
A pesar de que los Estados Unidos es el mayor contribuyente histórico al calentamiento global la administración que encabeza Donald Trump se ha retirado por segunda vez del Acuerdo de París y ha revocado las normas que limitan la emisión de gases de efecto invernadero, entre otras medidas que combaten la regulación climática. La realidad desmiente la nueva deriva del país norteamericano, ya que 2024 fue el año más cálido jamás registrado alcanzando el récord global de emisiones de GEI. Por el contrario, Europa está a la vanguardia de la acción climática, y recientemente hizo público el compromiso de reducir sus emisiones de CO2 en un 90% para 2040, además de anunciar para este 2026 dos nuevas normas clave con criterios ambientales en su política industrial: la nueva Ley de Economía Circular y la Ley de Aceleración Industrial. Si bien hasta ahora las tensiones geopolíticas habían quedado al margen de los acuerdos ambientales, la posición de Estados Unidos debilita el consenso global para combatir el cambio climático.
El Informe sobre la brecha de emisiones 2025 del PNUMA ponía sobre la mesa un hecho inquietante, los compromisos climáticos del Acuerdo de París hasta ahora apenas han reducido el aumento previsto de la temperatura global, y para limitar el incremento a 2 ºC se necesita una reducción anual del 35% en las emisiones para 2035 respecto a los niveles de 2019, mientras que la reducción debería ser del 55% si se quiere no rebasar los 1,5 ºC. Además, la Organización Meteorológica Mundial ha confirmado que 2024 fue el año más cálido jamás registrado, superando en casi 1,55 ºC los niveles preindustriales. No solo eso, 2024 también marcó un nuevo récord en emisiones de gases de efecto invernadero, con 53,2 gigatoneladas de emisiones con origen en la actividad humana. El 66,2% de las emisiones mundiales fueron atribuibles a ocho regiones: China, Estados Unidos, India, la Unión Europea, Rusia, Indonesia, Brasil y Japón, y de ellas tan solo la UE y el país nipón redujeron sus emisiones en comparación con el año anterior (-1,8% y -2,8%, respectivamente).
Estados Unidos, por el contrario, experimentó un aumento del 0,4%, pese a lo cual la actual administración está inmersa en una política de escepticismo ambiental. El presidente estadounidense Donald Trump decidió retirar su país del Acuerdo de París por segunda vez y ha iniciado asimismo los trámites para abandonar la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Pero eso no es todo, también ha eliminado los créditos fiscales para acelerar el despegue de los coches eléctricos y las energías renovables, además de dejar sin valor la limitación de gases de efecto invernadero adoptada por la administración de Obama, entre ellos los provocados por los sectores del transporte y la energía, a los que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos atribuye el 50% de las emisiones de su país.
En total, la actual administración ha adoptado más de 300 medidas desreguladoras en materia climática, con el objetivo de impulsar el sector de los combustibles fósiles y fijarlo como fuente principal de energía de la nación americana. Esas medidas ya están teniendo consecuencias, y en 2025 las emisiones de Estados Unidos crecieron un 2,4%, según Rhodium Group, con un incremento del 13% interanual en el uso de carbón. Sin embargo, el aumento de la demanda energética fue cubierto en mayor medida por la energía solar, lo que contradice la apuesta por los combustibles fósiles como generador energético primario.
De cualquier forma, con este giro político Estados Unidos se desmarca del consenso climático global y del marco de colaboración internacional según el cual los diferentes países coordinan acciones para combatir el cambio climático, reducir emisiones y lograr un desarrollo sostenible. Esto se encuadra en una creciente minimización del peligro climático en el mundo, ya que según el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial para 2026, las preocupaciones ambientales han perdido prioridad en el corto plazo, aunque siendo las que más preocupan en el largo plazo.
Europa, a la vanguardia climática
La UE supone un claro contrapeso al repliegue estadounidense en materia ambiental, y en la práctica lidera la acción climática a nivel global. Su apuesta por la sostenibilidad reflejada en el Pacto Verde ya ha dado sus frutos, y según el Informe de situación sobre la acción por el clima de 2025 las emisiones europeas han disminuido un 37,2% respecto a 1990.
Además, a finales del año pasado anunció el acuerdo para reducir sus emisiones de CO2 en un 90% para 2040 respecto a 1990 y en la COP30 presentó sus nuevas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional, estimadas entre el 66,25% y el 72,5% para 2035. Si bien la Ley Europea del Clima fija que para 2030 los países europeos deben recortar al menos un 55% de sus emisiones netas de GEI, en comparación con los niveles de 1990, también incluye la exigencia de establecer un objetivo climático intermedio para 2040, por lo que el reciente acuerdo alcanzado obligará a reformar esta norma, en vigor desde 2021.
También para este año se esperan dos nuevos conjuntos legislativos de gran calado, la Ley de Aceleración Industrial y la próxima Ley de Economía Circular. La primera de ellas, conocida como Industrial Accelerator Act, es inminente y está diseñada para impulsar la reindustrialización y la competitividad en tecnologías limpias. Junto al Pacto Industrial Limpio anunciado a principios de 2025 constituirá la base para que la industria manufacturera europea represente al menos el 20% del valor añadido bruto de la UE en 2030, guiándose por directrices sostenibles y circulares. Entre otras medidas, vinculará las ayudas estatales a la compra de productos estratégicos (como vehículos eléctricos) a su fabricación o ensamblaje dentro de la UE, con exigencias de al menos un 70% de componentes europeos en algunos casos. La nueva Circular Economy Act, prevista para finales de 2026, busca establecer un mercado único para materias primas secundarias y fomentar productos sostenibles y ecodiseñados. Pretende que con el aumento de la oferta de materiales reciclados de alta calidad se alcance un 24% de circularidad en 2030. Integrada en el Pacto Industrial Limpio, sus objetivos son acelerar la descarbonización, aumentar la demanda de materiales reciclados de alta calidad y reforzar la resiliencia industrial europea.
Además, la Comisión Europea ha aprobado medidas enfocadas en descarbonizar sectores clave como el acero, cemento y productos químicos, y fomentar la simplificación administrativa para proyectos industriales, entre otras. Estas actuaciones buscan consolidar la soberanía estratégica y evitar que la transición verde dependa excesivamente de proveedores externos. Hace tiempo que la UE apostó por la descarbonización, la Economía Circular y la sostenibilidad como ejes de su desarrollo económico. El compromiso europeo con la transición ecológica y energética se plasma en el Pacto Verde Europeo, marco normativo cuyo objetivo último es que Europa alcance la neutralidad climática para 2050.
Euskadi acelera en sostenibilidad
Euskadi es uno de los territorios europeos más avanzados en sostenibilidad y está a la vanguardia del continente en cuanto a políticas ambientales. Un reciente informe de la OCDE ponderaba su enfoque integral y capacidad para servir como modelo en cuanto a la transición hacia el modelo económico circular, destacando la variedad y profundidad de las normas adoptadas en materia climática y ambiental, como la Estrategia de Economía Circular 2030 o la Ley de Transición Energética y Cambio Climático. También es palpable su ecosistema de gobernanza colaborativa entre administraciones, empresas, clústeres y centros tecnológicos, que posibilita iniciativas novedosas en sostenibilidad y que permiten que Euskadi forme parte de organismos como la Circular Cities and Regions Initiative (CCRI), además de acoger la sede del Secretariado de la Coalición Local 2030 de las Naciones Unidas.
Según los datos del Inventario de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero de 2024, la CAV ha logrado reducir sus emisiones en un 38% respecto a 2005, lo que le sitúa en el camino correcto para conseguir una reducción del 45% para el año 2030, según se establece en la Ley de Transición Energética y Cambio Climático. Los esfuerzos por promover un modelo industrial más sostenible ya están dando sus frutos, y el Ecobarómetro Industrial 2025 publicado por Ihobe revela que la transición hacia prácticas más circulares y respetuosas con el medio ambiente está avanzando a pasos agigantados en Euskadi. Las empresas han aumentado significativamente sus acciones ambientales desde 2020 ya que, si en ese año existía una media de 3,8 acciones de eficiencia por empresa, esta cifra ha ascendido a 5,5 en 2025. Esto significa que las empresas ya no perciben la sostenibilidad como un coste, sino como una oportunidad estratégica de competitividad. Además, las prácticas de ahorro energético (88%), minimización de residuos (87%) y ahorro de materiales (83%) están ya normalizadas en la gestión. Otro dato crucial es que las empresas han incorporado de forma creciente tecnologías verdes y digitales, con una media de más de tres tecnologías implantadas. Sin embargo, se aprecia que las empresas sujetas al régimen IPPC y aquellas con actividades de I+D+i presentan un desarrollo más acelerado, mientras que el resto mantienen un progreso más gradual. Además, el 60% de las empresas industriales tiene personal con formación en gestión ambiental y el 53% cuenta con personal formado en gestión de residuos o economía circular.