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19 Sep 2025
Blog Aclima

El cambio climático favorece las condiciones para los incendios forestales e intensifica sus efectos

Este verano la Península Ibérica ha sufrido los incendios forestales más dañinos de los últimos 30 años. En total, unas 620.000 hectáreas consumidas por el fuego, más del 1% de su superficie, repartidas entre las 336.345 hectáreas afectadas en España y las casi 280.000 en Portugal. Las olas de calor y la sequía han intensificado la propagación de incendios, ya que en el periodo estival España sufrió el episodio más cálido jamás registrado, con temperaturas superando los 40 ºC durante diez días consecutivos. Esto deja patente la innegable influencia del cambio climático en la aparición y propagación de incendios forestales, puesto que en la actualidad los expertos estiman que las condiciones meteorológicas propicias son 40 veces más frecuentes y un 30% más intensas. La catástrofe ambiental ha puesto sobre la mesa la necesidad de avanzar desde un modelo basado en la extinción hacia otro más enfocado en la prevención de los incendios forestales, y el 75% de los ciudadanos abogan por un gran Pacto de Estado para afrontar las emergencias del cambio climático.

Este año ha marcado el triste récord de mayor superficie quemada en Europa, con más de un millón de hectáreas arrasadas en el continente, lo que supone la peor temporada de incendios forestales desde que comenzaron los registros en 2006. Los países más afectados han sido España y Portugal, que aglutinan dos tercios del área total calcinada en Europa en 2025, además de haber contabilizado ocho víctimas mortales. La mayoría de los daños se produjeron en un lapso de solo dos semanas y el fuego motivó decenas de miles de evacuaciones, obligó a cerrar rutas turísticas como el Camino de Santiago, propagó humo tóxico hasta Francia, Reino Unido y Escandinavia, y ha destruido parcialmente el hábitat de 395 especies en peligro de extinción o vulnerables.

La virulencia del fuego y su difícil control obligó al Estado Español a solicitar por primera vez refuerzos internacionales a través del Mecanismo Europeo de Protección Civil, impulsándose el mayor despliegue de bomberos coordinado por la UE en toda su historia. El Mecanismo de Protección Civil europeo se ha activado 17 veces durante la temporada de incendios de 2025, dando respuesta a emergencias en España, Portugal, Grecia, Bulgaria, Montenegro y Albania.

Portugal ha sido el país más afectado, y además se trata del territorio con más hectáreas quemadas entre 2006 y 2024, más de 1,8 millones en total. España, por su parte, en el mismo periodo acumula más de 1,5 millones de hectáreas asoladas por el fuego y los incendios forestales de 2025 son los peores en los últimos 30 años. De hecho, este año es el quinto con mayor superficie quemada desde que hay registro, tras 1985 (casi 485.000 ha), 1978 (439.000 ha), 1994 (casi 438.000 ha) y 1989 (casi 427.000 ha). En agosto de 2025, según datos del Ministerio de Transición Ecológica, se perdieron 336.345 hectáreas por el fuego, el 97% de ellas en Galicia, Castilla y León y Extremadura.

Olas de calor y megaincendios

Los incendios ocurrieron durante la ola de calor de este verano, que duró de 16 días y fue la más intensa desde que se tienen registros en España. Supuso un aumento de la temperatura media de 4,6 ºC y originó los diez días más calurosos registrados desde al menos 1950. Los científicos alertan de que las olas de calor y la sequía han intensificado la propagación de incendios en la Península Ibérica y, de hecho, durante los meses estivales hemos sido testigos de lo que los expertos denominan megaincendios o incendios de sexta generación.

Se trata de incendios mucho más rápidos, intensos e impredecibles que los tradicionales y constituyen fenómenos de alta complejidad, con gran potencial destructivo, un comportamiento errático y que incluso pueden generar fenómenos meteorológicos propios, como tormentas de fuego o nubes, que se forman por encima de las columnas de humo como consecuencia de la humedad y energía originada por el fuego. De hecho, este tipo de incendios generan su propio viento, lo que propicia que aparezcan múltiples focos activos al mismo tiempo en áreas extensas, algunos a kilómetros de distancia

Cambio climático

El número de desastres relacionados con el clima se ha triplicado en las últimas décadas en todo el mundo, y Europa es el continente más expuesto al cambio climático, ya que es el que sufre los mayores aumentos de temperatura, con medias que casi duplican el promedio global. Estas condiciones tienen una incidencia cada vez mayor en los incendios forestales de la Península Ibérica, y los expertos avisan de que la crisis climática ha originado que las condiciones extremas de calor, sequedad y viento detonantes de los fuegos registrados este verano sean 40 veces más probables.

Un estudio de World Weather Attribution (WWA) afirma que las condiciones favorables al fuego son hoy un 30% más intensas y 40 veces más probables que en la era preindustrial, mientras que las olas de calor son 200 veces más probables y 3 ºC más cálidas en el territorio peninsular.

La temperatura global ha aumentado unos 1,3 ºC desde el siglo XIX, lo que en opinión de los científicos puede provocar que las condiciones extremas que provocaron los recientes incendios forestales ocurran aproximadamente una vez cada 15 años, mientras que sin el aumento térmico atmosférico provocado por el hombre esas mismas condiciones solo aparecerían una vez cada 500 años. De hecho, en un escenario donde no existiera ese incremento de 1,3 ºC la ola de calor de este verano habría registrado medias térmicas tres grados más bajas.

Prevención antes de extinción

España es el segundo país europeo en superficie forestal, con más de 27,8 millones de hectáreas, pero la incidencia de los incendios en los bosques y su creciente magnitud hacen peligrar esa riqueza natural. Muchos expertos abogan por la necesidad de evolucionar desde el actual modelo centrado en la extinción del fuego a otro que promueva la prevención mediante gestión forestal sostenible.

De hecho, en la actualidad en España se moviliza un 40% menos biomasa que la media europea, lo que provoca la acumulación de material combustible en los montes y multiplica el riesgo de incendios catastróficos. También la despoblación rural y el envejecimiento de la población en algunas zonas han favorecido la acumulación de vegetación en bosques y cultivos. Todo esto trae consigo que muchos terrenos hayan dejado de ser empleados por agricultores y pastores, encargados tradicionalmente del cuidado de sus tierras y de controlar la vegetación.

Recientemente el Gobierno ha presentado el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, pero en él se echa en falta una visión integral del medio natural, capaz de impulsar medidas como la reintroducción de grandes herbívoros en las zonas boscosas o el aumento de la movilización de biomasa forestal sostenible, procedente de las operaciones selvícolas necesarias para mantener y ordenar los montes

Aumenta la incidencia en Euskadi

Aunque nuestro territorio no ha sufrido incendios de la magnitud de otras regiones, en 2025 se han registrado 18 focos, la gran mayoría accidentales, y se han calcinado 111 hectáreas. Ha habido otros años con mayor número de incidencias, como los 95 incendios registrados en 2014, los 70 fuegos activos de 2015 o los 47 de 2019. El precedente más grave de los últimos años tuvo lugar en octubre de 2022, con el incendio de Balmaseda, que afectó a unas 500 hectáreas.

Hay dos circunstancias particulares que afectan al posible surgimiento de incendios. Por un lado, la mayoría del territorio de Euskadi está cubierto por masa forestal, pero una buena parte de él es propiedad privada, lo que facilita su gestión controlada.

Sin embargo, la época con mayor riesgo de sufrir incendios es el otoño, a partir de mediados de octubre, ya que por entonces se ha secado la vegetación. Los expertos alertan de que cuando se producen veranos secos y largos aumenta el riesgo de fuegos incontrolados durante el otoño.

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