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18 Mar 2026
Blog Aclima

Las algas, un recurso clave para combatir el cambio climático y avanzar en sostenibilidad

Las algas son un elemento subestimado, cuyo aprovechamiento puede suponer una palanca de gran importancia para la reducción de emisiones y en otros aspectos relacionados con el medio ambiente y la sostenibilidad. Se trata de una fuente nutritiva con baja huella ambiental, con gran capacidad de absorción de CO2, útiles para purificar el agua, que no necesitan agua dulce ni tierra de cultivo y pueden aplicarse a la fabricación de piensos animales, bioplásticos, biocombustibles o textiles. Teniendo en cuenta que las previsiones demográficas alertan de que para el año 2050 la producción alimentaria mundial debería ser un 70% superior a la actual para poder alimentar a la población del planeta, es urgente investigar y aprovechar las posibilidades de este recurso, que también constituye una herramienta poderosa para combatir el cambio climático.

En este sentido, un reciente estudio de la Comisión Europea explora el potencial de las algas para producir biofertilizantes y bioestimulantes, ayudar a mitigar el cambio climático, apoyar sistemas sostenibles de alimentación humana y animal, y aplicarlas a la limpieza de las aguas residuales. Se trata, en definitiva, de desplegar todos los recursos disponibles para impulsar la Economía Azul en la UE, mediante iniciativas sostenibles e innovadoras, que consigan promover el uso de las algas, ya que actualmente su volumen de producción es bajo y su cultivo costoso. Hoy en día se recolectan cada año aproximadamente 132.700 toneladas de algas arrastradas a las playas y 130.000 toneladas de algas en estado silvestre en 12 países de la UE, pero los expertos calculan que anualmente llegan a las playas europeas hasta 1,17 millones de toneladas de algas.

Las algas pueden clasificarse en macro y microalgas, de agua dulce, salobre o marinas. Algunas especies de macroalgas marinas contienen niveles tan altos de proteína que se emplean como complementos nutricionales. Además, no requieren agua dulce ni tierra de cultivo, y presentan mayor productividad de proteína por unidad de superficie en comparación con cultivos terrestres como la soja, leguminosas o el trigo. Asimismo, pueden cultivarse en hábitats marinos y de agua dulce, estanques o fotobiorreactores. Todos estos factores las convierten en una solución ideal para mejorar la sostenibilidad agrícola, un aspecto fundamental para hacer frente al previsible aumento demográfico mundial.

Beneficios ambientales y climáticos de las algas

Las algas producen menos emisiones de CO2 que otros recursos alimenticios, y capturan dióxido de carbono de la atmósfera mediante la fotosíntesis. Además, colaboran en reducir la acidificación de los océanos gracias a que absorben nutrientes inorgánicos como nitrógeno y fósforo.

Una investigación realizada por la Universidad de Australia Occidental (UWA) afirma que el conjunto de algas en el planeta puede absorber tanto carbono como la selva amazónica, o sea, el equivalente a 1,6 millones de árboles, unas 36 millones de toneladas. Otro estudio realizado por científicos europeos ha estimado que las algas pueden captar hasta 3,6 gigatoneladas de carbono por año, lo que representa aproximadamente un 30% de las emisiones anuales humanas de CO2 a nivel global.

Pero no todas las algas tienen el mismo potencial de absorción de carbono, las que crecen en climas más fríos son más eficientes debido a su rápido crecimiento y a que habitan un entorno de aguas profundas más ricas en nutrientes. En concreto, los expertos estiman que los bosques de algas en aguas europeas, unos 902.000 km2, podrían capturar hasta 23,5 millones de toneladas de carbono al año. El valor económico estimado de absorber y almacenar esta cantidad de carbono podría alcanzar los 17.400 millones de euros en daños sociales evitados al año.

Pero es que, además, las algas son grandes productoras de oxígeno y mejoran la calidad del agua, ya que en su nutrición absorben elementos como el nitrógeno y fósforo, reduciendo en nivel de acidificación de los océanos y recuperando cuerpos de agua eutrofizados.

Nutrición e industria alimentaria

Las algas son una excelente fuente de proteínas, vitaminas y minerales, por lo que constituyen una alternativa nutritiva y sostenible a otros alimentos. Actualmente su uso como complemento alimentario está popularizado, debido a su alto contenido proteico, pero el cultivo de algas con fines alimenticios tiene unas posibilidades enormes, ya que no requiere grandes extensiones de tierra fértil y puede realizarse en zonas costeras o marinas, sin ocupar terreno que ya se dedica a la agricultura.

Hay que tener en cuenta que la agricultura convencional emplea alrededor del 70% del uso global de agua dulce, mientras que el cultivo de algas no requiere agua potable ni sistemas de riego, por lo que se convierte en una opción agrícola más sostenible y eficiente. Esto significa que su impacto ambiental es sensiblemente inferior, y provoca una menor huella de carbono además de evitar la degradación de ecosistemas terrestres.

Otro aspecto interesante de las algas es su uso como biofertilizantes y bioestimulantes del suelo, mejorando la fertilidad y la salud de los cultivos, puesto que contienen compuestos naturales que potencian el crecimiento de los mismos.

Asimismo, su empleo en piensos para animales puede mejorar la salud y el crecimiento de estos, disminuyendo también las emisiones de metano en rumiantes. Su rendimiento es comparable al de los piensos tradicionales, y pueden utilizarse tanto para ganado terrestre como en acuicultura. Además, diversos estudios han demostrado que los piensos que emplean algas pueden minimizar emisiones de metano del ganado hasta en un 80%. Hay que recordar que el metano es uno de los principales gases responsables del calentamiento global, y que se estima que la ganadería produce aproximadamente un 15% del total de emisiones de este gas.

Recurso que favorece la sostenibilidad

La biomasa de las algas puede transformarse en biocombustibles, bioplásticos y textiles, creando una economía circular a partir de una fuente renovable. De hecho, aplicadas a la construcción se pueden crear materiales con propiedades aislantes y capaces de absorber contaminantes, reduciendo la huella de carbono de los edificios.

Actualmente son muy empleadas en la industria cosmética por sus propiedades hidratantes, antioxidantes y antiinflamatorias; pero las investigaciones para su uso en medicina, debido a su capacidad antinflamatoria, son cada vez más numerosas.

Proyectos europeos

La investigación en torno al potencial de las algas es uno de los campos que iniciativas europeas, como Horizonte Europa, o el Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura están desplegando. Así, proyectos como ALGAENAUTS, KELP-EU, ULVA FARM, Seafood Algternative, MARINEGLYCAN, ASPIRE, NENU2PHAR, WWTBP-by-Microalgae, Biosolar Leaf, o Cyanobacteria se ocupan de analizar alternativas para aprovechar las amplias posibilidades de las algas en distintos ámbitos. No en vano, las algas pueden resultar clave en iniciativas como la Estrategia «De la Granja a la Mesa», la Estrategia Europea de Bioeconomía o la Estrategia para un «crecimiento azul».

Por su parte, en Euskadi también se están desarrollando proyectos como ALGAKIN, liderado por NEIKER y que tiene como objetivo impulsar el uso de microalgas en procesos sostenibles, o la Basque Microalgae Culture Collection (BMCC), una colección científica que preserva y mantiene más de 700 cepas de microalgas y cianobacterias, tanto marinas como de agua dulce.

Además, Euskadi cuenta también con ejemplos empresariales en este ámbito como el de  Bromalgae. Es una empresa especializadas en el cultivo de microalgas siendo pionera en su uso para la biorremediación ambiental sostenible o el desarrollo de productos innovadores en el ámbito de la nutrición, la cosmética o los ingredientes sostenibles.

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