Expertos de TECNALIA, ZABALGARBI, Petronor y Fundación Repsol defienden revalorizar recursos sin arriesgar la competitividad
Sin CO2 no habría vida, la temperatura estaría permanentemente bajo el punto de congelación y la tierra sería un lugar inhóspito. Sin embargo, el abuso de sus emisiones durante décadas ha puesto en apuros al mundo y ha convertido el efecto invernadero en el gran desafío de nuestro tiempo. Por eso el reto de las empresas está en atajar las emisiones y hacerlo, además, sin perder competitividad e incluso generando recursos. Ése es el cambio de paradigma que han debatido los expertos en el foro Objetivo Actualidad que ha organizado EL CORREO con el apoyo de Petronor, y que lleva por lema ‘Economía circular del CO2: capturar, reutilizar y reciclar’.
Precisamente en este contexto Ion Aguirre puso en valor la oportunidad que supone capturar ese CO2 para trasladarlo a nuevos productos en sectores difícilmente descarbonizables, como en combustibles sintéticos necesarios para la movilidad marítima, aérea o en cargas terrestres pesadas; en la construcción generando áridos; o en la química donde se pueden crear nuevas moléculas presentes tanto en procesos de refino como generando nuevos plásticos. De esta forma es posible «revalorizarlo y que permanezca en las cadenas de producción durante el mayor tiempo posible», un factor que casa con el gran reto actual, reducir las emisiones a un cero neto en 2050 sin poner en riesgo la competitividad.
Así lo defiende Vanessa Moreno, que recuerda que en Zabalgarbi ya están «muy familiarizados» con estas estrategias generando nuevas utilizaciones para recursos que se iban a desechar pero que son revalorizados. De esta forma, además de evitar sus impactos en el medioambiente evitan también tener que extraer más materia prima, se reducen costes y se refuerza la posición. En esta línea sustuvo que «la innovación debe formar parte del ADN», una estrategia que comparten con otra clave, la unión de fuerzas con otras empresas. «Es importantísimo colaborar entre todos para buscar nuevas soluciones y nuevos usos para los diferentes proyectos», matizó.
Marco normativo
Aunque la Unión Europea parece haber tomado la batuta, lo cierto es que el desafío por la descarbonización es mundial. España solo emite el 0,5% de todo el CO2 expulsado a la atmósfera y el conjunto de Europa un 7%. Sin embargo, todas las emisiones acaban en el mismo sitio, sin importar de donde provengan, y aunque los compromisos no sean los mismos. Ahí entran en juego factores como el marco regulatorio que actualmente en Europa pasa por un sistema de control de fronteras fijando aranceles por el CO2 emitido en sus materias primas para garantizar un equilibrio en la competencia en el mercado europeo, como explicó Elejalde durante el foro.
El director de transición energética en Tecnalia manifestó críticas contra este modelo frente a la filosofía seguida en China. «Aquí nos hemos marcado unos objetivos muy ambiciosos para 2050 pero no ha sido hasta hace dos años cuando nos hemos dado cuenta de que no podíamos establecerlos sin contemplar la competitividad industrial». Por su parte, en el gigante asiático «han seguido el proceso inverso». «Allí se aseguraron ya hace dos o tres décadas las materias primas críticas para su transición energética, luego desarrollaron su capacidad productiva y tecnológica y finalmente han marcado sus objetivos de descarbonización para el año 2060», comparó.
En este sentido, la responsable de economía circular en Petronor recordó durante el debate que la descarbonización no puede ser un salto de la nada al todo. «Es necesario pasar por ese proceso de transición energética en el que no hay una única solución, ni una única tecnología que podamos utilizar para descarbonizar la industria, y más teniendo en cuenta que la reducción de emisiones no se trata de su deslocalización».