La Agenda Estratégica es el documento donde los dirigentes de la UE acuerdan las prioridades políticas para el futuro. Recientemente se ha adoptado la correspondiente al periodo 2024-2029 y en ella Europa sigue marcando a la economía circular y la descarbonización como los pilares del desarrollo de sus políticas. Esta nueva Agenda Estratégica supone, por tanto, un respaldo al Pacto Verde, la hoja de ruta para que Europa sea un continente climáticamente neutro en 2050.

Si bien en los últimos meses habían surgido dudas acerca de cómo la Unión Europea abordaría la transición energética y ecológica en el futuro próximo, la nueva Agenda Estratégica 2024-2029 confirma que la apuesta europea por lograr una economía circular y descarbonizada es firme. Desde que se aprobara la anterior Agenda Estratégica, correspondiente al periodo 2019-2024, se han sucedido cambios profundos en el contexto global. Circunstancias como la crisis sanitaria del Covid o la guerra de Ucrania han puesto a prueba la solidez de las estructuras europeas y las políticas orientadas a conseguir la neutralidad climática para 2050.
Y es que una de las grandes prioridades de la anterior agenda estratégica era el avance hacia un futuro sin emisiones para Europa, a la vez que garantizaba la competitividad de su economía y aseguraba un desarrollo sostenible en el que no se dejara a nadie atrás. Estas intenciones quedaron ratificadas en el Pacto Verde Europeo, aprobado en 2020 y presentado poco después de que se adoptara la pasada Agenda Estratégica. Sin embargo, las consecuencias del Covid y las sanciones a Rusia por el conflicto bélico han impuesto una serie de variaciones en el plan de la UE que han llegado a suponer a veces un revulsivo y otras veces cierta desaceleración en la transición de su economía hacia un modelo circular. Por eso, existía cierta incertidumbre acerca de si Europa iba a plantearse moderar su compromiso ambiental, rebajando sus objetivos a corto o medio plazo. Pero la nueva Agenda Estratégica 2024-2029, adoptada el pasado 27 de junio por el Consejo Europeo, mantiene la misma apuesta por la doble transición y la economía circular.
Transición verde estratégica
En el documento se reafirma el compromiso europeo por convertirse en el primer continente climáticamente neutro, a través del impulso de las transiciones ecológica y digital. Además, la política climática comunitaria queda ligada a la mejora de la competitividad, y esta al abaratamiento de los costes energéticos. Para ello, se plantea la constitución de una “una auténtica unión energética, asegurando el suministro de energía abundante, asequible y limpia”.
En definitiva, se defiende la idea del mercado único, auténtico hecho diferencial de la acción política de la UE, y se anuncia que se ahondará más en esta materia, sobre todo en lo referido a los ámbitos de la energía, las finanzas y las telecomunicaciones. En particular, los jefes de Estado y Gobierno instan al Consejo y a la Comisión a agilizar los trabajos para la integración de los mercados de capitales europeos, reiterando la urgencia e importancia de movilizar inversión privada para hacer frente a los desafíos futuros. Obviamente, esto traerá consecuencias para las políticas climáticas y ambientales, sobre todo en los aspectos relacionados con las energías renovables y la descarbonización.
Como decíamos, se reafirma el compromiso de alcanzar la neutralidad climática en 2050, pero se apunta la necesidad de ser pragmáticos, creando un “marco estable y predecible” y un “entorno más propicio” para impulsar las industrias verdes y las inversiones “en amplias infraestructuras transfronterizas para energía, agua, transporte y comunicaciones”.
La Agenda Estratégica también pondera a la economía circular como indispensable para lograr los objetivos climáticos, y en el documento se plasma la idea de fomentar un sistema “más eficiente en el uso de recursos, impulsando el desarrollo industrial de tecnologías limpias, aprovechando todos los beneficios de la bioeconomía y adoptando una movilidad limpia e inteligente con una infraestructura de red adecuada”.
Respecto al cuidado y recuperación de la biodiversidad, en el texto se precisa que el entorno natural se enfrenta a “daños y perturbaciones cada vez mayores debido al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación”. Recordemos la reciente aprobación de la Ley de la Restauración de la Naturaleza.
Agenda Estratégica 2024-2029: Compromisos ambientales que invitan al optimismo
La Agenda Estratégica constituye la plasmación de los objetivos políticos de la Unión Europea, así como del rumbo de su acción para el futuro. La UE actualiza este documento cada cinco años y se lleva a cabo con ocasión de las elecciones al Parlamento Europeo y antes del nombramiento de una nueva Comisión Europea. Su elaboración es colectiva y está dirigida por el presidente del Consejo Europeo. Este documento implica que se apela al Consejo, Comisión y Parlamento europeos a poner en práctica durante el próximo ciclo institucional las metas propuestas.
La nueva Agenda Estratégica 2024-2029 se adoptó el 27 de junio en la reunión del Consejo Europeo y, según se desprende de las declaraciones de los responsables, su intención es hacer a Europa más soberana y dotarla de mejores medios para hacer frente a los retos futuros.
La anterior legislatura europea, que dio comienzo en 2019 y llegó hasta este 2024, comenzó con la aprobación del Pacto Verde como bandera para proteger el medioambiente y asegurar la transición ecológica. Durante estos cinco años se han cumplido muchos de los objetivos planteados para apoyar la hoja de ruta recogida en el Pacto Verde; la UE a través de una intensa actividad legislativa ha aprobado distintas normativas que han demostrado la importancia y la capacidad de alcanzar consensos sobre cuestiones climáticas.
La realidad por otro lado evidencia que los esfuerzos por combatir el cambio climático y el aumento de la temperatura global son todavía insuficientes en todos los sentidos. La ambición de las medidas que desde Europa se han puesto en marcha han encontrado detractores con una voz que coge fuerza entre la sociedad civil y también los legisladores nacionales y europeos de algunos países miembros. La celebración de las elecciones europeas pudo suponer una convalidación de discursos críticos con las medidas de acción ambiental que finalmente no obtuvieron una mayoría suficiente para cambiar el rumbo de unas políticas que siendo decisivas sí que serán cada vez más complejas de aprobar.
El documento publicado a finales de junio y que recoge las prioridades para el ciclo político 2024-2029 se estructura alrededor de tres ejes principales: calidad democrática y promoción de valores europeos, seguridad y uno orientado a la prosperidad y la competitividad económica del continente.
El documento refleja en el último de sus ejes, el que busca aumentar la competitividad y la prosperidad de la UE, la apuesta de continuidad que los países miembros mantienen con el compromiso de lograr los objetivos de neutralidad climática las próximas décadas. Los líderes europeos por tanto acuerdan e instan a la próxima Comisión Europea a seguir trabajando en favor de una Transición Ecológica y Digital que por otro lado debe garantizar la competitividad de los diferentes sectores económicos del continente.
La agenda estratégica recoge ámbitos y actuaciones generales pero a la vez en ámbitos concretos para contribuir a la neutralidad climática en 2050; establecer marcos de actuación estables que fomenten la fabricación de tecnologías y productos #netzero, favorecer la economía circular y el uso eficiente de los recursos impulsando el desarrollo de tecnologías e infraestructuras avanzadas que utilicen los beneficios de la valorización de residuos y de la #bioeconomía o continuar con los compromisos en materia de protección y regeneración de la ecosistemas europeos que combatan la degradación de la naturaleza y nos conviertan en un continente más resiliente en materia hídrica.
Además, el nuevo documento firmado por los 27 reafirma que la Transición Ecológica y Digital debe garantizar la competitividad de la economía europea, ser justa y además fomentar puestos de trabajo cualificados y de calidad. Todo ello trabajando de manera conjunta y movilizando recursos tanto públicos como privados que promuevan infraestructuras transfronterizas en cuestiones sensibles como el abastecimiento energético o de recursos hídricos.