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29 May 2026
Noticias del sector

Evolución del mercado laboral en la economía circular: un análisis global de capacidades, inclusión y riesgos

La transición hacia la economía circular supone una reconfiguración profunda del mercado de trabajo al desplazar el centro de valor desde la extracción de recursos hacia su mantenimiento, reutilización y valorización. José Luis de la Cruz analiza este cambio como un proceso sistémico en el que el capital humano adquiere un papel estratégico, al convertirse en motor de innovación en modelos productivos más intensivos en conocimiento y servicios. El artículo muestra que existe un amplio consenso sobre el potencial de creación neta de empleo, derivado del carácter más intensivo en mano de obra de las actividades circulares. Sin embargo, este balance positivo convive con procesos de “destrucción creativa” que afectan a sectores extractivos e industriales tradicionales, generando importantes retos de recualificación y redistribución laboral. Asimismo, se destaca la heterogeneidad de los empleos circulares y su capacidad para impulsar la inclusión social y el desarrollo territorial, al generar empleo local y menos deslocalizable. El balance final subraya que solo una gobernanza orientada a la transición justa permitirá convertir la economía circular en un vector de empleo digno y cohesión social.

El Cambio de Paradigma: Del Trabajo como Coste al Talento como Capital

La transición hacia una economía circular (EC) trasciende el ámbito de un mero ajuste técnico en la gestión de residuos o una optimización de la eficiencia material; constituye, en esencia, una reconfiguración sistémica del modelo económico global. Mientras que la economía lineal del siglo XX se cimentó en el agotamiento de recursos y la externalización de impactos negativos, la EC propone un sistema regenerativo cuyo propósito fundamental es «desvincular»  el crecimiento económico del consumo de materias primas vírgenes.

Este cambio de paradigma sistémico aspira a preservar el valor de los productos y materiales dentro del ciclo económico durante el mayor tiempo posible. Bajo esta premisa, resulta imperativo transitar desde la propiedad de bienes hacia modelos de servitización, donde el valor añadido reside en el servicio prestado y no en el objeto físico. No obstante, la viabilidad de esta transformación no depende exclusivamente del despliegue tecnológico. Como subraya el informe estratégico de KPMG y Circle Economy (2021), «la transición es un trabajo humano» (Transitie is mensenwerk). En consecuencia, el capital humano debe dejar de ser gestionado como un coste operativo a minimizar para ser reconocido como el capital de innovación indispensable para el rediseño de procesos.

En este escenario, el factor humano adquiere una dimensión radicalmente distinta y estratégica. Según Stahel (2019), el trabajo es el único «recurso renovable» capaz de aportar creatividad y adaptabilidad, posicionándose como el motor de la innovación necesaria para cerrar los ciclos de materiales. Sin embargo, como advierten Circle Economy y la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2023), esta transición no garantiza por sí misma la creación de empleo decente ni la justicia social; tales dimensiones deben ser integradas como objetivos explícitos en el diseño de las políticas públicas.

Esta crisis de sostenibilidad profunda desborda la capacidad de las soluciones puramente técnicas y exige un replanteamiento de los cimientos del sistema productivo. La transición hacia la EC ha dejado de ser una aspiración ambientalista para convertirse en un imperativo económico y social de primer orden. Como señala la OIT (2023), no asistimos a un ajuste marginal, sino a una reconfiguración profunda de la «fuerza motriz» económica. Este cambio busca desvincular el desarrollo humano del consumo agotador de recursos finitos, situando el talento humano como el eje fundamental de la regeneración de valor.   

La OIT enfatiza a través de su «Programa de Trabajo Decente» que la sostenibilidad ambiental es indisociable del bienestar social. Según sus directrices para una transición justa, el paso a modelos circulares debe actuar como un catalizador para la generación de empleo de calidad, la erradicación de la pobreza y la promoción de la justicia social. No obstante, la organización advierte que este proceso no es inercial ni automático: la circularidad tiende a ser más intensiva en mano de obra que los procesos lineales convencionales, lo que incrementa exponencialmente la necesidad de salvaguardar los derechos laborales en cadenas de valor globales cada vez más complejas e interconectadas.  

Paralelamente, la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) subraya que una economía circular solo puede considerarse verdaderamente sostenible si garantiza la integridad física y mental de quienes la ejecutan. Mediante sus estudios de prospectiva (2024), la EU-OSHA advierte que la Seguridad y Salud en el Trabajo (SST) no debe ser una respuesta reactiva, sino un requisito técnico integrado desde la fase embrionaria del ecodiseño.

El presente artículo tiene como propósito analizar el impacto de la economía circular en el mercado laboral desde una perspectiva crítica y prospectiva. A través de un análisis de las investigaciones más recientes de organismos líderes, aborda la compleja dinámica de creación y destrucción de puestos de trabajo, el desafío de la recualificación masiva (reskilling) ante la obsolescencia de los sectores extractivos y, de manera fundamental, los riesgos laborales emergentes que esta nueva frontera productiva conlleva. El objetivo final es plasmar las luces y sombras para que la transición a un sistema productivo circular se produzca bajo criterio de transición justa, donde no solo nos fijemos en reducir la huella material, sino que actúe como un motor de empleo inclusivo, seguro y digno para el conjunto de la sociedad.

Fuente: Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) 

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