
Aplicar prácticas circulares en las cadenas de valor no solo genera beneficios ambientales al reducir residuos y limitar el consumo de materias primas naturales, también tiene un impacto notable en la reducción de emisiones. Según un reciente estudio, la economía circular podría reducir hasta un 33% las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Los sectores con mayor potencial de reducción son la gestión de residuos, la construcción y el sector agroalimentario, pero los beneficios se extenderían a todos los ámbitos de la economía. Teniendo en cuenta que en 2024 las emisiones globales de GEI alcanzaron un nuevo récord, es evidente que se necesita emplear todos los instrumentos posibles para apoyar el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global por debajo de 1,5-2°C respecto a la era preindustrial.
La Economía Circular es un modelo de producción y consumo que busca alargar el ciclo de vida de los productos, materiales y recursos, manteniéndolos en la economía el mayor tiempo posible y reduciendo al mínimo la generación de residuos. Además, fomenta la innovación, crea empleo local, disminuye la dependencia de importaciones y ahorra costes para empresas y consumidores. Pero a menudo se obvia el efecto que estas prácticas tienen en la reducción de emisiones, cuando se trata de una solución que promueve la sostenibilidad en la producción y el consumo, conllevando una apreciable mitigación climática.
Un informe publicado recientemente revela el potencial de la Economía Circular en cuanto a la reducción de emisiones, evidenciando su papel decisivo en la lucha contra el cambio climático, ya que podría conseguir una mitigación media del 33% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. El estudio consiste en una revisión bibliográfica de los resultados de 131 publicaciones científicas llevadas a cabo en los últimos cinco años, y se basa en un informe técnico de 2026 elaborado por el Centro Temático Europeo de Economía Circular y Eficiencia de los Recursos.
En el análisis se diferencian las prácticas circulares aplicadas en las tres etapas del ciclo de vida de los productos. Las medidas durante la fase previa al uso tienen un potencial medio de reducción de emisiones del 39%, y destacan la sustitución de materiales (48%) y el diseño circular (42%) como las más efectivas. Las prácticas aplicadas durante el uso del producto revelan un potencial del 40% de ahorro de emisiones, siendo la reutilización la más prometedora. Por su parte, las medidas después del uso se estiman en un 60% de potencial de reducción de emisiones. Entre ellas, el reciclaje, con un potencial de reducción de emisiones del 63%, y el tratamiento separado de residuos (78%) son las más destacadas.
El estudio refleja tanto las reducciones relativas de emisiones, estimadas en comparación con una situación de referencia normal y referidas al porcentaje de reducción de emisiones para un sector específico o una medida de economía circular, y las reducciones absolutas de emisiones, que son aquellas que se valoran en total de gigatoneladas de CO2 desde un año base hasta 2050.
Las dos categorías reflejan diferencias significativas. Por ejemplo, en el primer caso la gestión de residuos muestra una media del 52% de reducción de emisiones, con un rango que va del 9% al 88%; seguida de la construcción y edificaciones: 48% (rango: 15-99%); transporte y movilidad: 28% (rango: 4-57%); industria: 26% (rango: 5-61%); y agricultura: 24% (rango 2-87%). En la segunda categoría la agricultura y los sistemas alimentarios es el sector con mayor potencial, con hasta 7,3 gigatoneladas de CO2 para 2050. Tras ella, la construcción y edificación muestra un ahorro potencial de hasta 6,8 Gt de CO2.
Como vemos, a pesar de que la reducción relativa de la gestión de residuos es la mayor, su potencial de reducción absoluta no está entre los primeros. Esto se debe a que actualmente presenta unas emisiones absolutas mucho menores comparadas con las de otros sectores, por lo que la cantidad total de CO2 que podría ahorrar se queda por debajo de otras actividades como la construcción, la agricultura o el transporte. Sin embargo, consiste en una medida básica para las regiones que inician su transición circular, ya que optimizando la gestión de residuos consiguen a la vez mejorar la eficiencia de los recursos y ahorrar emisiones.
Lo que hace tan importante aplicar prácticas circulares en el sector de la construcción es que este concentra casi la mitad del uso global de materiales, por lo que los efectos de la circularidad tendrían un mayor impacto. Es por eso que acciones como el uso de materiales bajos en carbono, el diseño modular o la reducción de la superficie habitable per cápita pueden reducir la demanda de nuevas construcciones y contribuir a reducciones sustanciales de emisiones. Además, el uso de materiales de construcción de origen biológico posibilitaría el almacenamiento temporal de CO2 en ellos, amplificando el efecto en la mitigación climática.
En el informe también se resalta la importancia de reciclar, reutilizar y sustituir materiales intensivos en carbono, como determinados metales cuya extracción y procesamiento generan emisiones significativamente superiores a otros minerales no metálicos. Hay que recordar que las emisiones derivadas de la extracción y el procesamiento de materias primas representan alrededor del 55% de las emisiones mundiales de GEI.
Pero este no es el único estudio que pondera la importancia de la Economía Circular en la mitigación climática, un análisis realizado por varias organizaciones europeas de gestión de residuos investigó el potencial de reducción de CO2 en el sector de la gestión de desechos. Para ello se centraron en diez flujos de residuos: papel, vidrio, plásticos, metales ferrosos, aluminio, madera, textiles, neumáticos fuera de uso, residuos biológicos y residuos no reciclables (aquellos no recogidos por separado y no procesados). En el estudio se proyectaban dos escenarios a 2035, en el primero se calculaba el ahorro de emisiones derivado de la aplicación plena de la legislación actual sobre residuos, y el ahorro de emisiones se estimaba en 150 Mt CO2eq. La segunda proyección estimaba el impacto de una legislación más ambiciosa, y los resultados casi duplicaban los del primer escenario, con un ahorro de 296 Mt CO2eq. En ambas proyecciones, la clave para lograr la máxima reducción de CO2 estaba en aprovechar al máximo las capacidades de reciclaje y conversión de residuos en energía.
Aumentan las emisiones globales
La relevancia de la Economía Circular en la reducción de emisiones hay que situarla en el contexto actual de incremento de las mismas, ya que 2024 marcó un récord global de emisiones de GEI. Con un crecimiento del 1,3% respecto a 2023, si se incluyen las emisiones derivadas del uso de la tierra y la silvicultura se alcanzó un incremento del 2,3%, con un total de 57,7 gigatoneladas de CO2 emitidas globalmente a la atmósfera.
Los principales países emisores en 2024 fueron China, Estados Unidos, India, la Unión Europea, Rusia, Indonesia, Brasil y Japón, que en conjunto aglutinaron el 66,2% de las emisiones mundiales. Entre ellos, tan solo Japón y la UE consiguieron reducir sus emisiones respecto a 2023, mientras que China (+0,8%), Estados Unidos (+0,4%), Brasil (+0,2%), India (+3,9%), Rusia (+2,4%) e Indonesia (+5%) las aumentaron.
Si nos fijamos en las áreas de actividad, el sector eléctrico fue el que más aumentó en emisiones absolutas (+235 Mt CO2eq) y la explotación de combustibles presentó el mayor aumento relativo (+1,6%).
Europa, camino de la neutralidad climática
Por su parte, la UE logró reducir sus emisiones en 2024. Un 1,8 % sin tomar en cuenta las actividades del uso de la tierra, y un 2,5% según el Informe de situación sobre la acción por el clima de 2025, que sí las considera. En total, las emisiones europeas han bajado un 37,2% respecto a 1990, por lo que el continente está bien encaminado a conseguir en 2050 la neutralidad climática, tal y como se fija en el Pacto Verde. Además, la UE ha anunciado recientemente un nuevo compromiso por el que los estados miembros acuerdan reducir sus emisiones de CO2 en un 90% para 2040 respecto a 1990.
Sin embargo, en el territorio comunitario aún queda mucho por hacer respecto a Economía Circular, ya que la Tasa de Uso Circular de Materiales (CMUR) se sitúa en el 12,2 % en 2024. La conclusión es clara, los avances en gestión de residuos no se proyectan adecuadamente a la reutilización, siendo necesario avanzar en un mercado de productos recuperados que sea cada vez más importante. Con esto, se conseguiría mejorar el desempeño climático del continente, además de potenciar la circularidad de su economía.
Euskadi, referente en Economía Circular
El desempeño de Euskadi en la adopción de prácticas circulares ha sido reconocido en un informe de la OCDE, en el que se destacan iniciativas como la Estrategia de Economía Circular 2030 o el Basque Ecodesign Center. Otros hitos importantes son la Estrategia Klima 2050 o la Ley de Transición Energética y Cambio Climático, que establece para el año 2030 una reducción del 45% de emisiones.
Los últimos datos disponibles, recogidos en el Inventario de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero de 2024, reflejan que ese año la CAV había reducido sus emisiones en un 38% respecto a 2005. Los descensos más destacados se han dado en el sector de la gestión de residuos (-57%), el energético (-56%), la agricultura (-51%) y la industria (-50%).
Aclima, como clúster vasco del medio ambiente, está plenamente comprometida con implantación de la Economía Circular y la reducción de emisiones, y en nuestro Plan Estratégico Aclima 2023-2026 proponemos el liderazgo del sector medioambiental en la transición ecológica de Euskadi. En este sentido y entre otros proyectos, también formamos parte del ecosistema de innovación Ciclicom que investiga soluciones avanzadas para valorizar residuos de materiales compuestos y plásticos complejos.