COP25 (Primera parte): Movilizar el compromiso con medidas efectivas contra la crisis climática global

Posted by aclimaadmin | diciembre 4, 2019 | Blog Aclima

Este lunes ha dado comienzo en Madrid la 25.ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP25). Hasta el 13 de diciembre representantes de 196 países y de la UE se dan cita en este foro con la misión de impulsar el espíritu del Acuerdo de París y materializar compromisos y medidas concretas en la lucha contra la crisis climática. Chile mantiene la presidencia de la conferencia, aunque la situación política que se vive en el país andino ha provocado que España tomara las riendas de la organización en tiempo record.

Los objetivos principales de la COP25 son, por un lado, fomentar de manera efectiva la economía verde y circular en el planeta, y, de manera más concreta, regular correctamente el llamado mercado del carbono. En primer lugar, definiendo unas reglas que eviten la doble contabilidad de las reducciones de emisiones (o sea, que na reducción de emisiones certificada en un determinado país y comprada por otro no sea contabilizado como cumplimiento de contribución en ambos países) y, a la par, determinar cómo se evalúan los derechos de emisiones procedentes del protocolo de Kioto.

La situación climática es delicada y cada vez hay menos tiempo de reacción. El impacto de la crisis climática es palpable. Según ha recordado António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, “los últimos cinco años han sido los más calurosos, los niveles del mar los más altos, los océanos se acidifican, la biodiversidad está amenazada; además, los fenómenos extremos aumentan su frecuencia y son más desastrosos, con sequías que se agravan hasta niveles alarmantes.”

Sin embargo, los países responsables de la mayoría de las emisiones de gases efecto invernadero (Estados Unidos, China y la India) han enviado a la conferencia representantes de segundo nivel, dando muestra de un compromiso poco firme en la lucha contra el cambio climático. Además, Donald Trump, presidente de EE.UU. ha manifestado la intención de retirar a su país del Acuerdo de París, retirada que se haría efectiva el año que viene.

Antecedentes de la COP25

La COP25 es un congreso de gran importancia, ya que en 2020 finaliza el acuerdo de Kioto y deben ratificarse nuevos objetivos globales para 2030. En esta reunión los países deben abordar los temas pendientes del llamado Paquete de Katowice sobre el Cambio Climático, aprobado en la COP24, además de fijar objetivos más ambiciosos en la reducción de emisiones. Recordemos que según el acuerdo alcanzado en la COP24 los países deberán medir, informar y verificar sus esfuerzos de reducción de emisiones, cada dos años, a partir de 2024

En septiembre de este año, la ONU organizó en Nueva York la Cumbre de Acción Climática para promover que los países presenten planes mucho más ambiciosos en la COP25 y la COP26 de 2020. El motivo de esta cumbre se encuentra en que las evidencias científicas cada vez son menos halagüeñas: si bien en el Acuerdo de París se fijó el objetivo de detener el incremento de temperaturas como mínimo por debajo de 2ºC respecto a los niveles preindustriales, y en 1,5ºC en la medida de lo posible, se ha constatado que, en la situación actual, y si se cumplieran todos los compromisos suscritos en París, las temperaturas del planeta aumentarían hasta 3,2ºC a final de siglo.

 

Aunque como consecuencia de las negociaciones celebradas en esta cumbre se alcanzaron compromisos importantes, como el hecho de que Rusia se adhiriera finalmente al Acuerdo de París o que 77 países acordasen reducir a cero sus emisiones de carbono para 2050, estos esfuerzos no son suficientes. La realidad es que muchas naciones no están cumpliendo los compromisos adquiridos, por ejemplo, sólo diez de los 28 países de la UE están en condiciones de alcanzar las metas prometidas para el 2030. Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), las emisiones mundiales de gases deberían bajar un 7,6% cada año entre 2020 y 2030 para contener el aumento de temperaturas en 1,5°C.

Objetivos de la COP25

En esta reunión se barajan varias prioridades. Es cierto que una de las medidas a tratar es la promoción de la economía verde en el mundo, pero hace falta definir los estímulos adecuados y, sobre todo, su financiación.

En este sentido, los países en desarrollo buscan que se cumpla el compromiso de las naciones más ricas de materializar un flujo monetario de 100.000 millones de dólares anuales, ya sea a través de subvenciones o inversiones privadas, a partir del 2020 para que las regiones más desfavorecidas puedan implementar medidas para adaptarse al cambio climático.

Pero el asunto más importante que se va a debatir es, sin duda, la regulación del mercado de emisiones de carbono. Según los científicos, la concentración actual de CO2 en la atmósfera es similar a la que existía hace entre tres y cinco millones de años, cuando la temperatura global era entre 2 y 3 grados superior a la que hoy tenemos, y el nivel del mar estaba entre 10 a 20 metros por encima de lo registrado hoy día.

El objetivo común de alcanzar la neutralidad de carbono para 2050 está en peligro, debido a los incumplimientos en los compromisos de reducción de emisiones y a las dudas sobre el correcto funcionamiento del mercado de emisiones de carbono. Es fundamental alcanzar un consenso sobre los precios de las emisiones y, de esta manera, movilizar al sector privado.

Lo cierto es que el artículo 6 del Acuerdo de París no se está poniendo en práctica como debería. En este punto se habla de los intercambios de derechos o unidades de emisiones de gases de efecto invernadero entre países, y también es el único artículo de todo el acuerdo que hace referencia al sector privado, ya que abre la puerta a que las empresas puedan adquirirlos. Los mercados de carbono pueden consistir en transferencias de reducción de emisiones entre estados (artículo 6.1) o bien certificarse a través de la participación de los sectores del mundo empresarial (artículo 6.4). De esta manera, los países pueden comercializar cupos, derechos de emisión o toneladas de CO2 no emitidas, con el objetivo de ser descontadas de los inventarios nacionales o de una empresa.

Pero existen dos riesgos que hay que evitar. En primer lugar, la posibilidad de una doble contabilidad de las reducciones, es decir, que la reducción de emisiones fuera contabilizada por el país que compra y el país que vende en las anotaciones de sus respectivas contribuciones nacionales. Hay varios países, como Brasil, que defienden que a las naciones que venden sus derechos de emisión no deberían descontárselos si lo hacen a través del mecanismo del artículo 6.4, vendiendo las reducciones a empresas privadas.

Además, los países que se han fijado objetivos pocos ambiciosos en el Acuerdo de París tienen la posibilidad de vender una gran cantidad de créditos de emisiones, y este fenómeno puede sobresaturar el mercado, bajando los precios de los derechos de emisiones y desincentivando que otros países invirtieran en reducir sus propias emisiones, prefiriendo adquirir los derechos excedentes de estas naciones.

También es necesario concretar la gestión de las emisiones del sector aeronáutico, ya que a pesar de que la aviación internacional no está no sujeta al acuerdo de París, tras las críticas recibidas por haber disparado su volumen de emisiones la Organización Internacional de la Aviación Civil (OACI) ha prometido ser neutra en carbono entre el año 2021 y el 2026.

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