Las inversiones sostenibles son una realidad financiera con un sólido futuro

Posted by aclimaadmin | maiatza 10, 2019 | Aclima bloga

No caben dudas, el paradigma económico global está evolucionando hacia una economía baja en carbono. El Acuerdo de París rubricó el compromiso de 195 países de adoptar medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero. El objetivo es no superar un aumento de 1,5 grados en la temperatura global de la Tierra. También los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU inciden en la importancia de un desarrollo económico respetuoso con el medio.

Los inversores privados no son ajenos a esta imperiosa necesidad, es por eso que según la preocupación por los riesgos climáticos aumenta cada vez más capital de inversión se muestra dispuesto a optar por fondos donde prime la sostenibilidad como valor principal. Y también esta tendencia motiva que las empresas tengan una mayor presión para informar sobre el impacto en el clima de sus actividades.

Las inversiones sostenibles han dejado de ser un nicho, en la actualidad suponen más de 17.539 billones de euros. El crecimiento que está experimentando el mercado de las inversiones sostenibles es consecuencia de una paulatina concienciación de los mercados financieros emisores, inversores, reguladores y bolsas hacia todo lo relacionado con la sostenibilidad de la economía, el medio ambiente y el cambio climático.

En el Estado, la inversión sostenible está en alza. Según recoge el informe publicado por Spainsif, la Asociación Española de Inversión Sostenible, las inversiones sostenibles y responsables en España han registrado una tasa de crecimiento del 10% entre los años 2015 y 2017, alcanzando los 185.614 millones de euros, lo que representa una cuota del 46 por ciento sobre el mercado nacional de instituciones de inversión colectiva y fondos de pensiones.

Estados Unidos y China son las principales economías emisoras de bonos sostenibles, aglutinando el 42% del total, pero España se sitúa ya en el quinto puesto, con 5.600 millones de euros

Entidades impulsoras

El Banco Europeo de Inversiones es el organismo pionero en este tipo de financiación, en 2007 efectuaron la primera emisión de bonos verdes de la historia, y actualmente es la mayor entidad emisora de bonos verdes del mundo. Además, cuenta con proyectos dedicados a la financiación a proyectos sostenibles en más de 160 países y está implementando una nueva plataforma de inversión para financiar proyectos relacionados con la economía circular.

En la actualidad, alrededor de 1.000 instituciones han realizado desinversiones en proyectos con impactos ambientales, por un valor de más de 6.000 millones de euros, y casi 60.000

Inversores privados se muestran dispuestos a realizar desinversiones de 4.500 millones de euros, según datos de la organización Go Fossil Free. Entre ellos, encontramos grupos tan importantes como la Fundación Rockefeller o la aseguradora AXA. Una de las entidades precursoras en esta tendencia fue el Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega, que impulsó que las inversiones que lleva a cabo se administren de acuerdo con los planteamientos éticos del Parlamento noruego respecto a la sostenibilidad social y ambiental.

Otros ejemplos son el World Bank, que ha establecido un nuevo fondo de bonos verdes destinado a inversiones en iniciativas sostenibles y ambientales. O la llamada banca ética, cuyo máximo representante, Triodos Bank, promueve la inversión en economía real y desarrollo sostenible.

 

En España, REE fue la primera compañía dentro del sector de las utilities en transformar su crédito sindicado de 800 millones de euros en una financiación sostenible. Por su parte, Iberdrola ha sido el mayor emisor verde mundial de empresas durante los ejercicios 2016 y 2017 y actualmente el pasivo del grupo que cuenta con formato verde es cercano a los 10.000 millones de euros.

Presente y futuro

Si bien en 2017, casi tres cuartos de las compañías en todo el mundo no reconocieron el cambio climático como un riesgo financiero, esta tendencia está sufriendo una rápida transformación.

Por ejemplo, la Junta de Estabilidad Financiera del G20 ha establecido el Grupo de trabajo sobre revelaciones financieras relacionadas con el clima (TCFD), para divulgar entre los inversores la realidad del impacto climático en la economía. En junio de 2017, el grupo de trabajo lanzó su informe final de recomendaciones, solicitando un enfoque estructurado para que las empresas comuniquen sobre los riesgos y las oportunidades del cambio climático. Aunque, según el Informe de estado de TCFD 2018, las compañías y los propietarios de activos todavía están muy lejos de alinear su información con las recomendaciones, se espera que a medida que los estados miembros del G20 comiencen a establecer los marcos regulatorios las divulgaciones relacionadas con el clima empiecen a ser obligatorias para las compañías.

Otros datos de interés son que en 2017 la emisión de bonos verdes en un año superó por primera vez en la historia la barrera de los 100.000 millones de dólares, quedando en 158.000 millones. En 2018 se ha alcanzado los 167.000 millones y se prevé que en 2019 las emisiones de bonos verdes superen los 200.000 millones de dólares (174.261 millones de euros), lo que supone un aumento del 20%. En 2018, en el Estado los emisores colocaron en el mercado bonos verdes por un importe de 5.800 millones de dólares (5.053 millones de euros).

Además, se trata de un mercado maduro en crecimiento. No en vano, solo en los países de la UE, la Comisión Europea estima que serán necesarias inversiones anuales adicionales por valor de 190.000 millones de euros para cumplir con los compromisos en materia de descarbonización.

 

Éxito de la financiación sostenible de Euskadi

En sintonía con esta tendencia, el año pasado el Gobierno Vasco lanzó el “Bono Sostenible Euskadi”, la primera emisión de este tipo por parte de una institución vasca. El valor de este bono fue de 500 millones de euros, pero experimentó una gran aceptación entre inversores privados que originó una demanda de más del triple de lo ofertado; de hecho, más de 100 inversores de 13 países distintos solicitaron 1.583 millones de euros del “Bono Sostenible Euskadi”.

Finalmente, el 65% de su valor fue adquirido por inversores internacionales y el 35% restante por inversiones estatales y vascas. Mayoritariamente ha sido adquirido por fondos de inversión (38,66%), aseguradoras (25,96%) y entidades bancarias (22,92%), y en menor medida por fondos de pensiones, bancos centrales y empresas privadas.

El “Bono Sostenible Euskadi” se destinó a captar fondos para financiar proyectos ligados a la economía sostenible, como los relativos a vivienda asequible, servicios educativos y sanitarios,

avance socioeconómico y generación de empleo, proyectos de energía renovable y eficiencia energética, prevención y control de la contaminación, adaptación al cambio climático, o transporte limpio.

Como la experiencia fue tan positiva, este año el Gobierno Vasco va a volver a emitir este “Bono Sostenible Euskadi”, esta vez por un valor nominal de 600 millones de euros. La financiación que se consiga irá destinada a programas sociales (83%) y medioambientales (17%).

 

 

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