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12 Dic 2025
Blog Aclima

Infraestructuras sostenibles y resilientes para garantizar su funcionamiento ante las consecuencias del cambio climático

Si bien el diseño y la planificación de las infraestructuras ha tomado tradicionalmente los de datos climáticos del pasado para establecer criterios estructurales de seguridad, los cada vez más presentes efectos del cambio climático obligan a contar con modelos predictivos que ayuden a mejorar la resiliencia de las construcciones. La Directiva 2008/114/CE sobre la identificación y designación de infraestructuras críticas europeas fue una norma pionera en este sentido, pero todavía queda mucho trabajo por hacer para adaptar los códigos de construcción y las normativas de diseño al nuevo escenario, optimizando la edificación de nuevas infraestructuras y el mantenimiento de las existentes para que se vean afectadas en el menor grado posible por el aumento global de temperaturas y los fenómenos meteorológicos extremos.

Un estudio del Centro Común de Investigación Europeo (JRC), alerta de que las infraestructuras europeas están expuestas a deterioros, averías y degradación por las consecuencias del cambio climático. Estima que, frente a los 3.400 millones de euros anuales estimados a finales del siglo XX, los daños podrían triplicarse para la década de 2020, multiplicarse por seis a mediados de siglo y ascender a más de 10 veces para finales de siglo. Las pérdidas no serán equivalentes para todos los sectores ni regiones. Así, los sectores de la industria, el transporte y la energía son los que corren el mayor riesgo, a la vez que los países del sur de Europa, por lo que probablemente requerirán mayores costos de adaptación. Otros análisis, como los llevados a cabo por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, la Agencia Europea de Medio Ambiente, o MIFO y MAGRAMA coinciden.

Por lo tanto, es prioritario aplicar medidas de adaptación para mejorar la resiliencia de las infraestructuras, y así garantizar su funcionabilidad minimizando además los costes económicos provocados por las consecuencias del cambio climático. Entre las causas de los daños destacan las olas de calor y las sequías, las inundaciones costeras, las tormentas de viento y los incendios forestales. Por ello, es urgente incrementar las inversiones regionales para hacer frente a la carga desigual de los impactos y las diferencias en las capacidades de adaptación en toda Europa.

Garantizar la operabilidad e independencia

Los objetivos de la mejora de resiliencia de las infraestructuras es que estas sean capaces de funcionar aun en condiciones adversas, minimizar la dependencia entre infraestructuras para que si una se ve comprometida el servicio relacionado pueda seguir operando, y reducir los efectos estructurales que el clima les provoca. Además, las modificaciones aplicadas deberían emplear materiales reciclables y energía renovable, para optimizar la sostenibilidad de las infraestructuras. De igual manera, es necesario aplicar una monitorización continua con la vista puesta en prevenir posibles incidentes y facilitar su adaptación a los cambios. La resiliencia estructural debe entenderse no solo como una medida para evitar los fallos de las instalaciones, sino también como una configuración que facilite que las infraestructuras puedan volver a estar plenamente operativas en un tiempo razonable tras una interrupción, sobre todo en lo que atañe a las infraestructuras críticas, como lo son las instalaciones de salud, plantas de tratamiento de agua y redes de energía.

Las estructuras existentes pueden experimentar cargas superiores a las previstas en su diseño original, por lo que es imprescindible efectuar reevaluaciones constantes para garantizar su seguridad. Hay que contar con que las consecuencias del clima no solo provocan daños visibles, sino que aceleran los procesos de deterioro de los materiales.

Diseño resiliente

Adoptar un diseño basado en la sostenibilidad y la resiliencia para la edificación de infraestructuras requiere tener en cuenta modelos climáticos predictivos, para poder anticipar no solo las cargas actuales que las instalaciones soportarán, sino también las futuras. Prever el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos ayuda a reducir los costos de recuperación y garantizar la funcionalidad estructural de las instalaciones.

Entre las medidas a implementar con los diseños resilientes destacan:

-Priorizar materiales sostenibles, duraderos y resistentes, y energías renovables.

-Integrar infraestructura verde, como techos verdes, jardines de lluvia, corredores verdes etc.

Soluciones basadas en la naturaleza para reducir el calentamiento del interior del edificio y las islas de calor, como materiales refractantes de la luz y el calor, o mejorar el drenaje de la instalación, para poder gestionar grandes volúmenes de agua sin colapsar.

-Aplicar un diseño modular que permita la sustitución de partes de la infraestructura de manera rápida y eficiente.

Fomentar la movilidad sostenible para reducir emisiones.

El llamado diseño basado en rendimiento (Performance-Based Design, PBD) es un instrumento eficaz para integrar la resiliencia en la ingeniería estructural ya que permite establecer objetivos concretos de rendimiento para cada tipo de estructura, considerando tanto su resistencia ante cargas extremas como su capacidad de recuperación tras eventos disruptivos.

Pero estas medidas deben apoyarse con políticas y regulaciones que promuevan la adaptación de las infraestructuras existentes y faciliten la construcción de nuevas instalaciones resilientes. Así, es importante que las normativas de construcción incorporen requisitos específicos para el uso de materiales resistentes al agua y al calor, así como el diseño de estructuras para prevenir daños por inundaciones o sequías prolongadas. También dentro de la planificación urbana la resiliencia debe ser un factor cada vez más presente, así como los incentivos fiscales aplicados desde las administraciones públicas.

Ejemplos globales

En el mundo ya existen multitud de infraestructuras que han integrado criterios de sostenibilidad y resiliencia.  El metro de Sidney (Australia) está diseñado para funcionar con las proyecciones de calor y precipitaciones para el año 2070, por lo que se garantiza su funcionamiento durante décadas, ahorrando costes de renovaciones de emergencia, disrupciones o averías.

En Goteburgo (Suecia) la aplicación de la herramienta InVEST ha permitido analizar el uso integrado del agua a largo plazo a nivel de edificio, barrio y ciudad, de esta forma los planificadores han podido adelantar sus diseños a la realidad climática del futuro, previniendo las consecuencias de posibles inundaciones.

En Mozambique, la adaptación climática en la ciudad costera de Beira ha contribuido a reducir el riesgo de inundaciones para el 40% de su población.

Euskadi resiliente

Uno de los compromisos del Programa del Gobierno Vasco es Reforzar las infraestructuras de Euskadi para que puedan responder a situaciones meteorológicas extremas. Para ello, se están desarrollando diversas iniciativas, y el año pasado Ihobe presentó el informe “Soluciones Basadas en la Naturaleza en Euskadi: 20 casos de éxito para adaptarse al cambio climático”, donde se describen una veintena de actuaciones relacionadas con la adaptación.

Aclima, como clúster medioambiental de Euskadi, está colaborando con la Diputación Foral de Bizkaia en el Plan de Innovación y Sostenibilidad en Infraestructura Viaria,  que impulsa la modernización de la red de carreteras del territorio aplicando criterios circulares y de sostenibilidad. En este sentido, Aclima colabora para analizar soluciones que permitan aumentar la durabilidad y resiliencia de las infraestructuras, implementar innovaciones en economía circular y emplear materiales reciclados en la construcción.

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