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24 May 2024
Blog Aclima

Soluciones Basadas en la Naturaleza para aumentar la resiliencia climática de las ciudades

Las ciudades son un agente clave en la mitigación del cambio climático, ya que se estima que en 2050 aproximadamente el 70% de la humanidad residirá en centros urbanos, aunque si nos referimos a Europa en la actualidad el 74% de la población ya vive en ciudades. Además, el 80% del PIB mundial procede de ellas, por lo que aumentar su resiliencia es fundamental para garantizar el desarrollo sostenible del planeta. En esta misión, las Soluciones Basadas en la Naturaleza juegan un papel vital, ya que potencian las funciones naturales de los ecosistemas en las áreas urbanas, mejorando su adaptación al cambio climático y su encaje con el entorno natural en el que se integran. Pero para desplegarlas de manera efectiva se necesita un compromiso a largo plazo, que incluya una estrategia financiera sostenible y la intensificación de la acción climática a nivel local.

Según datos oficiales, el verano de 2023 fue el más caluroso jamás registrado, y las altas temperaturas tienen un mayor efecto en las urbes, ya que sus condiciones provocan que el calor se amplifique. De hecho, el informe BiodiverCities by 2030, del Foro Económico Mundial anuncia que más del 70% de las 576 zonas urbanas más grandes del mundo sufren un riesgo alto por razones que incluyen el calor extremo. Además, hay que considerar que Europa es el continente que se calienta más rápido, y que el porcentaje de la población europea que reside en ciudades es mayor que la media global, aproximadamente del 74%, por lo que los efectos de la crisis climática en los entornos urbanos es un asunto de principal importancia para Europa.

Soluciones Basadas en la Naturaleza, efectivas y baratas

Las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) son enfoques, acciones o procesos que utilizan los principios de la naturaleza para dar solución a distintos problemas relacionados con la gestión territorial y urbana como la adaptación al cambio climático, la gestión de los recursos, del agua, la seguridad alimentaria o la calidad del aire y el entorno. Su aplicación se integra con la Agenda 2030 y pueden contribuir a que las ciudades avancen en los ODS.

Se trata de soluciones muy útiles para ayudar a las ciudades a adaptarse al cambio climático, incrementar su resiliencia y optimizar la salud y el bienestar humanos. De hecho, un estudio sobre el potencial de las SBN en los Estados Unidos demostró que una inversión en plantación de árboles en zonas urbanas de apenas 4 dólares por habitante podría reducir la contaminación y bajar 2 grados la temperatura en estos lugares. Además, en general son más económicas que otras medidas y ayudan a generar empleo. Así, se estima que son un 50% más baratas que las infraestructuras tradicionales y proporcionan un 28% de valor añadido, en ámbitos como la descarbonización del entorno, la resiliencia climática y la creación de empleo. Pero su aplicación conlleva una serie de necesidades, que incluyen una planificación en el tiempo, una estrategia financiera sostenible e involucrar a todos los agentes implicados, impulsando la acción climática local.

Su aplicación, sin embrago, todavía es limitada. De hecho, las estimaciones oficiales indican que las necesidades de inversión en infraestructuras urbanas a nivel mundial rondan los 4,5-5,4 billones de dólares anuales, por lo que en la actualidad nos encontramos con un déficit de financiación de unos 350.000 millones de dólares/año.

Pero la evidencia nos dice que su despliegue puede acarrear beneficios económicos y otras ventajas colaterales, ya que las SBN no solo reducen el efecto de isla de calor urbana, gestionan las aguas pluviales y mejoran la resiliencia urbana general, sino que también inciden positivamente en otras variables, como la reducción de los costes médicos relacionados con la contaminación o las temperaturas extremas, atraen turismo y actividad económica, generan nuevos empleos etc. Además, son un método para promover la colaboración público-privada diseñando proyectos integrales que incluyan financiación y actividad de múltiples agentes.

Pero para apoyar el despliegue de SBN en las ciudades son necesarios una serie de pasos, como habilitar una estrategia financiera sostenible, que tenga presente los beneficios a largo plazo de las inversiones, identificar correctamente las prioridades, primando aquellos proyectos con mayores efectos estimados, estandarizar el desarrollo de las SBN, para que puedan ser replicadas en otros casos, mejorar la gobernanza, incluyendo a los agentes locales en la toma de decisiones y en el desarrollo de los proyectos, potenciar la colaboración público-privada, e incentivar las inversiones con medidas como exenciones fiscales y subvenciones, además de aumentar el I+D+i.

Las ciudades necesitan cada vez más SBN

En la actualidad, el 80% de las ciudades del mundo se enfrentan a fenómenos climáticos extremos, y más de 1.400 millones de personas que viven en los mayores centros urbanos del mundo están amenazadas por riesgos naturales. Debido al crecimiento poblacional de las ciudades, en el futuro estos datos serán aun mayores y, particularmente, la expansión urbana va a suponer un enorme reto en América Latina, África y Asia, ya que en la próxima década más del 90% de los nuevos habitantes urbanos procederán de estas regiones.

El Foro Económico Mundial destaca algunos ejemplos de ciudades que han apostado de forma exitosa por las SBN. Medellín (Colombia) ha reducido las temperaturas en 2 °C mediante el desarrollo de una red de corredores verdes con líneas de árboles y plantas. Por su parte, si bien Singapur sufre de escasez de suelo y una alta densidad de población, ha desarrollado un sistema de carreteras llamadas Nature Ways (Caminos Naturales) que están bordeadas por una variada gama de árboles y arbustos, imitando la estructura de las selvas tropicales. Además de reducir las temperaturas, las copas de los árboles protegen a las especies animales y reducen la contaminación atmosférica.

Respecto a Europa, la AEMA afirma que el 91% de las urbes del continente buscan soluciones basadas en la naturaleza para combatir el cambio climático. Así se desprende del informe de Evaluación Europea del Riesgo Climático recientemente publicado, que alerta de que las medidas de adaptación climática adoptadas en Europa son más lentas que los riesgos a los que se enfrenta el continente, ya que estos están experimentando un crecimiento intenso. Como sabemos, el sur de Europa sufre la amenaza de los incendios forestales y la sequía, pero también otras zonas están en el foco de peligros acuciantes, como las inundaciones o los efectos de la erosión que amenazan a las regiones costeras del norte.

Si bien se constata que casi todas las ciudades europeas emplean SBN el aumento del riesgo climático puede hacer necesario profundizar en su aplicación para aumentar sus efectos positivos. En 2021, la Comisión Europea adoptó la Estrategia de Adaptación Climática, que establece cómo la Unión Europea puede adaptarse al cambio climático y volverse resiliente para 2050. Las líneas que marcan su desarrollo son la planificación urbana sostenible, impulsar las infraestructura verdes y la energía renovable, y mejorar la gobernanza para estimular cambios a gran escala y garantizar la resiliencia a largo plazo al cambio climático. Entre las acciones derivadas de esta estrategia se encuentra el programa Europe Urban Greening, que apoya la aplicación de SBN en las urbes del continente. Sin embargo, su financiación hasta 2025 es de tan solo 5 millones de euros.

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