Demosath, el primer aerogenerador flotante instalado en España, lleva tres años girando con fuerza frente a las costas de Armintza, a tres kilómetros mar adentro. Es un modelo experimental de la empresa vizcaína Saitec, que busca evaluar el potencial de su sistema de flotación de cara a una comercialización a gran escala. La firma de ingeniería afincada en Leioa quiere ir ahora un paso más allá en el estudio de esta estructura y ha pedido permiso al Gobierno vasco para convertir el molino y su base en una planta de producción de marisco.
Suena extraño, pero el proyecto está en marcha y se halla a punto de convertirse en una realidad. La idea de Saitec es probar si la generación de electricidad se puede compatibilizar con el cultivo de seis especies de aprovechamiento gastronómico: almejas, mejillones, percebes, ostras, zamburiñas y un alga comestible. En principio, la experiencia no tendría un objetivo comercial, sino que se trata de generar un impacto positivo en el entorno natural que ocupa Demosath. Los impulsores de la idea están convencidos de que cultivar moluscos autóctonos a tres kilómetros de la costa vasca podría tener un efecto regenerador para el litoral, así como un componente de lucha contra las especies invasoras.
Pasados tres años de su botadura, el aerogenerador produce electricidad y ha superado con nota olas de más de 14 metros de altura. Toca probar cosas nuevas. Por decirlo de una manera simple, lo que ahora quiere hacer Saitec es convertir la enorme estructura flotante en una batea, como las que jalonan las rías de A Coruña o Pontevedra. El plan prevé colgar unas cuerdas de cultivo y lanternas (un tipo de cestos alargados) para fijar larvas de moluscos y atraer vida. «Hay algunas diferencias con las estructuras que se pueden ver en la costa gallega», explica Javier del Real, el biólogo marino que lidera el proyecto. «Aquí, debido al oleaje, tendríamos que lanzar las cuerdas más abajo, a entre unos 7 y 10 metros, mientras que en Galicia suelen estar unos dos metros bajo el agua».
La hoja de ruta parece sencilla y no demasiado costosa en su vertiente económica. De hecho, el presupuesto de montaje es asequible: ronda los 26.000 euros. Se pretenden colgar 14 lanternas y 19 cabos (8 de ellos para facilitar la recogida), a lo largo de unos 30 metros de la base flotante. Lo más laborioso en este tipo de instalaciones tiene que ver con la vigilancia y el mantenimiento. «Las personas dedicadas a la acuicultura suelen visitar casi a diario la batea o la zona de producción para supervisar que todo esté en orden y que el mar no ha causado problema alguno», explica Del Real.
El objetivo principal de Saitec es demostrar que su sistema puede resultar beneficioso para el ecosistema. Hay que tener en cuenta que la construcción de parques eólicos marinos (llamados off-shore) está supeditada a la obtención de una compleja Declaración de Impacto Ambiental (DIA). Los técnicos evalúan los efectos potencialmente nocivos de una infraestructura de estas características. Se analiza su influencia sobre las aves. También sobre la fauna subacuática. Y se parte de la premisa de que estos molinos flotantes suponen un freno a la pesca, ya que no se puede navegar en sus alrededores por razones de seguridad.
La acuicultura supondría, en este sentido, un complemento o una compensación para el sector. Entre otros motivos porque los expertos de Saitec están convencidos de que el cultivo de estas especies permitirá diseminar multitud de larvas por la costa. «Estamos a 3 kilómetros de un litoral que está muy afectado por la contaminación y la presión humana. Si generamos vida con nuestra estructura, podremos enviar periódicamente multitud de larvas hacia las rocas y acantilados, propiciando así una regeneración positiva con especies autóctonas».
Freno a las especies invasoras
El biólogo de Saitec pone el acento en la palabra autóctonas. «Hay un problema muy serio a nivel mundial de propagación de especies invasoras. La mayoría de ellas viajan adheridas a los cascos de los buques y dentro de los tanques. Poder desarrollar la acuitultura en Demosath supondrá un freno para estas especies alóctonas, porque la superficie de nuestros flotadores estará ya cubierta de vida, impidiendo la adherencia de especies no deseadas».
El ensayo de Saitec durará unos 18 meses. La idea es desmontar luego todo el sistema de acuicultura para devolver la estructura a su estado inicial. Curiosamente, los enormes cilindros de hormigón que aportan estabilidad al molino poseen ya una capa de unos cinco centímetros de incrustaciones de pequeños seres vivos y comunidades marinas. También se ven mejillones pegados desde las cámaras acuáticas de Demosath. El marisco producido no se dedicará en ningún caso al consumo humano, pero los datos aportados podrían, en el futuro, quien sabe, abrir la puerta a pensar en un prototipo comercial.
Javier del Real, el biólogo que Saitec tiene supervisando Demosath, está muy satisfecho con la marcha del proyecto. Asegura que las colisiones han sido prácticamente inexistentes y que, además, la tecnología embarcada ha permitido compartir datos muy importantes con ornitólogos y diversos proyectos de conservación. «Las cámaras son muy potentes y las podemos manejar en remoto, así que estamos detectando un montón de aves anilladas. La Inteligencia Artificial es capaz de leer sus códigos y después avisamos de que han parado en nuestro molino».
Fuente: El Correo