La descarbonización industrial es un proceso complejo, pero esencial para alcanzar la neutralidad climática, en el que se combinan innovación tecnológica, políticas públicas, inversión estratégica y colaboración internacional para transformar la industria hacia un modelo más sostenible y competitivo.
Los principales desafíos para abordar la descarbonización industrial son la alta inversión inicial que supone, junto a la necesidad de nuevas infraestructuras, la disponibilidad tecnológica y la adaptación a regulaciones estrictas. Sin embargo, ofrece beneficios económicos y competitivos, así como la reducción de costes operativos, el acceso a financiación verde, la mejora de la reputación corporativa y la creación de empleo de alto valor añadido.
Es cierto que no existen fórmulas mágicas para adaptarse a estas transformaciones y retos que afronta la actividad industrial, pero sí están al alcance de todos los ingredientes para que cada empresa elabore su propia receta.
Euskadi, al igual que el resto de las economías avanzadas, se enfrenta a las tres grandes transiciones: verde y climática, demográfica y social, y digital, que exigirán inversiones sin precedentes. Con cerca del 24% de su PIB industrial, avanza en este sentido con ayudas e iniciativas que permitan a su industria adaptarse a esta nueva realidad económica.
Entre estas iniciativas figuran el proyecto BasquESG, que tiene como objetivo crear un sistema de reporte y evaluación de sostenibilidad propio, con el fin facilitar a las pymes vascas el cumplimiento de estos requisitos que solicitan grandes empresas y entidades financieras, y el Hub norte de CO2, impulsado por el Ente Vasco de la Energía, Enagás e industrias de Euskadi, Navarra y Cantabria que son intensivas en consumo de energía y, por tanto, se consideran “difíciles de descarbonizar”. Vicrila participa activamente en ambos proyectos. Para asentar el crecimiento y generar valor económico, social y ambiental a largo plazo de una manera responsable y eficiente, el desarrollo sostenible debe ser ya el pilar fundamental del plan estratégico e industrial de las compañías.
¿Por qué? Porque una estrategia integral en sostenibilidad mejora la competitividad y la resiliencia de la empresa frente a cambios en el mercado; reduce costos gracias a la eficiencia en el uso de recursos; genera confianza y fidelidad con sus empleados, clientes y resto de grupos de interés; e identifica oportunidades de negocio vinculadas al desarrollo sostenible.
Para terminar y volviendo al concepto de la receta ideal, les quiero compartir los ingredientes que a lo largo de mi experiencia profesional han demostrado ser claves para mantener un proyecto industrial durante varias décadas y, además, asegurar un futuro sólido y competitivo:
Apuesta por el origen y el arraigo al territorio donde desarrolla su actividad, cuidado de los trabajadores, inversión continua en los medios de producción, innovación para tener un producto de calidad y referente en el mercado, y un compromiso férreo con la sostenibilidad, que es un camino sin meta que debemos y queremos recorrer.
Fuente: Noticias de Gipuzkoa