Las consecuencias de la crisis climática que conlleva el aumento global de las temperaturas son cada día más patentes. Europa es un territorio en particular riesgo, ya que desde los años 80 se calienta dos veces más rápido que otras regiones del mundo. Ante esta situación, la Agencia Europea de Medio Ambiente ha publicado recientemente su primera Evaluación Europea de Riesgos Climáticos en la que identifica 36 peligros importantes para el continente y hace un llamamiento a las autoridades europeas para que intensifiquen el despliegue de medidas que incrementen la resiliencia del territorio ante el cambio climático.

La Evaluación Europea de Riesgos Climáticos (EUCRA) de AEMA se basa tanto en los datos obtenidos por la propia agencia como en los aparecidos en otros informes del IPCC, del Servicio de Cambio Climático Copernicus (C3S) y del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (JRC), así como en los resultados de proyectos de investigación y de las evaluaciones nacionales de riesgos climáticos. También se alinea con las recomendaciones de la Declaración de Lieja, en la que setenta organizaciones, autoridades locales y ONG medioambientales pidieron a la UE que acelere la aplicación de políticas de adaptación al cambio climático.
Sus conclusiones no son positivas, ya que, a pesar de subrayar que en los últimos años se han producido avances en la preparación de la sociedad europea ante los riesgos climáticos, estos no son suficientes. De hecho, AEMA considera que la aplicación de políticas climáticas y medidas preventivas en Europa no están en sintonía con el rápido aumento de los niveles de riesgo, que en muchos casos alcanzan un estado crítico y pueden empeorar en el futuro de no adoptar medidas urgentes y decididas. En definitiva, AEMA concluye que Europa se enfrenta a riesgos climáticos urgentes que crecen más rápido que la preparación para responder ante ellos. Esta primera Evaluación Europea de Riesgos Climáticos tiene por objetivo identificar las prioridades políticas para la adaptación al cambio climático, así como aquellos sectores y territorios más sensibles a sus consecuencias.
Riesgos climáticos
La sucesión de fenómenos climáticos extremos en el continente ha seguido una línea ascendente en los últimos años, con inundaciones, incendios forestales, olas de calor y períodos de sequía prolongados e intensos. En la evaluación se detallan 36 riesgos climáticos importantes que afectan a cinco áreas: ecosistemas, alimentación, salud, infraestructura, economía y finanzas. AEMA piensa que más de la mitad de estos requieren medidas adicionales, y ocho necesitan una respuesta urgente. Si bien entre 1980 y 2022 las pérdidas estimadas por el conjunto de eventos climáticos extremos alcanzan los 650.000 millones de euros, la agencia europea predice que en el futuro podrían ser aún mayores.
Además, sus consecuencias afectan a múltiples ámbitos. Las sequías y olas de calor impactan en las cosechas y el suministro de agua potable, además de incrementar las afecciones en la salud de las personas, sobre todo en los grupos vulnerables como ancianos, niños y enfermos. Las inundaciones afectan a las infraestructuras urbanas, redes eléctricas, servicios de transporte y suministros energéticos. Los incendios forestales deterioran la biodiversidad etc.
AEMA evalúa negativamente la resiliencia del continente, ya que considera que las actuales políticas y medidas de adaptación no están preparadas para dar una respuesta eficaz y rápida a los crecientes riesgos medioambientales. A pesar de que las medidas actuales son progresivas, su escalado es más lento que el crecimiento de los riesgos ambientales, por lo que puede resultar necesario actuar con urgencia incluso frente a riesgos que todavía no son críticos. Aunque reconoce que se ha mejorado en la monitorización de los riesgos climáticos, la agencia alerta de que Europa carece de una estrategia de respuesta coordinada y apunta la necesidad de apostar por medidas innovadoras como las Soluciones Basadas en la Naturaleza.
Un riesgo compartido
A pesar de que ciertas regiones europeas están sufriendo en mayor medida las consecuencias del calentamiento global, los riesgos climáticos son comunes y compartidos por todos los países de la UE. Por ejemplo, un reciente informe del Swiss Re Institute que analiza dónde es más probable que se intensifiquen los peligros ambientales coloca a Austria en el cuarto puesto entre 36 países en cuanto a probabilidad de pérdidas económicas anuales. Por eso AEMA cree imprescindible que las autoridades europeas y las de los Estados miembros aúnen esfuerzos e involucren a los niveles local y regional en la coordinación e implementación de planes de acción de emergencia.
Como sabemos, el sur de Europa sufre particularmente los efectos del calentamiento global, con incendios forestales recurrentes, olas de calor, escasez de agua y, en general, sequía. Pero también las regiones costeras, sobre todo las que se encuentran a menor altitud, están sometidas a otros graves problemas, como las inundaciones, la erosión o la intrusión salina.
La sequía es uno de los principales riesgos climáticos que padece Europa, por eso la Comisión Europea ha puesto en marcha el Observatorio Europeo de la Sequía para la Resiliencia y la Adaptación (EDORA), cuyo objetivo es mejorar la resiliencia y la adaptación a la sequía en toda la UE. Y es que aproximadamente el 30% de la población del sur de Europa vive en zonas con estrés hídrico permanente, y el 70% durante el verano. La sequía prolongada pone en riesgo la seguridad alimentaria y el suministro de agua potable, así como dificulta la producción eléctrica, ya que en los países del sur la energía hidroeléctrica tiene gran presencia.
Reacción de la Comisión Europea
La Comisión Europea ha publicado hace unos días una comunicación en respuesta a la Evaluación Europea de Riesgos Climáticos de AEMA. En ella se recogen medidas para para adelantarse, comprender y abordar mejor los crecientes riesgos climáticos y mejorar, de esta forma, la resiliencia del continente. La CE explicita cuatro categorías principales de acción:
–Cooperación: se pide a los Estados miembros una colaboración más estrecha en materia de resiliencia climática entre los niveles nacional, regional y local para garantizar que los recursos estén disponibles donde sean más eficaces.
–Visión a largo plazo: es necesario entender mejor las relaciones entre los riesgos climáticos, la inversión y las estrategias de financiación a largo plazo.
–Integración estructural: se aboga por incorporar los riesgos climáticos en la planificación y el mantenimiento de infraestructuras críticas, y vincular mecanismos de solidaridad con medidas nacionales de resiliencia adecuadas.
–Financiación: se aboga por incorporar partidas sobre riesgo climático en los presupuestos nacionales, así como integrarlo en la implementación de los programas y actividades de la UE. También se pide a los Estados miembros que tengan en cuenta los riesgos climáticos al incluir criterios de sostenibilidad medioambiental en las licitaciones públicas.
La UE cuenta con una Estrategia de Adaptación al Cambio Climático desde 2013. La Comisión publicó la evaluación de la Estrategia en noviembre de 2018 en la que concluía que Europa continuaba siendo vulnerable a los efectos del cambio climático y que eran necesarias nuevas medidas. Por ello, en 2021 se lanzó la segunda Estrategia de Adaptación al Cambio Climático de la Unión Europea, que persigue complementar las distintas actuaciones para mitigar el cambio climático en el continente, además de apoyar que la neutralidad en emisiones europea en 2050 esté acompañada de la resiliencia climática.