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26 Apr 2024
Blog Aclima

La contaminación sonora, un riesgo poco valorado pero con importantes efectos en la salud

Paradójicamente tendemos a hacer oídos sordos a la contaminación acústica, minusvalorando sus efectos y gravedad. Pero lo cierto es que la OMS la considera uno de los factores ambientales que induce más problemas de salud y, según AEMA, contribuye a provocar unas 12.000 muertes prematuras en Europa. En la actualidad cerca del 20% de la población europea está expuesta a ruido que perjudica su salud a largo plazo y las previsiones de la OMS alertan de que para 2050 una de cada cuatro personas presentará problemas auditivos. Por todo ello, el control y evaluación de los niveles de ruido, sobre todo en los entornos urbanos, es una variable de vital importancia para gestionar adecuadamente la salud de la ciudadanía.

Podemos definir el ruido como un sonido inarticulado que resulta desagradable al oído. La vida en las ciudades acarrea que la mayoría de la población se encuentre expuesta en mayor o menor medida a estos sonidos, que se perciben como más molestos cuanto mayor sea su duración, repetición y volumen. El MITECO define la contaminación acústica como “la presencia en el ambiente de ruidos o vibraciones, cualquiera que sea el emisor acústico que los origine, que impliquen molestia, riesgo o daño para las personas, para el desarrollo de sus actividades o para los bienes de cualquier naturaleza, o que causen efectos significativos sobre el medio ambiente.” Por su parte, la Organización Mundial de la Salud considera como ruido cualquier sonido superior a 65 decibelios, y los expertos explican que el ruido se vuelve dañino si supera los 75 decibelios y doloroso a partir de los 120 decibelios.

Para recordarnos la relevancia de la contaminación sonora desde 1996 el último miércoles de abril se celebra el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, una manera de concienciar tanto a las instituciones como a los ciudadanos de los peligros que genera la exposición al ruido a largo plazo. Se trata de una problemática muy compleja en la que intervienen diversas causas como el tráfico automovilístico y aéreo, las obras públicas, la restauración y el ocio nocturno o la actividad industrial. Además, cada ciudad, municipio y país cuentan con una legislación diferente, por lo que se hace difícil abordar este problema de una manera integral.

Un problema de primer orden

Como decíamos, la Organización Mundial de la Salud alerta de que el ruido es la segunda causa ambiental de problemas de salud, justo por detrás de la contaminación atmosférica. Y además, este problema irá en aumento, no en vano sus previsiones advierten de que en 2050 una de cada cuatro personas en el planeta presentará problemas auditivos, concretamente el 75% de los residentes en grandes ciudades sufren o sufrirán algún grado de pérdida auditiva y 700 millones de personas necesitarán atención médica por esta causa. Las razones tienen que ver con el crecimiento urbano y la cada vez mayor demanda de movilidad.

En lo que se refiere a Europa, los datos de AEMA dicen que el ruido ambiental contribuye a provocar 48.000 nuevos casos de cardiopatía isquémica al año, así como 12.000 muertes prematuras. En la actualidad cerca del 20% de la población europea está expuesta a ruido a largo plazo que perjudica la salud, y 6,5 millones de ciudadanos europeos padecen alteraciones del sueño crónicas.

En España la situación es aún peor, se le considera como uno de los países más ruidosos del mundo y, según los datos del INE de 2020, el 21% de las personas en España sufren problemas de ruido en sus hogares. Y es que el 28% de la población está expuesta a niveles de ruido por encima de los 65 decibelios, el máximo recomendado por la OMS, según un estudio realizado por el Instituto de Salud Carlos III.

Si bien Euskadi muestra una tasa de población expuesta a ruido ambiental inferior a la europea, se calcula que el 17% de las personas se expone a niveles de ruido ambiental excesivo durante todo el día y el 19% durante la noche. De hecho, casi el 60% de la población vasca sufre niveles de ruido superiores a los 55 decibelios.

Efectos sobre la salud humana y ambiental

Según la OMS, la exposición a más de 70 decibelios durante un periodo de tiempo prolongado puede producir daños graves en el oído, como sordera o acúfenos, con consecuencias irreversibles, pero este no es el único perjuicio que puede tener la contaminación acústica. El ruido excesivo puede provocar efectos psicopatológicos, como agitación respiratoria, aceleración del pulso, aumento de la presión arterial o dolor de cabeza. También tiene consecuencias psicológicas, como estrés, fatiga, depresión, ansiedad o histeria. Además, puede incidir en el sueño y la conducta, causando problemas para conciliar el sueño o dormir correctamente, y afectar a nuestra capacidad de concentración o provocar irritabilidad. La memoria y la atención también se pueden ver afectadas con el exceso de ruido, que dificulta la concentración y el desempeño de tareas.

Pero el ruido no es tan solo una amenaza para la salud humana, ya que también afecta negativamente al medio ambiente. Los expertos explican que los altos niveles de contaminación acústica provocan respuestas en las especies animales, reduciendo su capacidad de reproducción, aumentando su mortalidad y la emigración a otros hábitats. De hecho, según datos oficiales al menos el 19% de las áreas de Red Natura 2000 en Europa se ubican en lugares con niveles de ruido por encima de los umbrales recomendados.

Aclima y la contaminación acústica

Como vemos, el ruido es un problema de gran magnitud y la UE contempla en su Pacto Verde reducir en un 30% para 2030 el número de personas afectadas crónicamente por el ruido del transporte. El número de personas “muy molestas” y “muy perturbadas por el sueño” debe reducirse en 5,4 millones y 1,5 millones, respectivamente, para cumplir estos objetivos.

Por su parte, la OMS recomienda reducir el nivel acústico medio del tráfico rodado por debajo de los 53 decibelios, y durante la noche por debajo de los 45 decibelios. Estos niveles serían de 54 y 44 decibelios para el tráfico ferroviario, y de 45 y 40 decibelios para el tráfico aéreo. Respecto a los ruidos provocados por el ocio sus recomendaciones establecen que no debería sobrepasar los 70 decibelios de media.

En este sentido, Aclima impulsa dos interesantes iniciativas: NOISETECH (Plataforma inteligente para incorporar las variables subjetivas en la evaluación y concienciación del ruido) y el Proyecto HAND-AI (Health Air Noise Data – Artificial Intelligence Platform). Se trata de dos proyectos en los que la innovación tecnológica se alía con la gestión y planificación urbana, para posibilitar reducir la principal fuente de ruido, el tráfico rodado y las infraestructuras de transporte público.

HAND-AI consiste en el desarrollo de un sistema IoT inteligente que identifica y clasifica los diferentes focos de ruido, y aplica técnicas de aprendizaje automático (machine learning) para lograr un monitorizado inteligente al descifrar patrones complejos en los datos recopilados, diferenciando los focos. NOISETECH incorpora la evaluación subjetiva del ruido respecto a las potenciales actuaciones orientadas a limitar el impacto del ruido en las ciudades.

Las herramientas propuestas contribuyen a la medición efectiva de actuaciones urbanas (como Zonas de Bajas Emisiones, pavimentos de última generación, peatonalización, modificaciones de tráfico etc.) para permitir una evaluación previa a partir de la modelización y posterior tratamiento de datos (HAND-AI), con un análisis que integra más variables además de los parámetros físicos en puntos concretos de la trama urbana, incluyendo la percepción ciudadana (NOISETECH). De esta forma, las herramientas aportan información de valor añadido para la toma de decisiones que permite optimizar la inversión pública en actuaciones de planificación urbana orientadas a mejorar la exposición de los ciudadanos al ruido.

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