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30 Abr 2026
Blog Aclima

Europa puede avanzar hacia la neutralidad climática manteniendo la sostenibilidad de sus finanzas públicas

Esta es la principal conclusión del estudio de la Dirección General de Acción por el Clima de la Comisión Europea, que examina el impacto en la economía del continente de la transición ecológica. En el análisis se evalúan tanto los efectos directos como los indirectos de las transformaciones que Europa experimentará en su camino hacia las cero emisiones netas, en lo que respecta a los ingresos y gastos de sus finanzas públicas. Según los expertos, las consecuencias serán limitadas y las posibles pérdidas de ingresos procedentes de los combustibles fósiles se compensarán con la eliminación de sus subvenciones y otras fuentes de recaudación, como la fijación de precios del carbono. Además, se estima que la política climática puede representar más del 1% del PIB a medio plazo. Esto contrasta con las estimaciones del Banco Mundial, que alertan que la UE podría perder el 7% de su PIB si tuviera que hacer frente a los impactos del cambio climático para la década de 2030.

El estudio “Impactos de la transición climática en las finanzas públicas”, encargado por la Dirección General de Acción por el Clima (DG CLIMA) y hecho público recientemente, afirma que la transición climática y energética en Europa requerirá importantes recursos y apoyo del sector público para incentivar e impulsar las tecnologías bajas en carbono, pero no supone una amenaza para la sostenibilidad de las finanzas públicas. En el informe se analizan los impactos en los ingresos, los gastos y la deuda a largo plazo, y para ello se proyectan dos escenarios: uno en el que se alcanza la neutralidad climática y otro, en el que la ambición climática es limitada. Para el análisis se emplean dos modelos macroeconómicos: un modelo de equilibrio general computable (GEM-E3) y un modelo macroeconométrico (E3ME).

En ambos escenarios, los impactos indirectos son relativamente pequeños. En el primero se concluye que se produciría una ligera reducción del PIB, el consumo privado y el empleo, por lo que sería necesario un pequeño aumento de los tipos impositivos. En el segundo, se aprecia un limitado aumento del PIB, el consumo privado y el empleo, ya que el incremento de la inversión estimula la actividad económica, disminuyendo el gasto social y aumentando ligeramente los ingresos públicos procedentes de la tributación.

En definitiva, en cualquiera de los escenarios la transición hacia la neutralidad climática no será un factor determinante para la sostenibilidad de las finanzas públicas en el futuro. Si bien los ingresos procedentes de los combustibles fósiles se irán reduciendo, también lo harían las subvenciones destinadas a ellos, y aumentarían los ingresos por la fijación de precios del carbono.

Asimismo, ambos modelos vaticinan que la transición climática conllevará ingresos significativos que alcanzarán su punto máximo a medio plazo, hasta 2035, representando más del 1% del PIB.

Riesgos relacionados con el clima

Otro aspecto a tener en cuenta es que el estudio no considera el impacto de los riesgos relacionados con el clima en la actividad económica o en el gasto público, un factor que puede acentuar la necesidad de la transición ecológica en Europa debido a sus lesivas consecuencias en la economía. Así, los desastres naturales relacionados con el clima costaron a Europa más de 77.000 millones de euros en 2023, y si nos fijamos en el periodo 1998-2022 las estimaciones alcanzan los 650 mil millones de euros, con una media anual de 15,5 mil millones de euros.

De hecho, un estudio cifra en 70.000 millones de euros anuales la inversión que Europa deberá dedicar a la adaptación al cambio climático hasta 2050, para optimizar su resiliencia. Una cifra elevada pero que podría ser mayor, ya que el informe no tiene en cuenta los costes de los eventos relacionados con el clima.

De esos 70.000 millones de euros anuales, se prevé que unos 30.000 millones se dedicarían al mantenimiento de las infraestructuras, 21.000 millones para ecosistemas y 12.000 millones para seguridad alimentaria. Estas inversiones generarían beneficios colaterales relacionados con la mitigación del cambio climático, pero en el estudio se subraya que es prioritario que la financiación climática se integre en la planificación presupuestaria nacional, así como que se necesita reevaluar las necesidades en función de diversos escenarios climáticos, los objetivos de resiliencia deseados y la relación coste-beneficio de las medidas de adaptación. Aunque el volumen y el tipo de inversiones varían mucho en función de las características de los Estados miembros, Francia, Italia, Alemania y España son los países con mayores necesidades de inversión en adaptación.

Además, la Evaluación Europea de Riesgos Climáticos (EUCRA) de AEMA lleva tiempo avisando de que los avances en la preparación ante los riesgos climáticos no son suficientes y expone 36 riesgos climáticos importantes que afectan a cinco áreas: ecosistemas, alimentación, salud, infraestructura, economía y finanzas.

Otra fuente de datos son los informes del Banco Mundial que alertan de que la UE podría perder el 7% de su PIB si tuviera que hacer frente a los impactos del cambio climático para la década de 2030, mientras que cifran que el coste de la adaptación climática podría moverse en una horquilla del del 0,1-0,4% del PIB de la UE, entre 15.000 y 64.000 millones de euros al año dependiendo de la magnitud de los cambios abordados.

Gestión europea de la resiliencia climática

Actualmente, la Comisión Europea prepara un nuevo marco integrado para la resiliencia climática y la gestión de riesgos en Europa, para ayudar a los Estados miembros a prevenir y prepararse para los crecientes impactos del cambio climático. Se espera que se apruebe en la segunda mitad del presente año y se trata de un enfoque más ambicioso e integral, elaborado a resultas de las peticiones del Parlamento Europeo y el Consejo de Europa, así como las recomendaciones del Tribunal de Cuentas Europeo emitidas en 2024. El nuevo marco integrado desarrollará la Estrategia de Adaptación al Cambio Climático de la UE, adoptada en 2021, para aumentar su alcance actual.

Europa cuenta asimismo con otras normas referidas a la adaptación climática, desde aspectos del Pacto Verde Europeo enfocados en este ámbito, a legislaciones específicas, como la Directiva sobre Inundaciones de la UE, o instrumentos, como el Observatorio Europeo de la Sequía para la Resiliencia y la Adaptación (EDORA), cuyo objetivo es mejorar la resiliencia y la adaptación a la sequía en toda la UE, o el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea.

Euskadi, a la vanguardia europea de la adaptación

Euskadi es uno de los territorios más avanzados de Europa en lo referido a resiliencia climática, gracias a la Estrategia de Cambio Climático 2050, que se enfoca en Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) para optimizar la adaptación a fenómenos climáticos como las inundaciones, olas de calor y riesgos costeros. El Análisis KLIMATEK 2025, proyecto liderado por Naider, Tecnalia y Cambridge Econometrics, busca evaluar económicamente los riesgos climáticos en Euskadi y estimar los beneficios de una adaptación planificada. Las proyecciones indican un aumento de temperaturas y nivel del mar, requiriendo inversiones en adaptación para evitar daños al PIB y empleo, especialmente en el litoral.

Además, el BC3 Basque Centre for Climate Change desarrolla una amplia cartera de proyectos centrados en la adaptación al cambio climático, especialmente a través de su línea de investigación Adaptation Lab, orientada a mejorar la toma de decisiones públicas mediante enfoques transdisciplinares. Uno de los proyectos más relevantes es IMAGINE Adaptation, que se centra en mejorar los sistemas de seguimiento y evaluación de las políticas de adaptación climática en ciudades. Asimismo, el proyecto PARTY (Participatory evaluation of climate change adaptation in urban areas) profundiza en la evaluación participativa de políticas urbanas de adaptación, integrando a diferentes agentes en el análisis de resultados y en la mejora de las estrategias implementadas. Por otro lado, iniciativas como ACCREU (Assessing climate change risk in Europe) se centran en el análisis de riesgos climáticos a escala europea, contribuyendo al desarrollo de herramientas para anticipar impactos y diseñar respuestas más eficaces.

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