) para la consecución de las metas fijadas. Ese año, la ONU espera que se hayan cumplido los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) acordados en 2015. Y también será el momento en el que la UE estima que su Plan de Acción de Economía Circular comience a mostrar sus primeros frutos, sumando al PIB comunitario un 0,5% adicional y creando 700.000 nuevos puestos de trabajo.

En consonancia con estas dos grandes iniciativas internacionales, España cuenta también con su propia estrategia: España Circular 2030Esta hoja de ruta se ha visto acompañada de diversos planes de acción que marcan objetivos para cada trienio de esta década y que persiguen una única meta: llegar a 2030 con los deberes hechos.

«La principal razón por la que se separó la estrategia de los planes de acción fue que no es algo que implique solo al Gobierno central. La idea es que sea una estrategia que se ponga en marcha a través de la cooperación público-privada y cuente también con la colaboración del resto de administraciones y empresas», explica José Ignacio Cases, presidente y socio de Novadays, consultora que colaboró en la creación de la citada estrategia española.

Esta colaboración entre organizaciones públicas y privadas es precisamente uno de los elementos claves de la estrategia fijada por el Gobierno. Pero también implica, tal como remarca Cases, una «transformación profunda» del camino realizado hasta ahora, que exige un trabajo conjunto de administraciones, empresas y resto de organizaciones sociales.

Así, para cada objetivo marcado hay un eje de acción específico que cuenta con su propia partida económica. Además, la estrategia se creó antes de la aprobación del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, por lo que al presupuesto inicial habrá que sumarle las ayudas fijadas en el PERTE de Economía Circular, que alcanzan los 492 millones de euros, así como los otros 1.200 millones de euros de inversión que aspira a movilizar de aquí a 2026.

«Entre los principales objetivos se encuentran los de reducir en un 30% el consumo de materias primas y en un 15% la generación de residuos, incrementar la reutilización de los desechos municipales hasta llegar al 10%, mejorar en un 10% la eficiencia del agua o reducir la emisión de gases de efecto invernadero», agrega Cases.

Generador de empleo

La estrategia España Circular 2030, acompañada de los respectivos planes diseñados por cada comunidad autónoma y las medidas que se adopten desde el tejido empresarial, no solo tendrán consecuencias palpables a nivel medioambiental, sino también económico. Desde el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico estiman que al finalizar la década se habrán creado alrededor de 70.000 puestos de trabajo relacionados con la economía circular (el 10% de todos los previstos para el conjunto de la UE). Y tanto en la generación de empleo como en el grueso de la estrategia, el reciclaje será uno de los pilares fundamentales.

«El papel del reciclaje es tan importante que sin el trabajo desarrollado por el sector recuperador hoy no podríamos ni siquiera soñar con ese modelo circular, basado en el máximo aprovechamiento de los escasos recursos naturales disponibles», subraya Ion Olaeta, presidente de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER). Y añade: «Estamos en un momento clave para decidir si España liderará esa nueva economía o nos situaremos en el vagón de cola, con las implicaciones y consecuencias que ello podría tener».

Olaeta señala también a la ciudadanía como un actor clave en la gestión de un sistema de reciclaje eficaz. Pero para que el conjunto de la población ponga su granito de arena y su labor sea relevante, necesitan tener a su alcance los medios necesarios, algo que no siempre ocurre. Según señala una encuesta realizada por el programa de educación ambiental Cada lata cuenta, el 72% de los españoles considera que es complicado encontrar contenedores en las calles y el 58% se muestra a favor de poner en marcha iniciativas para aumentar las tasas de reciclaje.

Este último dato refleja que el nivel de concienciación de los ciudadanos es cada vez mayor, algo que a su vez corroboran otras estadísticas. El instituto Catchment realizó para Ecoembes un estudio que se publicó el pasado 17 de mayo, Día Mundial del Reciclaje. Según los datos obtenidos, el 82,9% de los españoles encuestados declara tener, de media, tres cubos, bolsas o espacios en casa para reciclar. Esta cifra contrasta con la registrada en 2015, cuando solo separaban sus residuos un 72,5% de los españoles.

El mismo estudio indica que cada ciudadano depositó de media 18,8 kilos de residuos en los contenedores amarillos de plástico y 19,3 kilos de papel y cartón en los azules. En cuanto al vidrio, la recogida selectiva de envases creció un 5% y ya se sitúa en niveles prepandemia, según datos de Ecovidrio. Esto supone que cada ciudadano depositó 19 kilos de media en los contenedores verdes.

El del vidrio es uno de los casos que mejor representa lo que supone el reciclaje para la circularidad. No en vano, se trata de un material clave para avanzar en términos descarbonización. «El uso de vidrio reciclado ya supone un ahorro del 53% de las emisiones de CO2 asociadas a los procesos de fabricación de nuevos envases», explica Beatriz Egido, directora de Comunicación y Responsabilidad Social Corporativa de Ecovidrio.

Además, añade, «teniendo en cuenta el aumento de los precios de la energía, es necesario recordar que el uso de calcín (pequeños trozos de cristal reciclados) por parte de los hornos vidrieros requiere menor temperatura de fusión y permite ahorrar un 38% de energía en todo el proceso».

La nota discordante, en cambio, la pone la industria textil. El de la moda es uno de los sectores que más produce en relación al consumo final y sin embargo la gestión del reciclaje de prendas tiene todavía muchas lagunas. Un estudio publicado justo hace un año por Moda re-, una iniciativa textil de Cáritas España dedicada a la gestión integral de ropa usada, señala que, de las 890.244 toneladas de residuos textiles que se generan en España, solo 108.296 son recogidas de forma selectiva para su reutilización. A esto hay que sumarle que solo un 1% son recicladas en ciclo cerrado y vuelven a tener el mismo uso o uno similar.

Otra de las posibilidades que ofrece la valorización de residuos es su transformación en energía. Todo lo que no se puede aprovechar en las plantas de reciclaje para crear nuevos materiales, lo que se conoce como rechazo, es utilizado por empresas como Urbaser (compañía internacional de gestión medioambiental) para generar energía en forma de electricidad o calor: la primera se entrega a la red eléctrica, mientras que el calor se usa para los sistemas de calefacción de las casas. Y similar es el proceso realizado con el lodo que se genera en las depuradoras de aguas residuales.

Solución energética

«Aunque depende del tipo de desecho, puede estimarse que se necesitan alrededor de 1.400 kilos de residuos domésticos para generar un megavatio-hora de electricidad», explican desde Urbaser.

La transformación de residuos en energía es especialmente relevante en un contexto como el actual. Bien es cierto, como argumentan desde Urbaser, que «la valorarización energética no puede por sí sola resolver la actual crisis de precios de la energía», derivada de la dependencia exterior, pero sí que puede ser parte de la solución. «Contamos con el residuo y con la tecnología limpia para convertirlo en energía y podemos aprovecharla. En países como Suecia, Dinamarca o Países Bajos no se deposita en vertedero prácticamente ninguna tonelada de residuo doméstico que haya podido ser valorizada energéticamente».

En esta misma línea apuntan también los esfuerzos en términos de circularidad de otras grandes compañías. Naturgy, por ejemplo, es la primera empresa española que inyecta en la red de distribución el gas renovable (biometano e hidrógeno) que se obtiene del rechazo. La iniciativa se llama Proyecto Elena en honor al vertedero del que se obtiene. Se estima que la planta de Naturgy, situada en Cerdanyola del Vallès (Barcelona), produce alrededor de 12 gigavatios al año, lo que equivale al consumo de alrededor de 3.200 hogares.

Otra energética como Engie también está trabajando en introducir la circularidad en sus propios procesos productivos, además de facilitar que otras empresas hagan lo mismo. Esta compañía apuesta por la valorización energética de sus procesos industriales, promueve los gases renovables e impulsa el uso de biomasa.

Esta fuente de energía neutra en emisiones sirve para producir biometano, un gas muy útil para las industrias más difíciles de electrificar. Además, la empresa aboga por la producción de proximidad en explotaciones forestales sostenibles, por lo que a su favorable impacto ambiental hay que sumar, también, la creación de empleo y riqueza en el medio agrario. En España, Engie ya ha introducido redes de calor alimentadas con este combustible en ciudades como Barcelona, Palencia o Pamplona.

Fuente: Expansión

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