
Estas normas aprobadas se enmarcan en el Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR) y su objetivo es reducir la generación de residuos, limitar el impacto ambiental y favorecer condiciones equitativas para las empresas que aplican modelos de negocio sostenibles y circulares. En Europa cada año se generan alrededor de 12,6 millones de toneladas de residuos textiles, y se destruye entre el 4% y el 9% de los textiles no vendidos, lo que genera alrededor de 5,6 millones de toneladas de emisiones de CO2. Es por esto que la intensificación de un modelo circular en este sector y en la gestión de los residuos puede suponer un avance decisivo para conseguir las metas europeas en sostenibilidad establecidas en el Pacto Verde.
Estas medidas en materia de ecodiseño prohíben a las grandes empresas la destrucción de prendas de vestir, accesorios y calzado no vendidos en la Unión Europea a partir del 19 de julio de 2026, mientras que las empresas medianas deberán cumplirla en 2030. Concretamente se expresan en un acto delegado, que establece excepciones específicas y justificadas en las que se permitirá la destrucción de estos productos, como por motivos de seguridad o daños en los artículos, mientras que las autoridades nacionales serán responsables de supervisar su cumplimiento. También se ha emitido un acto de ejecución, en el que se introduce un formato normalizado para la divulgación de datos sobre los volúmenes de productos no vendidos que se desechan, requisito que será aplicable a partir de febrero de 2027. Las obligaciones de divulgación ya se aplican a las grandes empresas y se extenderán a las medianas en 2030.
Estas medidas forman parte del Reglamento sobre diseño ecológico para productos sostenibles (ESPR), normativa comunitaria que entró en vigor en julio de 2024 y promueve la reutilización y el reciclaje. Este Reglamento persigue impulsar productos más duraderos, reutilizables y reciclables y las nuevas medidas aprobadas pretenden fomentar entre las empresas alternativas a la eliminación de existencias, como la mejora de la gestión de su stock, optimizar el ecodiseño de producto, afinar sus políticas de devoluciones e implementar prácticas como la reventa, la remanufacturación, la donación o la reutilización.
El sector textil y de la moda es muy importante en la economía europea, ya que emplea a 1,3 millones de personas en casi 200.000 empresas. En 2023 generó 170.000 millones de euros de facturación y se calcula que su valor añadido en todo el mundo es de 189.000 millones de euros. Pero a la vez se trata de uno de los agentes más contaminantes en todo el planeta, ya que la industria de la moda es la segunda más contaminante a nivel global según la ONU. En la UE se generan cerca de 12,6 millones de toneladas de residuos textiles cada año, de las que solo una quinta parte se recoge de forma separada para su reutilización o reciclaje. Además, en Europa anualmente se destruye entre el 4% y el 9% de los textiles no vendidos antes siquiera de ser utilizados, lo que genera unas 5,6 millones de toneladas de emisiones de CO2. Para minimizar este impacto ambiental y promover prácticas circulares en el sector textil, la UE ha impulsado normativas como el Reglamento sobre diseño ecológico para productos sostenibles o la Directiva Marco de Residuos, revisada el año pasado y que se enfoca en el sector alimentario y el textil.
Reglamento sobre diseño ecológico para productos sostenibles
Se trata de una norma clave para la consecución de las metas del Pacto Verde, y deroga la Directiva de Ecodiseño (2009/125/CE) estableciendo un régimen transitorio. Además, se centra en los bienes físicos (como los textiles) vendidos en la UE, mientras que la anterior norma se enfocaba en productos relacionados con la energía. Su objetivo es reducir el impacto ambiental a lo largo de todo el ciclo de vida del producto, y establece requisitos de desempeño e información para que los productos sean más duraderos, reparables, reutilizables y reciclables. Entre sus beneficios están la minimización de residuos, la reducción de la huella de carbono en todo el ciclo de vida del producto, el incremento de la competitividad al lograr las empresas que cumplen con el ESPR una ventaja competitiva satisfaciendo la demanda de productos sostenibles, el fomento de la innovación sostenible y el ecodiseño para crear productos respetuosos con el medio ambiente, y la mejora de la transparencia gracias al Pasaporte Digital del Producto. Por último, los consumidores también se ven beneficiados ya que tendrán disponibles productos más duraderos, reparables y respetuosos con el medio ambiente.
En principio, el ESPR se aplica a casi todos los bienes físicos que se introducen y venden en Europa, desde el hierro, acero y aluminio, las pinturas, los neumáticos, los productos químicos, los electrónicos, los relacionados con la energía, los muebles, y por supuesto los textiles. Entre los que no afecta la norma están los alimentos y piensos para animales, los productos medicinales y veterinarios, las plantas vivas, animales y microorganismos, y los vehículos, que están reglados de manera independiente. En cualquier manera, debido a su amplio foco, la UE está aplicando de manera gradual las medidas, mediante actos delegados, según los grupos de productos que considera más prioritarios. De hecho, el primer plan de trabajo para el periodo 2025-2030 establece una lista de productos prioritarios para la introducción de los requisitos de ecodiseño y etiquetado energético, entre los que se encuentran el acero y aluminio, muebles, neumáticos, colchones y textiles. Además, hay que considerar que el ESPR no solo afecta a fabricantes, importadores y distribuidores, sino también a representantes autorizados, proveedores de servicios de cumplimiento, proveedores de mercados en línea e incluso buscadores online, por lo que se trata de una normativa compleja de aplicar que debe ser introducida de manera paulatina.
Con el ESPR se introduce también el Pasaporte Digital de Producto, un registro electrónico con información detallada sobre el producto y su sostenibilidad medioambiental a lo largo de todo su ciclo de vida. Se espera que sea una herramienta clave para la gestión y trazabilidad de los bienes. Para su aplicación la CE ha especificado ocho sectores prioritarios: electrónica, vehículos, textiles, plásticos, construcción y edificación, muebles y productos químicos.
La primera normativa europea sobre ecodiseño se aprobó en 2009, la Directiva 2009/125/CE, pero solo se refería a los productos relacionados con la energía, como los electrodomésticos. Sus efectos han sido positivos y en 2021 se estima que los consumidores europeos ahorraron 120.000 millones de euros en gasto energético gracias a su aplicación. La Comisión Europea revisó esta Directiva en marzo de 2022 para ampliarla a todo tipo de productos. De esta revisión deriva el nuevo Reglamento de Ecodiseño de Productos Sostenibles, aprobado en abril de 2024. Según la cronología de su desarrollo, a principios de 2026 se adoptarían estas medidas aprobadas por la CE y entre 2027 y 2028 se aplicarán los primeros requisitos de productos.
Directiva Marco de Residuos
A finales del año pasado, se aprobó la Directiva (UE) 2025/1892, que actualiza la Directiva Marco de Residuos centrándose en los sectores alimentario y textil. Esta norma establece reglas comunes de responsabilidad ampliada del productor (RAP) para los productos textiles, además de detallar objetivos vinculantes de reducción del desperdicio alimentario. Esto implica que los fabricantes e importadores de textiles deben hacerse cargo de la gestión de los productos al final de su vida útil, para de esta forma impulsar la recogida separada, la reutilización y el reciclaje, especialmente el reciclado fibra a fibra, además de impulsar el ecodiseño y limitar la denominada “moda rápida”, un modelo de negocio que produce prendas masivamente a bajo costo y en ciclos muy cortos induciendo la compra compulsiva y el consumo masivo. Las empresas de la economía social dedicadas a la recogida y gestión de textiles de segunda mano estarán exentas de las obligaciones RAP y podrán seguir operando sus propios sistemas de recogida.
Así, las empresas deberán pagar una tasa por cada artículo puesto en el mercado, destinada a financiar su recogida, clasificación, reutilización y reciclaje. Las cuotas se ajustarán en función de criterios de sostenibilidad, como la durabilidad o la reciclabilidad, en la línea de lo marcado en el ESPR. Con esto se quiere conseguir que los productores diseñen textiles más circulares y sostenibles. Además, todos los textiles recogidos separadamente se considerarán residuos, con lo que se logrará un control uniforme y sincronizado en todas las regiones europeas y, entre otras consecuencias, se limitará la exportación fraudulenta de residuos etiquetados como reutilizables.
Los Estados miembros disponen de 20 meses para transponer la directiva a su legislación nacional y 30 meses para crear los sistemas RAP para textiles y calzado.
Según los últimos datos disponibles, en Euskadi se generan anualmente 32.000 toneladas de residuos textiles post-consumo que se reutilizan o reciclan en un 44%, destinándose dos tercios de lo recuperado a la reutilización local o internacional, y un tercio a producir nuevos materiales secundarios.