
30ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ha comenzado en Bélem con un mensaje de esperanza, la Presidencia de la COP30 cree que aún es posible limitar el calentamiento global a 1,5 °C. Sin embargo, hechos como que este año y por vez primera en la historia Estados Unidos no haya enviado ningún representante gubernamental a la cumbre del clima, o que 64 países de los 113 que en total han presentado sus nuevas metas de reducción de emisiones contaminantes (NDC) lo hayan hecho a última hora demuestran la inestabilidad del compromiso internacional con la acción climática. Precisamente para reforzarlo la COP30 ha incluido en la mesa oficial de negociaciones por vez primera en la historia el debate sobre la desinformación y el negacionismo. Este será uno de los focos de la cumbre, que se articula en torno a tres grandes ejes: la mitigación de emisiones, la adaptación al cambio climático y la movilización de fondos para ayudar a los países menos desarrollados a hacer frente a la crisis climática.
Expertos del IPCC han anunciado que esperan que la COP30 suponga un espaldarazo para abandonar los combustibles fósiles, acabar con la deforestación en los bosques tropicales, consolidar instrumentos para la financiación climática, implementar políticas de adaptación y reforzar el multilateralismo.
El Informe sobre la brecha de emisiones 2025 del PNUMA alerta de que siguiendo con las políticas vigentes el planeta se enfrentaría a un aumento de 2,8 ºC este siglo, mientras que cumpliendo los compromisos climáticos el incremento sería de entre 2,3 y 2,5 ºC. Ninguno de estos escenarios es cercano a la mitigación de 1,5 ºC fijada como objetivo, y lo cierto es que el planeta está inmerso en una constante subida de temperaturas. Según el último análisis de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la temperatura media mundial entre enero y agosto de 2025 fue 1,42 ºC superior a la de la era preindustrial, por lo que es previsible que este año sea el segundo o el tercero más cálido desde que se inició el registro de observaciones. La progresión es tal que cada uno de los últimos once años, de 2015 a 2025, habrá sido uno de los más cálidos jamás registrados.
Para cumplir los objetivos del Acuerdo de París es necesario reducir anualmente en un 35% las emisiones para 2035 respecto a los niveles de 2019, para limitar el aumento a 2 ºC, y en un 55% para alcanzar los 1,5 ºC. Según los cálculos de la ONU, con las nuevas NDC presentadas se prevé una reducción del 12% en las emisiones globales en 2035 con respecto a los niveles de 2019, pero la presidencia de la COP30 ha querido lanzar un mensaje de esperanza, abogando por apostar por transformaciones tecnológicas, sociales y económicas que hagan factible limitar el calentamiento global a 1,5 ºC. Recordemos que la UE ha anunciado que reducirá sus emisiones de CO2 un 90% para 204 respecto a 1990, y China, por su parte, en la actualización de su NDC se ha comprometido a una disminución del 7-10% de emisiones respecto a 2024, además de que un análisis certifica que sus emisiones de CO2 llevan 18 meses sin aumentar. El país asiático también ha presentado, junto a Brasil y Reino Unido, una iniciativa para reducir las emisiones de metano. Pero en el otro lado de la balanza el gobierno estadounidense muestra una postura escéptica sobre las políticas climáticas.
En la cumbre se ha dado a conocer que España liderará las negociaciones sobre cómo acelerar la reducción global de emisiones. En concreto, la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España Sara Aagesen junto a su homólogo egipcio son los encargados de conducir los debates técnicos y políticos en materia de reducción de emisiones.
En lo que respecta a la adaptación al cambio climático, se pretende alcanzar un consenso para establecer una serie de indicadores de adaptación, con la idea de poder medir qué países son más vulnerables a la emergencia climática y actuar en consecuencia. Por el momento, los expertos manejan una lista de cien elementos, pero las negociaciones están todavía abiertas. Y es que no solo se trata del aumento de temperaturas, es evidente que los fenómenos meteorológicos extremos van en aumento y en los últimos días, coincidiendo con la inauguración de la cumbre se registró un tornado en Brasil y una sucesión de tifones en Filipinas. De hecho, la última actualización del Índice de Riesgo Climático Global de Germanwatch revela que los fenómenos meteorológicos extremos han causado más de 832.000 muertes y 4,5 billones de dólares de pérdidas entre 1995 y 2024. En palabras de Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático: “No podemos seguir mirando hacia otro lado mientras los desastres climáticos siguen robando vidas, afectando al bienestar de miles y dañando la economía”.
Uno de los mecanismos de adaptación ya presentados en la COP30 es el TFFF, una iniciativa propuesta por Brasil encaminada a proteger los bosques tropicales. Se trata de un fondo fiduciario global, administrado inicialmente por el Banco Mundial, concebido para que, en vez de donaciones, el dinero vehiculado a los países venga de los rendimientos financieros generados. Brasil estima que en dos años las naciones inviertan 25.000 millones de dólares, además de conseguir otros 100.000 millones de capital privado. Hasta ahora, el fondo ha recibido compromisos de financiación por cerca de 5.500 millones de dólares por parte de 53 países.
Financiación climática
Pero el gran fondo de la cuestión es el monetario, la intención de la COP30 es movilizar fondos para ayudar a los países menos desarrollados a afrontar las consecuencias del cambio climático.
Azerbaiyán, anfitrión de la COP29, y Brasil publicaron hace unos días una hoja de ruta para pasar de los 300.000 millones de dólares comprometidos el año pasado a los 1,3 billones de dólares anuales de financiación para los países en desarrollo para 2035. Entre las medidas que se recogen en el documento se encuentran ideas como gravar la moda de lujo, la tecnología y los productos militares. En ese sentido, el presidente de Brasil ha criticado el aumento del gasto militar por parte de las potencias, afirmando que “sería mucho más barato invertir 1,3 billones de dólares anuales para resolver el problema climático que los 2,7 billones que se gastaron en guerras el año pasado”. Los países africanos han subrayado durante la COP30 la urgencia de que los países desarrollados respalden sus palabras con dinero, ya que los efectos del clima ya están reduciendo hasta un 5% el PIB de África cada año.
En la COP30 se ha presentado la Declaración de Belém sobre Hambre, Pobreza y Acción Climática Centrada en las Personas, que aboga por una financiación internacional para la acción climática más justa, y que ha sido suscrita por 43 países y la UE. En ella se propone que de los 1,3 billones de dólares anuales de financiación que se pretenden alcanzar, al menos 300.000 millones sean destinados anualmente a países en desarrollo hasta 2035. También se ha suscrito una Declaración contra el racismo ambiental, que argumenta que los pueblos indígenas y las poblaciones locales de los países menos favorecidos son quienes más sufren los fenómenos climáticos extremos, la pérdida de biodiversidad y otros problemas ecológicos como la alta exposición a la contaminación.
Por su parte, España ha anunciado que aportará 35 millones de euros al Fondo Estratégico para el Clima (SCF), convirtiéndose junto a Alemania en los primeros países en contribuir a este programa. Ambas aportaciones superan los 100 millones de dólares en financiación
La financiación seguirá siendo un tema de vital importancia en el desarrollo de la cumbre, puesto que frente a los países más refractarios a aumentar el gasto climático la ONU ha afirmado que la inacción climática acarreará estancamiento económico e inflación, “ya que los desastres climáticos reducen el PIB en dos dígitos” y las megasequías arruinan las cosechas nacionales y disparan los precios de los alimentos. Por ello, hace un llamamiento a acordar medidas concretas con resultados sólidos y claros, en ámbitos como, por ejemplo, la triplicación de las energías renovables y la duplicación de la eficiencia energética.
Contra el negacionismo
La cumbre de Bélem también será recordada como la primera que ha incluido en la mesa de oficial de negociaciones el debate sobre la integridad de la información, para combatir el negacionismo climático, que en los últimos tiempos está consiguiendo más espacio y atención. Esto significa que se tratará al mismo nivel político que la lucha contra las emisiones, las políticas de adaptación y la movilización de fondos climáticos.
Si bien la COP26 puso en marcha la coalición internacional Climate Action Against Disinformation (CAAD), con el objetivo de contrarrestar las informaciones falsas sobre la crisis climática, este problema está repuntando, quizá ayudado por el escepticismo de la presidencia estadounidense. Brasil impulsó en la última reunión del G20 la creación de la “Iniciativa Global por la Integridad de la Información sobre el Cambio Climático”, un tratado respaldado por gobiernos y organizaciones internacionales, pero se pretende que la COP30 sirva también para consolidar un marco de colaboración entre gobiernos, plataformas digitales y sociedad civil que promueva la información veraz y combata la manipulación informativa, promoviendo mecanismos de transparencia para plataformas digitales y redes sociales, así como códigos de conducta para gobiernos y empresas que limiten las narrativas de “greenwashing”.
En este sentido, diez países, entre los que se encuentra España, se han sumado a una declaración conjunta en la COP30 por la que se comprometen a promover “la integridad de la información climática”, ofreciendo contenido preciso y basado en pruebas científicas.
Otros temas
Esta primera semana también ha servido para el lanzamiento de la Iniciativa Global “Jobs & Skills for the New Economy”, que ha presentado su primer informe y plan de acción para crear empleos verdes y fortalecer las capacidades laborales en sectores sostenibles. La propuesta busca orientar la formación profesional hacia las necesidades de la nueva economía baja en carbono y favorecer la inclusión de jóvenes y mujeres en el mercado verde.
También se ha hecho pública la Declaración Ministerial sobre Contratación Pública Sostenible, orientada a incorporar criterios ambientales y sociales en los procesos de compra del sector público para incrementar la demanda de productos y servicios sostenibles.