
Con un planeta cada vez más superpoblado, las estimaciones anuncian que en 2050 la Tierra llegará a los 10.000 millones de personas, en el que los efectos del cambio climático se van intensificando de manera acentuada, la importancia de los sistemas alimentarios será vital para poder alcanzar un desarrollo sostenible. El ODS 2 es el que fija las metas necesarias en ese ámbito, pero teniendo en cuenta que actualmente la agricultura representa el 70% de las extracciones totales de agua y que la FAO considera el estrés hídrico como una de las principales amenazas para el futuro, garantizar la seguridad alimentaria supone un enorme reto. España es un territorio particularmente amenazado por el cambio climático y la escasez de agua, en el que además la agricultura juega un papel importante en su economía, por lo que adoptar medidas para la gestión eficiente del agua se torna en un objetivo prioritario.
Los expertos señalan que el 38% de la superficie del planeta está destinada a la agricultura, de la que solo un tercio se emplea como tierra de cultivo, y los dos tercios restantes se dedican a pastizales para el pastoreo. Su impacto en el medio es evidente, supone el 70% del consumo de agua global y aproximadamente un tercio de las emisiones de GEI, y la agricultura de regadío, que representa una quinta parte de la superficie cultivada, contribuye a la producción del 40% de los alimentos del planeta. Por lo tanto, conjugar el incremento en la producción de alimentos necesario para sustentar a una población mundial creciente con la sostenibilidad y la mitigación del cambio climático se torna un reto complicado, que solo puede abordarse avanzando hacia una gestión eficiente del agua, un recurso cada vez más escaso.
Actualmente somos aproximadamente 8.200 millones de personas en el mundo y para el año 2050 se espera que esta cifra alcance los 10.000 millones. Además, el desarrollo económico está provocando que aumente la población con mayores demandas alimentarias, por lo que los expertos piensan que será necesario que la producción agrícola crezca un 70% en 2050, incrementándose en un 17% las tierras de regadío cosechadas y en un 11% las extracciones de agua para el regadío. Todo esto pone de relieve la importancia de poder garantizar la seguridad alimentaria, aun con los ecosistemas naturales sometidos a cada vez mayor presión tanto por su explotación como por los efectos del cambio climático.
Sistema alimentario sostenible
WWF, en su informe Resolviendo el gran puzzle de la comida: soluciones basadas en cada país para ayudar a que aumente la acción nacional, alerta de la imperiosa necesidad de avanzar hacia un sistema alimentario global más sostenible y que genere menos impactos ambientales. Los sistemas alimentarios son extremadamente complejos y dependen de muchos factores, lo cual provoca que no exista un modelo uniforme que pueda aplicarse en todas las regiones del mundo. Sin embargo, el análisis deja claro que existen las prioridades a nivel global de restaurar los ecosistemas como garantes de la producción de alimentos, impulsar la producción ecológica y desarrollar cadenas de suministro sostenibles.
De hecho, se califica a los sistemas alimentarios insostenibles como la principal amenaza para la salud humana y la naturaleza, y tan solo su transformación hacia la sostenibilidad permitirá garantizar la seguridad alimentaria y minimizar sus efectos en el cambio climático. En el informe se clasifica los países en seis tipos diferentes de sistemas alimentarios, en función de sus características ambientales y socioeconómicas. También se ofrecen sugerencias y medidas a adoptar para cada uno de estos tipos.
España, riesgo hídrico en la producción de alimentos
En el estudio España queda englobado en los países de tipología 4, junto a México, Italia, Sudáfrica y Turquía, que son aquellos que presentan mayor riesgo hídrico en la producción de alimentos. Esto no es de extrañar si consideramos que los expertos alertan de que es uno de los países europeos con mayor riesgo de sufrir estrés hídrico. La prevalencia de las olas de calor y las sequías será cada vez mayor, reduciendo la disponibilidad de agua, lo que impondrá la necesidad de optimizar su gestión para alcanzar el mayor grado posible de eficiencia. De hecho, se estima que el 75% de la población y el PIB de España podrían enfrentarse a un riesgo alto debido a la escasez de agua.
A pesar de que el riesgo de desertificación afecta a prácticamente tres cuartas partes del territorio, en los actuales planes hidrológicos se prioriza el uso de agua para los cultivos de regadío intensivo e industrializados que consumen el 80% del agua. Además, solo el 13% de los humedales españoles presenta un buen estado de conservación, y prácticamente la mitad están degradados. Además, más de 80 acuíferos están sobreexplotados y la práctica del robo de agua, las extracciones ilegales, no es infrecuente, estimándose que existe casi un millón de pozos ilegales en todo el territorio estatal.
Al ser España uno de los países europeos más afectados por el cambio climático esta situación se irá agravando. Actualmente siete de las diez cuencas hidrográficas con mayor sequía de Europa están en la Península Ibérica, y según datos de UNESCO la huella hídrica (HH) anual de España se sitúa en torno a los 2,5 millones de litros por persona, el doble que el promedio global. Esto lo sitúa en el octavo puesto en la clasificación mundial de países con mayor huella hídrica y el segundo puesto en el ranking europeo, según los datos de Water FootPrint Network.
Según el informe del PERTE de Digitalización del ciclo del Agua, la agricultura supuso el 80% de la demanda de agua en 2021, el abastecimiento de núcleos urbanos el 14%, y la industria un 6%. Si queda claro que la actividad agrícola es el sector que más agua demanda es necesario matizar que son los cultivos de regadío su destino más frecuente. En 2021 el 22,9% de la superficie de cultivo fueron cultivos de este tipo, que representan el 3,1 % del PIB. La buena noticia es que la evolución en el consumo de agua de la agricultura muestra que se ha ido reduciendo considerablemente con el paso de los años. Pero debido a la situación expuesta, es necesario profundizar mucho más en las medidas que permitan optimizar la eficiencia en la gestión del agua empleada para el riego. La digitalización y mejora en los sistemas de almacenamiento, distribución y aplicación pueden suponer ahorros significativos que colaboren a reducir el estrés hídrico que el territorio parece abocado a experimentar en unas décadas.
Otras acciones que se recomiendan en el informe de WWF son recuperar el buen estado de los ríos, acuíferos y humedales, especialmente en zonas íntimamente ligadas a la producción intensiva de alimentos; y rediseñar las subvenciones públicas, optimizando su destino y aplicación a iniciativas con un impacto realmente práctico en el ahorro del consumo, la reducción de fugas, la reutilización o regeneración del agua etc. En el caso de España, se destaca el valor de la dehesa, como ejemplo de sistema agrario de alto valor natural y social, que, sin embargo, está muy amenazado por diversos factores, que van desde el abandono al sobrepastoreo, pasando por el cambio climático y la marginación a las ganaderías extensivas por las políticas agrarias y los mercados.
En todo caso, se necesita una transición hacia la sostenibilidad de los sistemas alimentarios para garantizar la seguridad alimentaria, aumentar la resiliencia al cambio climático, y conservar el medio y la biodiversidad.