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13 Sep 2024
Blog Aclima

La competitividad, la innovación y el aumento de la inversión son las claves para asegurar la descarbonización de la economía europea – Informe Draghi

Esta semana se ha presentado el informe de Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo, sobre la competitividad de la UE y que constituye la base de la nueva “Estrategia Industrial Limpia” que la Comisión Europea presentará próximamente. En él se diagnostican los problemas de competitividad de Europa, y se plasma la absoluta necesidad de apostar por la industria, reducir los precios de la energía y profundizar en el mercado único para impulsar la economía. Entre las prioridades que se apuntan está impulsar el sector tecnológico y garantizar una transición exitosa hacia la neutralidad climática. Para ello, plantea un incremento de la inversión sin precedentes, hasta 800.000 millones de euros cada año, lo que supone el 5% del PIB europeo.

El informe está dividido en dos partes, la principal en la que se plantea una estrategia de competitividad para Europa, y otra en la que se detallan las políticas sectoriales. La conclusión es que el desarrollo sostenible en Europa solo puede alcanzarse si se aumenta la productividad y competitividad de la economía. Así, es prioritario acelerar la innovación, abaratar la energía sin renunciar a la descarbonización y reducir dependencias estratégicas, particularmente en materias críticas.

Para trascender el contexto actual, marcado por la crisis energética, la guerra en Ucrania, el envejecimiento de la población y el subyacente estancamiento económico, se propone un notable aumento de la inversión, entre 750.000 y 800.000 millones de euros en inversiones adicionales anuales, prácticamente el 5% del PIB de la UE. Este incremento no tiene precedentes y para comprender su escala hay que considerar que el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial no alcanzó el 2% del PIB. Con esta financiación se quiere mantener la competitividad y paliar la brecha tecnológica con EE.UU. y China, resultando en aumentos de productividad de alrededor del 6% en 15 años.

Aunque Europa cuenta con las bases necesarias para convertirse en una economía altamente competitiva y, de hecho, representa en la actualidad el 17% del PIB mundial, es innegable la progresiva pérdida de competitividad, causada en gran medida por el lesivo precio de la energía. En concreto, la producción de industria con uso intensivo de energía en la UE ha caído entre un 10 y un 15% desde 2021.

Frenos a la competitividad

Europa tiene un problema demográfico, y se espera que para 2040 su población activa se reduzca en casi 2 millones de trabajadores al año, mientras que la proporción entre trabajadores y jubilados pasará de 3:1 a 2:1 aproximadamente. Además, el 77% de las empresas europeas afirman que los empleados recién contratados no tienen las cualificaciones necesarias.

Pero la principal inquietud para Draghi es la pérdida de productividad, que lleva a que Europa haya perdido terreno frente a sus competidores globales en las últimas dos décadas. Si en 2002 la diferencia entre el PIB de la UE y EE.UU. era del 15% en 2023 esta diferencia escaló hasta el 30%, y para el informe el menor nivel de productividad europeo es el principal causante. Y en el centro del problema está el sector tecnológico, ya que el posicionamiento de la UE es débil en las tecnologías emergentes y digitalización. Se atribuye a las deficiencias del ciclo de vida de la innovación el retraso en este ámbito, que se percibe en que la aplicación de innovaciones sea menor de la debida, como consecuencia de que el gasto público es insuficiente y está mal enfocado, los centros de conocimiento han empeorado su posición a escala global, y existen numerosos obstáculos reglamentarios, sobre todo para las empresas de nueva creación. Todo ello impide que exista un verdadero mercado único que permita acelerar la adopción de tecnologías avanzadas. Por ello, en el informe se anima a simplificar la regulación europea y aumentar el esfuerzo en financiación para para promover los sectores tecnológicos, entre ellos el de las tecnologías limpias.

La oportunidad de la descarbonización

Alcanzar la neutralidad climática supone para Europa la oportunidad de desarrollar y exportar tecnologías limpias a todo el mundo, reducir el precio futuro de la energía, y reforzar su seguridad energética. Sin embargo, para descarbonizar la economía se requiere una mejor coordinación de las políticas europeas, ya que no puede permitirse que la transición verde sea una rémora para la competitividad, por eso es imprescindible que en el camino hacia la sostenibilidad se cuide la posición competitiva de la industria europea. Además, aumentar la productividad también permitirá sostener las inversiones públicas necesarias para digitalizar y descarbonizar la economía.

Para reorientar la aplicación del Pacto Verde se necesita impulsar la creación de nuevo empleos en este ámbito, que apoye la traslación de la transición climática a la realidad de los ciudadanos. También se aboga por una mayor flexibilidad de la legislación medioambiental con el objetivo de facilitar el desarrollo de las energías renovables. Así, se plantea la posibilidad de exenciones limitadas en tiempo y geográficamente, y se hace una llamada para impulsar una estrategia industrial específica para las tecnologías limpias y acabar con las deficiencias de su ecosistema de innovación.

La electrificación del sistema energético será un factor de crecimiento para el sector del transporte sostenible, pero la irrupción de China en este mercado sugiere que es necesario un mayor esfuerzo en innovación y potenciar la producción industrial relacionada. Además, se aboga por la adopción de un plan de acción industrial para el sector automotriz.

Entre las medidas para la protección de las energías sostenibles se citan el impulso de las energías renovables, desacoplando el precio de la electricidad respecto a los combustibles fósiles, simplificando los trámites administrativos para el despliegue de infraestructuras de energías renovable. También se pide apostar por modernizar y expandir las redes eléctricas europeas trasnacionalmente, para impulsar las energías limpias y ajustar su precio en toda Europa. Además, considera necesario invertir más en tecnologías de almacenamiento de energía y mecanismos de flexibilidad, como las redes inteligentes, y fomentar la autogeneración y el autoconsumo. De igual manera, se considera clave asegurar el acceso energético competitivo a sectores industriales clave, y promover los productos financieros específicos que faciliten los contratos a largo plazo entre grandes consumidores industriales y generadores de energías renovables.

El precio de la energía se identifica como uno de los mayores riesgos para la industria europea. Actualmente a esta le cuesta un 158% más la electricidad y un 345% más el gas natural que a la industria estadounidense. De hecho, la producción industrial con uso intensivo de energía en la UE ha disminuido entre un 10 y un 15% desde 2021, por lo que es necesario un mayor apoyo institucional y reducir los impuestos a la energía.

También se plantea fortalecer los vínculos a largo plazo con socios comerciales confiables y diversificados, acelerar la concesión de permisos para plantas y redes eléctricas, e impulsar una mayor compra conjunta de gas por parte de los gobiernos nacionales. De igual manera, se aboga por canalizar más fondos del sistema de comercio de carbono (ETS) hacia la industria pesada y subastas de apoyo público específicas para nuevas industrias incipientes. Además, se pide proteger a las empresas europeas ante los rivales internacionales que no se enfrentan a la fijación de precios del carbono.

Como medidas para armonizar el mercado energético y promover la innovación en nuevas tecnologías energéticas se plantea una reforma fiscal para establecer impuestos comunes, ajustar las intervenciones para reducir los precios de la energía evitando que se generen desigualdades entre países, fortalecer la gobernanza energética a nivel europeo, y aumentar la financiación de la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías energéticas.

Materias críticas y Economía Circular

La Economía Circular sobre todo con relación al uso de materias críticas también destaca en el informe como un elemento clave para asegurar la competitividad de la industria europea en un contexto en el que son fundamentales para el desarrollo de productos estrechamente ligados e imprescindibles con la transición energética y ecológica.

En el informe se asegura que respecto a las materias críticas Europa necesita una estrategia coordinada que cubra toda la cadena de valor, desde las materias primas hasta los productos finales. Actualmente la industria europea depende del abastecimiento de minerales críticos, esenciales para la transición energética, pero esta dependencia estratégica también se sufre en el campo de tecnologías esenciales para la digitalización, en particular los semiconductores. Para paliar este problema, se aboga por la plena aplicación de la ley sobre materias primas críticas y desarrollar estrategias comunes con otros compradores de países afines a sus intereses.

La Ley de Materias Primas Críticas aprobada por la Unión Europea supuso ya un avance relevante que marcaba objetivos y acciones concretas para establecer un suministro constante y sostenible de materias críticas fundamentales que no se viera afectado por el alto riesgo de sufrir interrupciones que ha dibujado un contexto de escasez para determinados sectores en los últimos años. La legislación impulsada desde Bruselas planteaba ya incrementar y diversificar el suministro de materias primas críticas para la UE, apoyar la investigación y el desarrollo de posibles materias sustitutivas además de aumentar la eficiencia en el uso de estas, pero, sobre todo, establecía un marco para reforzar la circularidad de las mismas a través del reciclado.

Ahora, Draghi refleja en su informe diversas medidas estratégicas que pretenden impulsar la ejecución de esta legislación que establece como prioritaria en la senda de recuperación y fortalecimiento de la competitividad y autonomía industrial de los 27 otorgando una mención especial a las medidas de impulso de la circularidad de materiales presentes en por ejemplo vehículos eléctricos retirados o molinos de viento.

El documento propone la creación de un mercado único de residuos que impulse la rentabilidad de los procesos de reciclaje y facilite así la adopción de soluciones derivadas de la Economía Circular afirmando a su vez que la Unión podría satisfacer la mitad o incluso las tres cuartas partes de sus necesidades en lo que respecta a los metales que se utilizan en el desarrollo de tecnologías limpias a través del reciclaje local. Todo lo anterior deberá tener su reflejo en el refuerzo del mercado secundario de materias primas críticas provenientes del reciclado y también una aplicación eficaz de la legislación actual sobre la recogida y el traslado de residuos que de lugar a un aumento significativo en el volumen total de materias críticas recuperadas para su reutilización que también tendrá ecos en lo que respecta a la exportación de residuos fuera de las fronteras comunitarias. Todo lo anterior creará un mercado dinámico en lo que se refiere a la reintroducción en los procesos productivos de la industria europea de materias primas tratadas para su reutilización que favorecerá la financiación de proyectos concretos que fomenten la descarbonización, no solo a través de la transición energética sino también el uso eficiente de los recursos disponibles.

Nueva estrategia industrial europea

Uno de los puntos fuertes del informe es su propuesta de una nueva estrategia industrial para Europa, como modo de responder a los retos que el futuro plantea. Los ejes en las que se fundamentaría son la profundización en el mercado único; la mejora de la gobernanza comunitaria para simplificar la reglamentación y trámites administrativos; la alineación de las políticas industriales, comerciales y de competencia; y el aumento de inversión, hasta alcanzar el 5% del PIB anual.

Actualmente, el presupuesto de la UE representa poco más del 1% de su PIB y, según el documento, su fragmentación en muchos programas de inversión frena la financiación de grandes proyectos estructurales. Otro dato a tener en cuenta es que en 2028 comenzará el reembolso de los préstamos del programa NextGenerationEU, lo cual inevitablemente va a limitar el gasto comunitario. Por eso se propone un aumento del presupuesto para apoyar más eficazmente la inversión privada, además de propugnar la unión bancaria y de mercados de capitales. En el informe se incluyen simulaciones de la CE y el FMI que avalan que el aumento de la inversión propuesto es sostenible y que se puede impulsar sin dañar la economía europea.

Además, se insiste en que la innovación y la soberanía tecnológica son las áreas en las que los esfuerzos deben focalizarse, como herramientas para el crecimiento económico y el aumento de la competitividad, que son metas irrenunciables para garantizar el desarrollo sostenible y los objetivos climáticos y ambientales de la UE.

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