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04 Jun 2026
Blog Aclima

Día Mundial del Medio Ambiente: #NowForClimate, la economía circular como palanca para la reducción de emisiones

El 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, que este año tiene por lema #NowForClimate y se centra en las consecuencias de la crisis climática. El calentamiento global sigue en aumento y 2024 fue el año más cálido jamás registrado, pero aún estamos a tiempo de frenar su crecimiento si combinamos la investigación científica con las soluciones tecnológicas que ya se están aplicando y con el esfuerzo de todas las partes. Hay datos para la esperanza, como el compromiso de la UE de reducir sus emisiones de CO2 en un 90% para 2040 o el logro alcanzado en 2025, cuando las energías renovables superaron por primera vez en la historia al carbón como la principal fuente mundial de electricidad. El esfuerzo merece la pena si tenemos en cuenta que los expertos afirman que cada dólar invertido en resiliencia climática puede generar más de 10 dólares en beneficios netos. La campaña de Naciones Unidas para #WorldEnvironmentDay 2026 pone el foco en esas “señales” y hace un llamamiento a la implicación de toda la sociedad; #NowForClimate.

El Acuerdo de París en 2015 estableció el umbral de seguridad climática en un aumento de 1,5ºC respecto a los niveles preindustriales, pero a pesar de las iniciativas puestas en marcha, 2024 fue el primer año natural en superar esa barrera y hay estudios que alertan de que el planeta se calienta a un ritmo de 0,20ºC por década. El principal problema son las emisiones de gases de efecto invernadero, que a pesar de los compromisos alcanzados siguen en aumento, con 2024 como el año que ostenta el récord global de emisiones de GEI. Los científicos avisan de que si se mantiene el escenario actual el mundo se encamina a un aumento de temperatura de 2,8ºC durante este siglo con las políticas actuales. Además, las consecuencias del calentamiento global son cada vez más visibles, y los fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes e intensos.

El momento de actuar es ahora, ya que las proyecciones son preocupantes. La OCDE estima que la demanda mundial de agua podría aumentar en torno a un 55% para 2050, intensificando la proporción de población global sufriendo estrés hídrico. En paralelo, el impacto en la economía será también considerable, el informe Parasol Lost, elaborado entre otros por la Universidad de Exeter alerta que los impactos del cambio climático se están adelantando y esto puede conllevar un colapso para la economía mundial en 2050, con pérdidas económicas que podrían superar los dos billones de dólares. Lo cierto es que las proyecciones actuales estiman una caída media de casi el 3% del PIB mundial, pudiendo llegar hasta un 20% en las regiones más vulnerables si el calentamiento global supera los 2ºC. Otros estudios hablan de una reducción del 19% en los ingresos mundiales para 2050, con un coste anual estimado de 38 billones de dólares en daños. Pero no solo es eso, el Banco Mundial estima que para el año 2050 los impactos del cambio climático pueden provocar el desplazamiento de más de 140 millones de personas, tan solo en África, Asia meridional y América Latina.

Los efectos del cambio climático están aumentando, pero también las soluciones, en una carrera sin tregua por perfeccionar la respuesta que el planeta puede ofrecer ante la crisis climática.

 Soluciones eficaces

Como vemos, la principal causa del cambio climático es el aumento de las emisiones de GEI, por eso el ejemplo de Europa es tan importante. Su compromiso de alcanzar la neutralidad climática en 2050 se ha visto reforzado con el objetivo legal de reducir sus emisiones netas un 90% en 2040. Además, se estima que las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) presentadas en la COP30 celebrada en 2025 reducirán las emisiones globales en un 12% en 2035.

Por su parte, las energías limpias se están expandiendo rápidamente, y en 2025 alcanzaron el 33,8% de la generación eléctrica global, frente al 33% del carbón. Este avance es una señal de que la transición energética puede cubrir el aumento de la demanda, pero no elimina otros retos; redes, almacenamiento, eficiencia y, cada vez más, el fin de vida de nuevas infraestructuras (paneles, baterías o aerogeneradores), donde la valorización y la recuperación de materias primas serán decisivas.

Economía Circular y Soluciones Basadas en la Naturaleza

Más allá de la energía, una parte sustancial de las emisiones está asociada a cómo extraemos, transformamos y consumimos materiales. En este sentido, la economía circular se consolida como una palanca climática y de competitividad. Aplicar prácticas circulares en las cadenas de valor puede reducir hasta un 33% las emisiones globales de gases de efecto invernadero, según análisis publicados por la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Por otro lado, las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) y las acciones de renaturalización son cada vez más empleadas y están logrando resultados destacables. Hoy en día más de la mitad de la población del planeta reside en ciudades y las proyecciones son que en 2030 ese porcentaje alcanzará el 60% para situarse más del 70% para 2050.  Un estudio del World Economic Forum afirma que más del 70% de las 576 zonas urbanas más grandes del mundo sufren un riesgo alto por razones que incluyen el calor excesivo, y el 80% se enfrentan a fenómenos climáticos extremos. Ante esto, las SBN pueden ser un puntal de la resiliencia climática urbana empleando procesos y sistemas naturales para mejorar la gestión del agua, la calidad del aire o reducir el calentamiento. Por ello, las soluciones medioambientales serán cada vez más necesarias en las ciudades, que por su densidad poblacional están llamadas a ser un agente imprescindible en la acción climática.

Soluciones como la infraestructura verde y la naturaleza urbana pueden refrescar el entorno urbano entre 2 C y 4°C y reducir las inundaciones, gracias a que las plantas liberan vapor de agua, actuando como aires acondicionados naturales, además de proyectar sombra que evita que el asfalto y el hormigón absorban y acumulen calor.

Las áreas verdes y los suelos vivos también funcionan como esponjas climáticas, permitiendo que el agua penetre en los acuíferos en lugar de desbordar el alcantarillado, y frenan la velocidad de escorrentía del agua, reduciendo el peligro de los torrentes y las corrientes vivas.

Los ecosistemas naturales absorben CO2 y regulan el agua, por lo que el papel de los bosques, los océanos, los humedales y los suelos es fundamental para mitigar el cambio climático, siendo sumideros de carbono naturales. Además, se calcula que los bosques y las masas forestales ahorran a los sistemas de salud cerca de 2.000 millones de dólares anuales en el tratamiento de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, debido a la contaminación que absorben. Asimismo, garantizan los rendimientos agrícolas necesarios para cubrir las necesidades nutricionales de diez millones de personas cada año y permiten evitar hasta 81.000 millones de dólares en pérdidas económicas anuales causadas por catástrofes.

Otras soluciones exitosas demostradas son aplicar la sostenibilidad a los edificios, ya que aumenta su resiliencia y reduce el consumo de energía, o aumentar las tasas de reciclaje, puesto que según se demuestra en diversos estudios existe una relación directa entre el incremento del reciclaje y la reducción de las emisiones de CO2.

Impacto económico

La acción climática está impulsando el crecimiento económico, el empleo y la inversión. La transición hacia un modelo circular y sostenible crea empleo, genera nuevos nichos de mercado y oportunidades para las empresas, además de ofrecer ventajas en materia de resiliencia.

Así, un estudio del World Resources Institute (WRI) revela que cada dólar invertido en resiliencia puede generar más de 10 dólares en beneficios netos y evitar pérdidas futuras. Esto se traduce en un potencial de retorno de más de 1,4 billones de dólares, con una rentabilidad media del 27%. De igual forma, una investigación de la Comisión Global de Adaptación afirma que la inversión de 1,8 billones de dólares en resiliencia climática podría generar beneficios netos de 7,1 billones.

Y es que las innovaciones tecnológicas orientadas a preparar a las sociedades para la adaptación climática constituyen un mercado en auge con cada vez mayores inversiones y competencia, y los efectos de la transición ecológica ya pueden notarse en el mercado laboral, puesto que los ámbitos relacionados con la sostenibilidad son un motor de empleo emergente

Euskadi: una oportunidad para acelerar la acción climática con base industrial

En Euskadi, el Inventario de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero 2024 refleja una reducción del 38% de las emisiones desde 2005. Este contexto refuerza la urgencia de acelerar medidas que ya están en marcha y, a la vez, abre una oportunidad para consolidar un tejido industrial innovador en torno a la economía circular y la valorización de residuos, capaz de aportar competitividad, resiliencia y descarbonización a las cadenas de valor. En esa lógica, el sector medioambiental, y el ecosistema representado por Aclima, actúa como habilitador de soluciones; prevención y gestión del fin de vida, recuperación de materias primas secundarias, eficiencia de recursos, adaptación y resiliencia territorial.

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