La COP30 no logra avances significativos en financiación y adaptación, pero es la primera cumbre que debate oficialmente sobre el negacionismo climático

La COP30 será recordada por ser la primera en la que el negacionismos climático ha sido uno de los temas prioritarios y se ha debatido en la mesa oficial de negociaciones. Tanto la adaptación climática como la financiación han sido los temas más polémicos, y a pesar de la voluntad de la presidencia de la cumbre y la UE, no se han alcanzado acuerdos que superen a los ya suscritos en la COP29. Los compromisos de financiación se mantienen sin definir su incremento, y la lista aprobada de indicadores de adaptación se queda en 59 de los 100 planteados. También se ha quedado fuera del acuerdo una mención expresa del abandono de los combustibles fósiles, tras intentar Brasil que se aprobara una hoja de ruta que planteara un calendario con acciones prácticas para dejar atrás los hidrocarburos.
A la COP30 han acudido representantes de 189 países, además de la UE, y será recordada por ser la primera en la que Estados Unidos no envía delegados de alto nivel, por decisión del presidente Donald Trump, escéptico del cambio climático, y por el fuego que el jueves a la tarde se ha iniciado a pocos metros de las oficinas de las delegaciones de los países participantes y obligó a desalojar las instalaciones, quedando todo en un pequeño susto. La próxima cumbre, COP31, se celebrará en Turquía bajo presidencia australiana, tras llegar ambos países a un acuerdo para una organización conjunta.
En la COP30 por primera vez se ha debatido en la mesa oficial de negociaciones el negacionismo climático. Como consecuencia, diez países, entre los que se encuentra España, se han sumado a una declaración conjunta por la que se comprometen a promover “la integridad de la información climática”, ofreciendo contenido preciso y basado en pruebas científicas. Lo cierto es que las opiniones escépticas ante el cambio climático cada vez están más presentes, alentadas por la postura de la actual administración estadounidense, cuyo Departamento de Energía ha llegado a afirmar que el mayor volumen de CO2 en la atmósfera es beneficioso porque “mejora el rendimiento agrícola y neutraliza la alcalinidad de los océanos”.
Por su parte, Brasil en la última reunión del G20 puso sobre la mesa la creación de la “Iniciativa Global por la Integridad de la Información sobre el Cambio Climático”, y en la COP30 se ha adoptado una declaración histórica para combatir la desinformación sobre el clima, que incluye la habilitación de mecanismos para optimizar la transparencia en las plataformas digitales y redes sociales, y códigos de conducta para gobiernos y empresas que limiten las narrativas de “greenwashing”. Para llevar a la práctica estos propósitos se ha activado el Fondo Global para la Integridad de la Información sobre el Cambio Climático, que ya ha recibido 447 propuestas de casi 100 países, y cuenta con una financiación inicial de un millón de dólares de Brasil.
Medidas para facilitar la adaptación
La adaptación al cambio climático ha sido uno de los temas clave de la COP30, y el acuerdo final de la COP30 propone triplicar los recursos públicos para la adaptación climática para 2030 o 2035 respecto a los niveles de 2025, pero como no se ha acordado que los países aporten más financiamiento a la acción climática en la práctica lo acordado es que del financiamiento ya aprobado en la COP29 se aumente el tanto por ciento destinado a adaptación.
También se ha debatido la adopción de una serie de indicadores de adaptación, para poder medir qué países son más vulnerables a la emergencia climática y actuar en consecuencia. Si tras la COP29 se propuso una lista de 100 indicadores, lo que se ha aprobado en Bélem es una lista reducida de 59 indicadores, con el descontento de los países de América Latina, África, y la UE, por considerar que esta lista no refleja las realidades de muchos países, principalmente las de aquellos en vías de desarrollo.
Según un informe del PNUD publicado este mes, las necesidades de financiación actuales son entre ocho y catorce veces mayores que los recursos gubernamentales destinados a este fin. La estimación del coste necesario en adaptación climática para los países en desarrollo es de 310.000 millones de dólares anuales hasta 2035. Lo cierto es que adoptar medidas es urgente, si tenemos en cuenta que, según la OMS, las olas de calor causan más de 540.000 muertes anuales en el mundo y el Índice de Riesgo Climático Global de Germanwatch alerta de que los fenómenos meteorológicos extremos han causado más de 832.000 muertes y 4,5 billones de dólares de pérdidas entre 1995 y 2024.
En este sentido, la COP30 ha logrado poner en marcha una iniciativa global para preparar los sistemas de salud pública ante los riesgos climáticos, el llamado Plan de Acción en Salud de Belém, que busca afinar los sistemas de alerta, mejorar la preparación de los sanitarios ante estos escenarios y reforzar la resiliencia de los centros de salud de todo el planeta. La iniciativa ha logrado el respaldo de varias entidades filantrópicas que, en total, se han comprometido a movilizar hasta 300 millones de dólares. El plan contempla más de 60 acciones concretas, entre las que están el desarrollo de medidas específicas para proteger a distintos sectores de la población, como las escuelas u hospitales, o impulsar una regulación de la salud laboral específica frente al calor extremo y reforzar la vigilancia de los trabajadores al aire libre.
Otro mecanismos de adaptación presentado en la COP30 ha sido del fondo fiduciario global para proteger los bosques tropicales (TFFF). Hasta el momento se han conseguido compromisos de financiación por unos 6.500 millones de dólares por parte de 54 países, y se espera que inviertan otros 25.000 millones de dólares en los próximos dos años, además de conseguir otros 100.000 millones de capital privado. Brasil ha anunciado además el Plan de Inversiones en Agricultura Resiliente para Degradación Cero de Tierras (RAIZ), que busca movilizar recursos y compartir tecnologías para recuperar áreas agrícolas degradadas en diferentes regiones del planeta. Además de Brasil, en el proyecto toman parte Australia, Canadá, Alemania, Japón, Arabia Saudita, Nueva Zelanda, Noruega, Perú y Reino Unido. Brasil también ha anunciado otros programas destinados a pequeñas empresas amazónicas, como “Coopera+ Amazônia”, una convocatoria para startups amazónicas con potencial internacional y el proyecto Carbono Social, que convierte prácticas sostenibles de pequeños productores y comunidades amazónicas en créditos de carbono.
Por último, se ha anunciado la creación de la NAP Implementation Alliance, una iniciativa que busca acelerar los Planes Nacionales de Adaptación y facilitar financiación para países vulnerables. La Alianza cuenta con la colaboración de gobiernos nacionales, bancos multilaterales de desarrollo, fondos de inversión e instituciones de la sociedad civil y el sector privado. Además, durante la cumbre más 50 ciudades de todo el mundo han respaldado la creación de un tratado global de alimentación sostenible para luchar contra el cambio climático. Por último, la Agenda de Acción Climática Global ha presentado avances acelerados en 117 soluciones.
Reducción de emisiones
Los objetivos establecidos por el Acuerdo de París fijan una reducción de emisiones anual del 35% 2035 respecto a los niveles de 2019, para limitar el aumento a 2 ºC, y en un 55% para alcanzar los 1,5 ºC. Sin embargo, el planeta no va en esa dirección y en esta cumbre se trata de dar un espaldarazo a la minimización de emisiones, bajo la convicción de que aún es posible limitar el calentamiento global a 1,5 °C.
Lo cierto es que el calentamiento ya es un hecho contrastado en la actualidad, y el último estudio de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) alerta de que la temperatura media mundial entre enero y agosto de 2025 fue 1,42 ºC superior a la de la era preindustrial, y se espera que 2025 sea el segundo o el tercero más cálido desde que se inició el registro de observaciones. Finalmente, 122 países han presentado sus nuevas metas de reducción de emisiones contaminantes (NDC), pero la ONU valora que estos planes de mitigación tan solo supondrán una reducción del 12% en las emisiones globales en 2035 con respecto a los niveles de 2019. Por lo tanto, es evidente que se necesita un impulso decisivo, y para este intento España, junto a Egipto, ha liderado las negociaciones para acelerar la reducción global de emisiones.
Además, hay que tener en cuenta que la reducción de emisiones no se aplica de igual manera en todos los sectores. Por ejemplo, las emisiones globales de los sistemas agroalimentarios han aumentado un 21% entre 2021 y 2023, según la FAO, y la ONU prevé que las emisiones de metano aumenten un 5% en 2030.
Pero no todo son malas noticias, al anuncio de la UE de que reducirá sus emisiones de CO2 un 90% para 204 respecto a 1990, se añade el primer compromiso de China de reducir sus emisiones, entre un 7-10% respecto a 2024, y la evidencia de que, por fin, sus emisiones ce CO2 parecen haberse estabilizado. Además, China ha presentado, junto a Brasil y Reino Unido, una iniciativa para reducir las emisiones de metano y durante la cumbre se ha anunciado un pacto para acelerar la descarbonización del transporte para 2035, en el que once países, entre ellos España, establecen una meta colectiva de reducción del 25% en la demanda total de energía del sector transporte para 2035, así como el impulso a sistemas de movilidad urbana más sostenibles y electrificados.
También se ha negociado una hoja de ruta para dejar atrás con los combustibles fósiles, y a la que más de 80 países se adhirieron. Sin embargo, el acuerdo final se ha cerrado sin referencia a combustibles fósiles, pese a la insistencia de la Unión Europea y países como Colombia, Francia y España de que se incluyera. Aunque en la COP28 los países se comprometieron por primera vez a impulsar una transición desde los combustibles fósiles a otras energías más limpias, no se acordaron los tiempos para llevarlo a cabo y en esta cumbre tampoco se ha podido cerrar un acuerdo sobre un tema tan relevante. Por lo menos, Brasil ha anunciado que impulsará una hoja de ruta de abandono de los combustibles fósiles, y otra para revertir la deforestación, pero al margen de la COP.
Financiación
Como vienen siendo habitual en las cumbres climáticas, el tema más candente de la COP30 ha sido la financiación. A pesar del llamamiento de la ONU para incrementar las inversiones en políticas climáticas, ya que la inacción provocará estancamiento económico e inflación a nivel global, los debates sobre la aportación monetaria de los países desarrollados para dirigir fondos a los países menos favorecidos han sido intensos. Naciones Unidas reclama medidas concretas con resultados sólidos y claros, que conduzcan a mejorar decisivamente la adopción de energías renovables y optimizar la eficiencia energética en todo el planeta.
En la práctica, las posturas no se han movido de las ya anunciadas en la anterior COP, si bien durante la cumbre se hizo pública la hoja de ruta cuyo objetivo es avanzar de los 300.000 millones de dólares comprometidos el año pasado a los 1,3 billones de dólares anuales de financiación para los países en desarrollo para 2035, no hay compromisos firmes para dotar de esos 1,3 billones anuales a los países en desarrollo, y lo que sigue vigente es el acuerdo de financiación por 300.000 millones de dólares aprobados en la COP29.
En la COP30 se ha presentado también la Declaración de Belém sobre Hambre, Pobreza y Acción Climática Centrada en las Personas, suscrita por 43 países y la UE. Su intención es que de los 1,3 billones de dólares anuales de financiación que se pretenden alcanzar, al menos 300.000 millones sean destinados anualmente a países en desarrollo hasta 2035. Se trata de una cuestión prioritaria, ya que se calcula que los países africanos pierden entre el 2% y el 5% de su PIB cada año debido al impacto climático. Otra de las prioridades sería optimizar los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales y acelerar la aplicación de la iniciativa Alertas Tempranas para Todos
Otros temas
España se ha adherido a dos iniciativas verdes presentadas en el marco de la cumbre de Belém. La primera es la Iniciativa Equipo Europa de Cadenas de Valor Libres de Deforestación (TEI Team Europe Initiative on Deforestation-Free Value Chains), un proyecto de la Unión Europea diseñado para impulsar» cadenas de valor agrícolas sostenibles y libres de deforestación en países productores», apoyando la aplicación del Reglamento europeo de productos libres de deforestación (EUDR). Y la segunda es la Declaración de Belém sobre Industrialización Verde Global, un compromiso internacional que reúne a países, organismos multilaterales, instituciones financieras, sector privado y sociedad civil para acelerar la descarbonización ysostenibilidad de la industria pesada en todo el mundo. También en lo referente a financiación España se ha comprometido a aportar 35 millones de euros al Fondo Estratégico para el Clima (SCF), siendo junto a Alemania los primeros países en contribuir a este programa.
Durante la COP30 un total de 17 países se sumaron al Blue NDC Challenge, iniciativa para integrar soluciones marinas dentro de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC). La One Ocean Partnership anunció una red mundial de paisajes marinos regenerativos con el objetivo de movilizar 20.000 millones de dólares y se ha presentado la plataforma South-South Collective for Climate, que pretende impulsar 5.000 startups climáticas antes de 2030 y movilizar 220 millones de dólares en innovación verde.
También se han lanzado la iniciativa “Jobs & Skills for the New Economy”, para crear empleos verdes y fortalecer las capacidades laborales en sectores sostenibles, y la Declaración Ministerial sobre Contratación Pública Sostenible, orientada a incorporar criterios ambientales y sociales en los procesos de compra del sector público para incrementar la demanda de productos y servicios sos