Entre las consecuencias del cambio climático con mayor impacto en la población se encuentran las olas de calor, que cada vez son más frecuentes y abarcan más días. Además, la subida de temperaturas incide de manera más intensa en las ciudades, debido a las llamadas islas de calor urbanas, que dificultan la disipación del calor acumulado. Ante este tipo de fenómenos cada vez es más necesario habilitar e identificar espacios en las ciudades que sirvan para que los habitantes se protejan de las altas temperaturas. Se trata de los refugios climáticos, una solución basada en la naturaleza que proporciona confort térmico, descanso y seguridad para la población.

La FAO define a los refugios climáticos como “áreas donde tanto las amenazas climáticas como las no climáticas puedan mantenerse bajo control”. Como es lógico, en la naturaleza pueden encontrarse este tipo de ambientes de manera habitual, pero en las ciudades es preciso planificar la incorporación de este tipo de espacios. Al aplicar este concepto a los entornos urbanos, se busca identificar aquellos espacios, tanto zonas naturales como interiores, que presentan condiciones ambientales benignas para protegerse de un contexto climático desfavorable.
En definitiva, se trata de áreas que la ciudadanía puede aprovechar en los días más calurosos para descansar un rato, refrescarse y luego continuar con sus actividades. Muchos municipios cuentan ya con este tipo de soluciones con condiciones ambientales favorables, que en general se trata de espacios existentes con un uso definido que también pueden cumplir las funciones de refugio climático. Aunque inicialmente su uso como refugios solo se habilitaba durante las olas de calor, el impacto del calentamiento global ha originado que los ayuntamientos ofrezcan este servicio durante toda la temporada estival.
Refugios climáticos interiores y exteriores
Este tipo de espacios pueden ser interiores o exteriores, pero siempre su función desde el punto de vista climático es disminuir el efecto negativo que el calor pueda tener en los habitantes de la ciudad. Para ello, se ofrecen lugares con mejores condiciones térmicas de las que se puedan encontrar en otras zonas de la ciudad. Otra condición es que su uso sea gratuito para la ciudadanía.
Los refugios climáticos interiores son edificios, por lo general con aire acondicionado o que naturalmente presentan temperaturas más confortables que en el exterior, que disponen de agua para refrescarse y zonas para descansar y recuperarse de la fatiga que pueden provocar las altas temperaturas. En las ciudades, este tipo de espacios pueden ser centros cívicos, estaciones de transporte, centros comerciales, bibliotecas, equipamientos deportivos (como pabellones o gimnasios), museos y salas de exposiciones, entre otros.
Los refugios climáticos exteriores son zonas verdes que presentan alta densidad de vegetación y sombra; como parques, paseos con árboles, riberas de ríos o estanques; lo que provoca que la temperatura baje respecto a su entorno. También las fuentes y espacios con agua en general pueden funcionar como refugios climáticos en las ciudades.
Las infraestructuras verdes en la ciudad constituyen soluciones basadas en la naturaleza, que pueden planificarse y distribuirse con un sentido de función pública, y que cada vez están más presentes en la planificación territorial urbana. Por ejemplo, los bosques urbanos pueden constituir una manera muy asequible para contrarrestar el llamado “efecto isla de calor”, creando además entornos más sostenibles y resilientes.
En general, se considera que los refugios climáticos deben reunir una serie de características:
-Tienen que mantener una humedad, flujo de aire y temperatura adecuadas, en torno a los 26 ºC.
-Su acceso debe ser gratuito y han de ser accesibles para toda la población, sobre todo para los grupos más vulnerables (niños, mayores, personas enfermas et.).
-Su señalización debe ser visible. Es buena idea impulsar aplicaciones o directorios para informar de su disponibilidad a la población.
-Las instituciones han de ajustar los horarios de apertura y cierre, calendario de actividades, personal disponible etc. para que puedan cumplir adecuadamente su función de refugio climático. Especialmente, tienen que estar disponibles en la temporada de verano.
-Deben contar con los recursos adecuados, como áreas de descanso con asientos y agua potable.
En cualquier caso, actualmente la mayoría de refugios climáticos de las ciudades funcionan como una respuesta puntual y reactiva, y esto puede resultar insuficiente ante el aumento de la temperatura global. Por ello cada vez será más común que las ciudades emprendan actuaciones de mejora arquitectónica y renaturalización de espacios, para que de esta manera se palie el calentamiento adicional que los entornos urbanos experimentan en épocas de calor excesivo, provocado por causas como la contaminación o la falta de disipación de temperaturas, que inciden de manera directa en la población.
Refugios climáticos en Euskadi
En Euskadi es cada vez más común que los municipios habiliten espacios como refugios climáticos. En Bilbao existen 131 refugios climáticos, 65 de ellos interiores y 66 exteriores, distribuidos a lo largo de toda la ciudad y que están debidamente identificados. Donostia cuenta con 89 refugios climáticos en total, 37 interiores y 52 exteriores, y Vitoria-Gasteiz dispone de 40 refugios interiores y un buen número de zonas arboladas y/o con agua.
Habitualmente se comunica a la población de su disponibilidad con el inicio de la temporada estival, pero es recomendable que los ciudadanos se mantengan informados de la activación de las Alertas por olas de calor, por parte de Euskalmet.
En Euskadi se está desarrollando el proyecto Urban Klima 2050, que integra distintas actuaciones en materia de acción climática. Entre ellas, Tecnalia ha impulsado una herramienta para analizar los beneficios psicosociales de naturalizar los espacios urbanizados. Las conclusiones son que la naturalización y apertura de espacios urbanos pueden ser beneficiosas para la calidad de vida de la ciudadanía, mejorando su confort y ayudando a que se recuperen del cansancio o la fatiga provocada por el exceso de calor.