Día Internacional de la Tierra 2026: solo el compromiso global puede responder eficientemente a los retos ambientales del planeta

Sin duda la sostenibilidad es una de las mayores preocupaciones a nivel global, ya que anualmente la humanidad consume los recursos equivalentes a 1,7 planetas. El cuidado del medio ambiente está en el centro de la conversación mundial, puesto que el cambio climático y los desafíos que implica agudizan las fallas en la conservación del entorno natural. Los mayores problemas medioambientales son la pérdida de biodiversidad, la contaminación del aire y el agua, y los residuos plásticos. La solución solo puede pasar por la recuperación de los ecosistemas y la transición hacia una Economía Circular que maximice la vida útil de los recursos, reduciendo al mínimo la generación de residuos. Pero para ello es imprescindible un compromiso global, tal y como defiende en su lema de 2026 el Día Internacional de la Tierra: “Nuestro poder, nuestro planeta”.
El objetivo del Día Internacional de la Madre Tierra es visibilizar y dinamizar el movimiento ambiental en todo el mundo para concienciar a la población acerca de la situación de nuestro planeta, que presenta problemas de superpoblación, contaminación, escasez de agua, pérdida de biodiversidad, agotamiento de los recursos, desertificación etc. agravados por el cambio climático y sus efectos derivados. Todos estos factores interactúan entre sí, acelerando el deterioro ambiental, ante el que solo cabe actuar de manera conjunta y coordinada.
Los ecosistemas sustentan todas las formas de vida de la Tierra, y cualquier amenaza a su salud y conservación incide sobre los habitantes del planeta, por lo que restaurarlos y cuidarlos es una prioridad. El calentamiento global incide directamente sobre ellos, acidificando los océanos, provocando sequías, incendios, inundaciones y otros eventos extremos. Además, la cada vez mayor presencia de residuos plásticos y otros problemas ambientales nos alertan de que la situación ambiental del planeta es preocupante y ha experimentado una transformación profunda que no puede ignorarse.
“Nuestro poder, nuestro planeta”
Con este lema el Día Internacional de la Tierra, que se celebra cada 22 de abril, sitúa en el centro de la acción climática la cooperación y los esfuerzos colectivos como método para hacer frente a los problemas ambientales, que en la sociedad global e interconectada en la que vivimos suponen un conjunto de factores relacionados entre sí que condicionan la sostenibilidad del planeta. Los últimos informes de organismos internacionales coinciden en reflejar que, pese a que se han dado avances en la sostenibilidad, estos son insuficientes para cumplir los objetivos climáticos y ambientales a medio plazo. Así, es necesario una acción sostenida en el tiempo y colectiva para impulsarlos, que implique la colaboración de las instituciones públicas y las organizaciones privadas.
Cambio climático y emisiones
El Emissions Gap Report 2025 publicado en noviembre de 2025 deja claro que los compromisos climáticos actuales son insuficientes para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Así, el mundo se encamina a un aumento de temperatura de 2,8ºC durante este siglo si no se reducen drásticamente las emisiones. Los combustibles fósiles siguen siendo la principal causa del cambio climático, representando más del 75% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y casi el 90% de las emisiones de CO2, según la Agencia Internacional de la Energía.
Los efectos del calentamiento global son cada vez más visibles, y los fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes e intensos. Además, los riesgos asociados al cambio climático se agravan con el aumento de la temperatura global, por lo que es perentorio acelerar la transición hacia modelos más sostenibles.
Si bien la industria es responsable directamente de menos del 20% de las emisiones en Europa, el porcentaje crece hasta el 40% si tomamos en cuenta los procesos de transporte y generación energética asociados a la industria y las explotaciones ganaderas. Por ello, es necesario impulsar la innovación y la colaboración entre administraciones y empresas para desarrollar soluciones concretas en ámbitos como la economía circular, la gestión del agua o la transición energética.
Biodiversidad y ecosistemas
Si bien la restauración de los ecosistemas se perfila como una de las estrategias más eficaces para revertir la degradación ambiental, la realidad es que la tendencia mundial es justo la contraria, ya que se estima que actualmente más del 40% de la tierra cultivable está afectada por la aridez, y cada año se pierden más de 100.000.000 de hectáreas productivas. Además, los ecosistemas en buen estado no solo desempeñan un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad, sino que contribuyen a la captura de carbono, por lo que son un instrumento esencial en la lucha contra el calentamiento global. Así, iniciativas orientadas a la reforestación, junto con el impulso de modelos basados en la economía circular, constituyen acciones fundamentales para favorecer la regeneración de los ecosistemas y la biodiversidad, contribuyendo a un modelo de desarrollo más sostenible.
Agua
Según el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos, más de 2.000 millones de personas viven en países con estrés hídrico, y se estima que la demanda mundial de agua podría aumentar hasta un 30% en 2050. A pesar del gran volumen de agua existente en el mundo, apenas el 2,5% es agua dulce, y solamente el 0,007% del agua existente en la Tierra puede considerarse potable. Por lo tanto, el crecimiento poblacional, unido a los efectos del cambio climático hacen imprescindible acelerar en soluciones como el tratamiento de las aguas residuales, ámbito en el que la colaboración del sector industrial debe ser primordial.
Residuos y contaminación plástica
Según el Informe sobre la Brecha de Circularidad 2025 (CGR) la economía mundial consume cada año 106.000 millones de toneladas de materiales, de los que tan solo el 6,9% procede de fuentes recicladas. Además, la tasa de circularidad mundial ha descendido 2,2 puntos desde 2015. En los últimos cincuenta años la extracción global de materiales se ha triplicado, y la tendencia es que se incremente en un 60% para 2060. Esto supone que se generan más residuos de los que el sistema de reciclaje global puede procesar eficazmente.
Por todo ello, el sector de la gestión de residuos desempeña un papel estratégico en la consecución de un desarrollo sostenible a escala global. Una gestión adecuada de los residuos permite reducir la contaminación del suelo, el agua y el aire, así como minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a su tratamiento ineficiente. Además, favorece la transición hacia modelos de Economía Circular, en los que los residuos se convierten en recursos, prolongando el ciclo de vida de los materiales y disminuyendo la presión sobre los recursos naturales.
Cada año se producen más de 430 millones de toneladas de plástico, gran parte de las cuales acaban en la naturaleza. Según datos sectoriales tan solo el 9% del plástico se recicla con éxito (aunque el 15% se recoge para reciclar, el 40% del residuo recogido se elimina), mientras que el 19% se incinera, el 50% termina en vertederos y el 22% evade los sistemas de gestión de residuos y termina en vertederos incontrolados. Y aunque la producción de plásticos a partir de residuos reciclados se ha multiplicado por cuatro desde el año 2000, solo supone el 6% de la producción total de plásticos en el planeta. Parece claro que se necesita impulsar de manera decisiva el mercado de los plásticos secundarios, con medidas que aumenten la rentabilidad de su uso.
Energía
Es urgente acelerar la transición hacia las energías renovables, con un objetivo concreto, al menos triplicar la producción de energía limpia para 2030. Si bien la Agencia Internacional de la Energía señala que las energías renovables representaron cerca del 30% de la generación eléctrica mundial en 2023, los expertos alertan de que para cumplir con los objetivos climáticos sería preciso duplicar el ritmo de despliegue de renovables antes de 2030. Todo esto lleva a la necesidad de reformular los sistemas de producción energética y abordar a nivel global retos como la modernización de las redes y el almacenamiento y la eficiencia energética.
Euskadi, buena nota ambiental
Recientemente, Ihobe ha publicado el Informe de Coyuntura Ambiental de Euskadi 2025, que refleja la evolución positiva del territorio en los parámetros ambientales. Así, la calidad del aire continúa mejorando gracias a la reducción de las emisiones procedentes del tráfico y de la actividad industrial, las emisiones de gases de efecto invernadero se han reducido un 38% entre 2005 y 2024, la participación de las energías renovables en el consumo final es del 21,3% impulsada por el aumento de los biocarburantes y el desarrollo de energías sostenibles, la recuperación de suelos potencialmente contaminados sigue avanzando con 1.639 hectáreas recuperadas, y la generación de residuos urbanos se mantiene estable. Además, la concienciación ambiental es alta, ya que el 51% de la ciudadanía declara estar dispuesta a cambiar sus hábitos para ser más respetuosa con el medio ambiente.
Aclima, en su condición de clúster vasco del medio ambiente, manifiesta un sólido compromiso con la reducción de las emisiones de carbono. En este sentido, nuestro Plan Estratégico 2023-2026 plantea el liderazgo del sector ambiental en la transición ecológica de Euskadi, con el objetivo de acompañar y orientar a empresas e industrias en sus procesos de descarbonización. Además, trabajamos en otras iniciativas relacionadas con la mejora ambiental, como el impulso a la Plataforma Nacional de Plásticos Complejos y Composites desarrollada en el marco del Proyecto Cíclicom y que tiene como objetivo crear un punto de encuentro de referencia para todos los agentes que trabajan en la valorización de materiales compuestos y plásticos complejos.