
Los suelos son ecosistemas complejos de los que depende en buena medida el mantenimiento de la vida y la salud del planeta. Pero a pesar de que constituyen uno de los recursos naturales más importantes a menudo su protección no ha sido prioritaria en las políticas ambientales. En Europa entre el 60 y el 70% de los suelos se encuentran en estado insalubre, con unos 2,8 millones de lugares potencialmente contaminados.
Según la propia Comisión Europea la degradación de los servicios esenciales que prestan los ecosistemas del suelo le cuesta a la UE al menos 50.000 millones de euros al año, con unas pérdidas anuales estimadas de 1.250 millones de euros en productividad agrícola por causa de la erosión del suelo. En la actualidad el 61% de los suelos europeos se encuentran en un estado de degradación moderada o grave, y si consideramos su importancia tanto para combatir la pérdida de biodiversidad, garantizar la seguridad alimentaria e incrementar la resiliencia al cambio climático, la recuperación y conservación de los suelos debe ser una prioridad en las políticas ambientales europeas.
Entre las causas de su mal estado de conservación están la expansión urbana, las bajas tasas de reciclaje de tierras, la agricultura intensiva, los residuos industriales y los propios efectos del cambio climático. Lo malo es que esta degradación del suelo afecta a factores como la capacidad de cultivo, los ciclos de nutrientes, la regulación de las masas acuáticas, el control de plagas y la propia capacidad de los suelos de absorber CO2 y funcionar como sumideros naturales de carbono, lo que les convierte en un aliado indispensable para la reducción de emisiones y la neutralidad climática que Europa persigue conseguir antes de 2050.
Europa ya cuenta con una Estrategia para la Protección del Suelo, en la que se marcan objetivos para 2030, como luchar contra la desertificación y los suelos degradados, lograr una absorción neta de gases de efecto invernadero de 310 millones de toneladas equivalentes de CO2 al año, conseguir que las aguas superficiales y subterráneas se presenten en buen estado, o reducir las pérdidas de nutrientes en un 50% como mínimo, el uso y el riesgo globales de los plaguicidas químicos en un 50%, así como el uso de los plaguicidas más peligrosos en un 50%. También plantea metas a largo plazo, con la vista puesta en 2050, como alcanzar la ocupación cero de suelo, reducir la contaminación del suelo a unos niveles no perjudiciales para la salud y para los ecosistemas, y alcanzar la neutralidad climática en la gestión del suelo. También se constituyó hace tiempo el Observatorio Europeo del Suelo (EUSO), una plataforma que apoya la investigación y la innovación de la UE en este ámbito.
Además, la protección del suelo es el foco de una de las misiones de la UE, «Un pacto sobre el suelo para Europa«. La Comisión Europea anunció en 2023 que invertiría 90 millones de euros en 17 nuevos proyectos de investigación integrados en esta iniciativa, y cuyos objetivos generales son la restauración y la conservación de la salud del suelo para la producción sostenible de alimentos saludables, la protección de la biodiversidad, el fomento de la resiliencia frente al cambio climático y la contribución a los objetivos del Pacto Verde Europeo.
Ley de Vigilancia del Suelo
Recientemente, la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo ha dado su visto bueno a la propuesta de la Comisión para una Ley de Vigilancia del Suelo, la primera legislación de la UE dedicada a los suelos.
La futura Directiva establece el objetivo de que para 2050 todos los ecosistemas del suelo de la UE estén en buen estado, en consonancia con la Estrategia de la UE para la Protección del Suelo para 2030. Para ello, se regula la gestión sostenible del suelo y la restauración de los terrenos contaminados.
En realidad, la Directiva no impone ninguna obligación directa a los propietarios y gestores de la tierra, y son los Estados miembros los que quedan obligados a monitorizar y evaluar la salud de todos los suelos en su territorio, incluyendo tres niveles de monitoreo del suelo con diferentes descriptores y criterios de salud. Así, los propios países deben definir las medidas de gestión sostenible y de regeneración del suelo que determinarán, dentro de las directrices generales dictadas por la norma y teniendo en cuenta las condiciones específicas locales, climatológicas y socioeconómicas, así como los usos de la tierra y tipos de suelo, y también los conocimientos existentes sobre las mejores soluciones para su territorio y sus habitantes.
Con esto se impulsa un marco de vigilancia global para todos los suelos europeos, y la pretensión es que dentro de diez años los países consigan mejorar los suelos críticamente degradados a suelos degradados y dentro de seis años, los suelos degradados mejoren hasta un estado ecológico moderado y aquellos con un estado ecológico moderado pasen a presentar a un buen estado ecológico.
Además, se incluye el requisito de elaborar una lista pública de los lugares con suelos contaminados, que en Europa se calculan en 2,8 millones, a más tardar cuatro años después de la entrada en vigor de la norma. Para abordar este problema queda también en manos de los Estados la evaluación y limpieza de esos terrenos, derivando el gasto de los trabajos a los responsables de la contaminación, de acuerdo con el principio de «quien contamina paga».
Por último, la Comisión publicará un conjunto de herramientas de gestión sostenible del suelo que proporcione a los gestores del suelo información práctica, señalando las mejores prácticas y los últimos resultados de las investigaciones sobre el suelo.
Euskadi, pionera en la protección de los suelos
Euskadi es la única Comunidad Autónoma y uno de los pocos territorios en Europa con una estrategia de protección integral de este recurso. La Estrategia de Protección del Suelo de Euskadi 2030 pretende que para 2050, todos los suelos en la CAV sean gestionados de forma sostenible, garantizando su salud y funciones a largo plazo.
Son cinco los objetivos principales marcados en la Estrategia de Protección del Suelo de Euskadi 2030: la reducción del consumo de suelo, la gestión de su ocupación, la protección de impactos perjudiciales, la restauración de los suelos degradados para recuperar las funciones que le son propias teniendo en cuenta su ubicación, y en último lugar, la protección a través de la gestión y su uso sostenible por profesionales formados para ello y por una ciudadanía sensibilizada.
Antes de presentar la Estrategia se desarrolló un diagnóstico preliminar del estado de los suelos de Euskadi sobre erosión, materia orgánica del suelo, artificialización-calificación urbanística, acidificación, contaminación, salinización, compactación, pérdida de biodiversidad, desertificación, deslizamientos y desequilibrio de nutrientes. En él se evidencia la amenaza que supone la erosión para los suelos del Territorio y la necesidad de incorporar los condicionantes de la erosión a cualquier política de intervención o gestión de Euskadi. También se apunta que deben estabilizarse o aumentarse las reservas de materia orgánica de los suelos de Euskadi como elemento estratégico, tanto para mejorar la salud de los suelos y su resiliencia frente al cambio climático, como para contribuir a la reducción de gases de efecto invernadero.
De este estudio preliminar también se resalta que el 20% del total de los emplazamientos potencialmente contaminados inventariados ha vuelto al mercado una vez que se ha intervenido sobre ellos para garantizar su calidad y seguridad. Al tiempo que se subraya la necesidad de prestar especial atención a 1.568 hectáreas de terreno con aguas subterráneas. Un documento que recoge que el aumento de los periodos de sequía, previstos según los escenarios regionales de cambio climático para Euskadi, podría aumentar el riesgo de desertificación en todo el Territorio en distinta medida, haciendo hincapié en el sur de Álava como zona que mayor riesgo presenta. Al mismo tiempo se espera un incremento teórico de los deslizamientos como consecuencia del aumento de precipitaciones extremas debidas al calentamiento global y a una mayor influencia humana.
Una vez hecho el diagnóstico que da una visión global de la situación de los suelos, en el que han intervenido las distintas administraciones e instituciones públicas con competencias, además de otros agentes, entre los que se encuentra Aclima, se han concretado un total de 69 acciones para un primer plan de acción que sirve como base de partida para el despliegue de la Estrategia de Protección del Suelo de Euskadi. Acciones que se están llevando a cabo en diferentes ámbitos de actuación, a saber: acciones transversales; planificación territorial; agricultura, ganadería y silvicultura; suelos naturales; suelos contaminados de origen industrial; tierras excavadas y economía circular; además de mitigación y adaptación al cambio climático.
Según esta Estrategia, desde la perspectiva de Economía Circular se hace necesaria promover la reutilización y valorización de tierras excavadas en emplazamientos que han sufrido actividades potencialmente contaminantes del suelo, teniendo en cuenta criterios de compatibilidad de la calidad del suelo.
Asimismo, se destaca el potencial del suelo para abordar el reto del cambio climático, por su capacidad de absorción de carbono.
Resaltar también que el despliegue de la Estrategia desde los ámbitos transversales comportará la puesta en marcha de una red de seguimiento de la salud del suelo partiendo de la elaboración de un mapa de suelos de Euskadi, junto campañas y actuaciones para sensibilizar e implicar a la sociedad en su conjunto en la gestión sostenible del suelo.
Aclima y los principales retos de los suelos contaminados en Euskadi
Aclima, como clúster ambiental vasco, es consciente de la relevancia que año tras años cobra la protección del suelo y la necesidad de involucrar a diferentes agentes, tanto de las diferentes administraciones como del mundo privado y social, para aunar esfuerzos de cara a conservar y recuperar los suelos de nuestro entorno. Apoyamos las acciones de los asociados involucrados en la descontaminación de los suelos a fin de recuperarlos para que las generaciones venideras puedan disfrutar de ellos, porque el suelo es un bien escaso y no renovable, y su uso en múltiples actividades a lo largo del tiempo da lugar a su contaminación.
Aclima también desarrolla un grupo de trabajo cuyo objetivo es aportar soluciones a los principales retos de los suelos contaminados en Euskadi en toda la cadena de valor con el objeto de aportar soluciones innovadoras tanto para el ámbito privado como de la administración.