El sector del medio ambiente es estratégico para afrontar las consecuencias del COVID-19

Posted by aclimaadmin | marzo 27, 2020 | Blog Aclima

La epidemia de coronavirus (COVID-19) es sobre todo una crisis de salud y seguridad humana, pero los efectos que está acarreando han provocado también cambios en la economía y el normal funcionamiento de nuestras sociedades. Con casi 400.000 casos detectados en el mundo , unos 50.000 en España, y casi 3.500 en Euskadi, la alta capacidad de contagio del virus hace que estos datos crezcan día a día. La OMS declaró al COVID-19 una pandemia el 11 de marzo de 2020, a la vez que manifestaba que el escenario más probable era su propagación a todas las regiones de nuestro planeta. A día de hoy, más de 140 países y territorios han reportado casos.

Las secuelas económicas y sociales de esta pandemia crecen inexorablemente en todo el planeta. Interrupciones de la cadena de suministro de materias primas y productos, cese de actividades comerciales, reducción drástica del transporte y la volatilidad en la demanda de productos y servicios son hechos a los que las empresas se están enfrentando, con la intranquilidad de no saber a ciencia cierta cuándo su actividad recuperará la normalidad y en qué situación se encontrarán cuando esto pase.

Pero existe otra relación, menos conocida, entre el COVID-19 y el cuidado del medio ambiente. Y es que investigaciones científicas sugieren que los brotes víricos de origen animal y otras enfermedades infecciosas como el ébola, el SARS, la gripe aviar o el mismo COVID-19 se están incrementando debido a la pérdida de biodiversidad. En el caso del COVID-19 la merma del 30% de la superficie forestal del sudeste asiático en los últimos 40 años ha podido ser uno de los factores desencadenantes, ya que esto ha provocado la creación de asentamientos humanos muy populosos en el entorno natural de animales con los que las personas no pueden evitar estar en contacto, generándose oportunidades para la transmisión vírica.

Incertidumbre en las empresas

Es obvio que las medidas adoptadas para combatir este tipo de coronavirus tienen repercusiones económicas. Aunque la escala del impacto aún no está clara, las empresas pueden prepararse para minimizar los principales efectos negativos a los que están expuestas. Según un informe del Environmental Financial Consulting Group, los sectores de la arquitectura, ingeniería y consultoría pueden resultar especialmente vulnerables puesto que el sector de la construcción, uno de sus principales clientes, depende de las fábricas chinas para obtener materiales y suministros, y también se ven afectados por las restricciones en el transporte (tanto de personal como de envíos de materiales y productos). En cualquier forma, tal como se expone en el análisis de la consultora McKinsey and Company,  las empresas deben estar preparadas ante los dos posibles escenarios que pueden darse en el desarrollo de la pandemia:

1-Recuperación tardía

Los casos aumentarían hasta mediados de abril en el hemisferio norte, en invierno en el cono sur y en otoño en el norte se produce un ligero repunte, más controlado. Las cuarentenas a gran escala, las restricciones de viaje y las medidas de distanciamiento social provocan una fuerte caída en el gasto de los consumidores y las empresas hasta el final del segundo trimestre, produciendo una recesión que se prolonga hasta el final del tercer trimestre. En este supuesto, las empresas perderían ingresos y bajaría el consumo pero las economías se recuperarían en el último trimestre y el PIB mundial en 2020 caería solo ligeramente.

2-Contracción prolongada

El punto máximo de la epidemia se da en mayo y el virus no se ve afectado por la estacionalidad, generando más casos durante el resto del año. Las medidas de restricciones sociales se alargan en el tiempo. La demanda decrece a medida que los consumidores reducen el gasto, las empresas más sensibles tienden a cerrar, aguantando las mejor preparadas. El impacto económico global es severo y se acerca al de la crisis financiera mundial de 2008-2009. El PIB se contrae significativamente en la mayoría de las principales economías en 2020, y la recuperación comienza solo en el segundo trimestre de 2021.

Para preparase ante cualquiera de estos escenarios se recomienda que la empresas desarrollen un plan lo suficientemente flexible para poder reevaluarlo regularmente, según se sucedan los acontecimientos. Estos son los ámbitos en los que es necesario aplicar cambios:

Protección del personal: adoptar medidas de higiene, prevención y seguridad. Desarrollar en la medida de lo posible el teletrabajo, establecer turnos de trabajo escalonados, optimizar la comunicación interna.

Cadena de suministro: identificar vulnerabilidades y valorar cambiar de proveedores y la protección de las pólizas de seguro, transparencia mutua con los proveedores, revisar la gestión de pedidos y del inventario, análisis de la capacidad logística.

Cliente: priorizar los clientes clave que representan la mayoría de los ingresos, mejorar la comunicación con los clientes respecto a la situación mutua, implantar medidas de prevención en toda la cadena de distribución, revisión de las prioridades y plazos de los proyectos.

Finanzas: realizar análisis financieros respecto a escenarios variables, controlar los costes, aumentar los pasivos acumulados y reducir los pagos a recibir pendientes, mantener reservas de liquidez, evaluar y mejorar la productividad de la empresa.

¿Y las empresas  del sector medioambiental?

El sector del medio ambiente es clave en la economía europea, no en vano el continente ha apostado por el desarrollo sostenible y la Economía Circular como puntales de su crecimiento económico. El Pacto Verde Europeo y el recientemente adoptado Plan de Acción de Economía Circular son los ejes de esta voluntad de acción que las consecuencias de la pandemia pueden ralentizar. En la situación en la que nos encontramos es imprescindible reconocer el carácter estratégico de este sector y tomar medidas acordes con esta condición.

Y es que los servicios de las empresas medioambientales son esenciales para superar el estado emergencia por el COVID-19, y se debe facilitar el desarrollo de su actividad para beneficio de todos. Por ejemplo, la gestión de residuos se convierte en este contexto en un servicio público urgente e indispensable para minimizar posibles impactos secundarios sobre la salud y el medio ambiente. Es completamente necesario gestionar correctamente los residuos biomédicos (EPIs, macarillas etc.) para evitar posibles nuevos brotes, además de que el confinamiento de la población convierte en más importante que nunca la recogida y tratamiento regular de los residuos urbanos, para garantizar la salubridad del entorno.

También la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha solicitado a los gobiernos de todo el mundo que incorporen planes de energía limpia en los  estímulos económicos que acuerden respecto al coronavirus. La recuperación económica puede ser una vía de impulso a la descarbonización de la economía y por eso la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) ha reclamado al Gobierno que, en caso de tomar medidas más restrictivas por el COVID-19, considere al sector como actividad estratégica.

Por su parte, la Confederación Europea de Industrias de Reciclaje (EuRIC) ha pedido a la Unión Europea que se reconozca el papel esencial de la industria de la gestión y el reciclaje de residuos para proteger la salud humana y el medio ambiente. Además, este contexto de cierre de fronteras incrementa la importancia de la industria del reciclado para proporcionar materias primas estratégicas para otras industrias europeas de transformación, derivadas de los metales, el papel, los plásticos, los residuos electrónicos, los vehículos fuera de uso, los neumáticos o el reciclado de textiles.

Sin embargo, las empresas del sector del medio ambiente necesitan apoyos concretos, tanto en lo que se refiere a la seguridad de sus trabajadores (equipos de protección adecuados) como a efectos fiscales y económicos. No en vano, incorporar medios de protección y desinfección aumenta los gastos no previstos, además de que la necesidad de incrementar servicios de media o baja rentabilidad (instituciones públicas) frente al descenso de los servicios de mayor rentabilidad (industrias) puede afectar negativamente a los resultados económicos de las empresas. También es necesaria una mayor flexibilidad en lo referido al almacenamiento de residuos y la distribución de las materias primas secundarias, para garantizar su suministro a las industrias europeas. Asimismo, las ayudas fiscales o subvenciones pueden ser una herramienta útil para garantizar la actividad de las empresas del sector del medio ambiente.

 

 

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