Alberto Granados es presidente de Forética, la organización empresarial de referencia en sostenibilidad en España, que representa al World Business Council for Sustainable Development, además de participar en el Consejo Empresarial Español para el Desarrollo Sostenible junto con otros más de cuarenta consejeros delegados. En los últimos años, Granados se ha convertido en una voz muy relevante a la hora de hablar de los retos de sostenibilidad como el agua, la conservación de los ecosistemas o la descarbonización con datos científicos y enfoque de negocio.
Granados fue también gerente general de Microsoft en España y máximo responsable de la tecnológica en Europa, Oriente Medio y Asia, puesto que le ha permitido ser una voz autorizada en torno a la explosión de la inteligencia artificial (IA) generativa y sus múltiples aplicaciones en la empresa y los negocios. Sostiene que la sostenibilidad y la IA comparten un mismo desafío: dejar de ser relato y convertirse en palanca directa de competitividad. El experto analiza el momento de la IA en España, el papel de las pymes y el nuevo liderazgo que exige la era algorítmica.
Pregunta: El 33% de las pymes reconoce que no sabe por dónde empezar con la IA. ¿Cuál es el primer paso?
Respuesta: Empieza definiendo el problema que quieres resolver. Hemos cometido un error básico, que los anglosajones llaman fear of missing out (miedo a quedarse fuera): muchos han empezado a hacer pilotos, pruebas de concepto, sin medir ningún impacto. Hace poco un informe del Massachusetts Institute of Technology (MIT) decía que sólo un 5% de las compañías que habían desplegado IA habían sido capaces de medir su impacto en la cuenta de resultados. El primer consejo es definir con precisión qué quieres solucionar. ¿Retención de clientes? ¿Rupturas de stock? ¿Experiencia omnicanal? ¿Fidelización? La IA es una solución en busca de un problema. La clave es encontrar el caso de uso y empezar ahí. Luego integrar progresivamente. No aplicar en todo a la vez, pero tampoco posponerlo, porque perderías ventaja competitiva.
P.: ¿Qué pasa si una empresa decide esperar?
R.: Es el peor error estratégico. No lo puedes dejar. Y a la vez, sería un error aplicarlo en todas las áreas de golpe. Esto es un mecanismo de aprendizaje. Recomiendo una matriz simple: en horizontal el coste del error (de menor a mayor) y en vertical cuál es el conocimiento que tienes de datos explícitos o tácitos (de menor a mayor también). En el cuadrante de bajo riesgo y conocimiento alto es ridículo no aplicar IA. Yo los llamo los casos de no arrepentimiento. Por ejemplo, consolidar información de proveedores para reportes de sostenibilidad. No tiene sentido hacerlo manualmente. En decisiones estratégicas de alto impacto y alto riesgo, la IA puede aportar escenarios, pero la decisión final siempre es humana. No puedes confiar la estrategia de tu negocio para los próximos tres años a la IA. Lo importante es encontrar los casos de uso y luego iterar.
P.: El problema de las pymes es que tienen todo el foco puesto en la operativa y el día a día. ¿Cómo sacarlas de la parálisis?
R.: Las grandes tienen que ayudar a las pequeñas. El modelo en el que muchas grandes compañías ayuden a las pymes es clave para que la industria española avance. La clave de la sostenibilidad es el Scope 3, las emisiones indirectas a través de los proveedores. Ahí es donde la grande tiene que ayudar a la pequeña a implementar sistemas de IA que le faciliten el trabajo.
P.: España está muy bien posicionada en adopción, pero no tanto en producción de tecnología. ¿Cómo lo interpreta?
R.: Cuando estaba en Microsoft publicamos un estudio que decía que España está en sexta posición en el mundo en el índice de adopción de IA, con un 39,7% de los adultos. Estamos justo por detrás de Emiratos Árabes, Singapur, Noruega, Irlanda y Francia. Y por encima de Reino Unido, que tiene un 36,4%, o Estados Unidos, que está en un 26,3%. En adopción entre consumidores estamos entre los primeros del mundo. Esto es diferente a la innovación o producción de modelos de lenguaje. Ahí dominan Estados Unidos y China (que ha escogido un modelo abierto), y en Europa destaca Francia con Mistral AI. España está liderando en adopción porque tenemos un nivel muy alto de digitalización y una red de comunicaciones muy buena. Por eso la gente lo está usando como consumidor. Sin embargo, está a la cola en producción de IA, por eso debería competir en talento y en regulación eficiente, no en centros de datos o inversión masiva en GPU. Ser capaces de tener una IA regulada, efectiva, pragmática y tener los recursos formados, capaces de desarrollar soluciones industriales exportables es la clave. Las compañías españolas están adoptando IA de forma muy avanzada en finanzas, en moda, en distribución o logística.
P.: ¿Qué empresa española está marcando el camino?
R.: Inditex es un ejemplo claro. Ha integrado la IA como parte troncal del negocio. No es un departamento aparte: los equipos de negocio demandan soluciones. Ese modelo de gobierno es diferencial. También veo casos muy avanzados en infraestructuras como Ferrovial, donde usan agentes para optimizar proyectos complejos y preservar conocimiento experto.
P.: Ha hablado de preservar conocimiento. ¿La IA puede evitar que se pierda el capital intelectual?
R.: Absolutamente. El mayor capital de una empresa no serán solo sus activos físicos, sino su conocimiento entrenado en sistemas de IA. Puedes capturar la experiencia de décadas (en diseño, compras o logística) y convertirla en agentes que acompañen al equipo. Veo un futuro muy cercano, en un entorno tan competitivo como la moda, el que mejor servicio al cliente ofrezca y que cree mayor fidelización, será quien mejor sepa utilizar la inteligencia artificial aprovechando su experiencia. Romper la barrera humano-IA y conseguir que uno retroalimente a otro. Ya no son equipos de seis personas, sino de seis más uno o seis más tres, con agentes de IA especializados. No sustituyen, amplifican. En el arte se está usando la IA no para sustituir la creatividad, sino para inspirarla. Para llevarla más allá de los límites.
P.: ¿La IA permitirá al directivo a tomar decisiones más basadas en datos?
R.: Rompo dos mitos. Primero: no es tecnología solo para jóvenes. En estudios que realizamos sobre adopción de IA en empresas de diferente tamaño en España nos dimos cuenta de que los mayores de 50 la usan con enorme eficacia porque saben preguntar y filtrar ruido, cuestionar incluso las respuestas. Segundo: hay que dejar de hablar de la IA y empezar a utilizarla. El directivo tiene que empezar a jugar con ella y ahí se puede apoyar en su director de IT. La IA es una herramienta para no estar solo: le puedes pedir que se haga pasar por una persona y que opine sobre tu trabajo y el trabajo de tu equipo. Yo ya no trabajo solo, tengo varios agentes especializados: financiero, creativo, ocio, psicológico… Pero el primer y el último borrador siempre son míos. Nunca presentes algo generado íntegramente por IA. Es un principio ético.
P.: Le he escuchado afirmar que la IA es un cambio cultural.
R.: Totalmente. La IA es un cambio epistemológico, es un cambio en la forma de pensar. Similar a lo que ocurrió en el Renacimiento: la gente tuvo que replantearse la forma de pensar que tenían. Tienes que volver a ser un niño, jugar, sabiendo que la herramienta no es perfecta, pero seguir probando. Esa mente del principiante la ves en seguida por la forma que tiene un CEO de relacionarse con la IA. No es una adopción tecnológica, es una adopción cultural. La tecnología es una commodity ya, cualquiera la puede aplicar.
P.: ¿Por qué hay tanto miedo a decir que usas la IA?
R.: Más del 75% de empleados ya la usa, pero el 80% de estas personas no lo dicen: es lo que llamamos shadow AI. Si la empresa no la habilita, se usa por la puerta de atrás, lo que puede generar graves problemas de seguridad. Las compañías que triunfan lanzan un mensaje claro: bienvenidos a la era de la IA. Forman, comunican y eliminan el miedo. El liderazgo cambia: menos control, más espíritu crítico, curiosidad y colaboración.
P.: ¿Cómo va a transformar la IA un entorno tan creativo como la moda?
R.: El World Economic Forum lanzó a finales de 2025 un estudio que decía que más del 44% de las habilidades que se habían utilizado hasta el momento iban a cambiar con la llegada de la IA. Si aplicamos esto al modelo de liderazgo, también va a cambiar de forma brutal. Ahora necesitas mánagers que impulsen que la gente tenga pensamiento creativo, analítico, espíritu de crítica, curiosidad, empatía, que escuchen activamente… La mentalidad de “yo lo sé todo” tiene que pasar a “quiero aprenderlo todo”. Tenemos que implementar modelos que premien esas nuevas habilidades: la creatividad, el apoyo a los compañeros, etc.
P.: La moda vive cierto cansancio con la sostenibilidad. ¿Cómo reavivar esa llama?
R.: Estamos viviendo un momento geopolítico retador, con la administración Trump, donde la sostenibilidad no importa. Por otro lado, tienes a China que está avanzando en renovables de forma brutal. Y en medio tenemos Europa con una sobrerregulación, pero que ahora está viviendo una fase de relajación regulatoria. Cuando la sostenibilidad ha pasado de ser un relato a ser parte de tu cadena de valor, cuando la sostenibilidad está en la cuenta de resultados y tu propuesta de valor, funciona. Es eficiencia empresarial: optimizar energía, materiales, procesos. En tecnología lo hemos vivido con los centros de datos: eficiencia energética, refrigeración sin consumo de agua, renovables, circularidad de componentes… Sostenibilidad es eficiencia empresarial, es competitividad. El lujo es no hacerlo. Y el usuario no ha dejado de demandar sostenibilidad, lo que no quiere es pose. Sino aplicación real. Y ahora que hemos conseguido un nivel de concienciación tan grande, no tendría sentido retroceder. Hay que huir del sensacionalismo.
P.: ¿Están las empresas calibrando bien el riesgo en ciberseguridad?
R.: La ciberseguridad es clave uses o no IA. Pero no puedes adoptar IA sin ella: tus datos tienen que estar salvaguardados. Debes trabajar con proveedores que garanticen que el espacio que estás utilizando con los modelos de lenguaje y razonamiento es tuyo, garantizado de forma contractual y técnica. Pero también entender que la IA es una herramienta defensiva: los atacantes la usan y las empresas deben usarla para anticipar vulnerabilidades. Ya existe la certificación ISO 42001 para casos de uso de IA. Además, el riesgo no es solo robo de datos, sino sesgo o discriminación. Hoy puedes usar algoritmos para auditar algoritmos.
P.: ¿Prohibir el acceso a redes sociales es la solución con los menores?
R.: Creo que tiene que haber mecanismos de control, pero no sé si la prohibición es la solución. Los padres deben poder saber en todo momento cómo están interaccionando sus hijos con las redes. Creo más en educación que en prohibición. Volvemos de nuevo al ejemplo de la IA, los países más avanzados la integran en el sistema educativo y miden el pensamiento crítico, no la memorización. Prohibir puede generar efecto rebote. Educar en uso responsable es más eficaz.
P.: ¿Es eficiente la regulación europea en el entorno digital?
R.: Regular es necesario. La IA y los derechos digitales no pueden quedar sin marco. Pero la regulación debe ser eficiente, no asfixiante. Implementar IA es como una película con cinco actores: CEO, tecnología, responsable de IA, recursos humanos (porque es cambio cultural) y experto regulatorio. Si el regulador entra al final, todo falla. Si está desde el inicio, el sistema es sólido.
Fuente: Modaes.com