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23 Jan 2026
Blog Aclima

Las preocupaciones ambientales pierden prioridad en el corto plazo, pero siguen siendo las que más preocupan en el largo plazo

Esa es una de las principales conclusiones que pueden extraerse del Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial para 2026, que analiza la percepción, evolución e interconexión de los principales peligros mundiales tanto a corto como medio y largo plazo. La causa es la creciente tensión geopolítica y la inquietud económica, que colman los primeros puestos del ranking. Todo ello plantea un escenario en el que la incertidumbre política y social es la principal inquietud que flota sobre el ambiente, relegando las preocupaciones ambientales a un segundo plano en el plazo más cercano en el tiempo, aunque los problemas climáticos y ecológicos sí que ocupan los primeros lugares en las preocupaciones a largo plazo.

Se trata de la 21ª edición de este análisis que cada año publica el Foro Económico Mundial, y para el que lleva a cabo la Encuesta de Percepción de Riesgos Globales (GRPS), en la que se recogen las opiniones de más de 1.300 expertos de todo el mundo. Su objetivo es ofrecer una visión anticipada para responsables políticos y líderes de negocio sobre los riesgos que más probablemente afectarán la estabilidad global. Para ello, plantea tres horizontes temporales, el más inmediato (2026), el medio plazo (hasta 2028) y el largo plazo (hasta 2036).

El panorama que presenta es el de un mundo en el que aumenta la competitividad entre las regiones y la multilateralidad es un factor en alza. Esto lleva a que surjan críticas a la cooperación internacional, con unas relaciones políticas cada vez más polarizadas. Además, los riesgos tecnológicos también se ven intensificados, con la incertidumbre que ha provocado la irrupción de la IA y sus probables consecuencias, y las amenazas en ciberseguridad. Los riesgos económicos aparecen también en los primeros lugares en el corto plazo, y se palpa miedo ante la recesión o desaceleración económica global, en un contexto inflacionario, que alimenta la creciente fractura social, en la que influyen narrativas de confrontación cada vez más presentes.

De hecho, casi el 50% de los encuestados prevé un panorama turbulento en los próximos dos años, y este porcentaje se eleva al 57% para la proyección a diez años. Por contra, tan solo el 1% espera una situación estable en cualquiera de los dos horizontes. Así, los riesgos geopolíticos tensan el panorama inmediato, y la confrontación geoeconómica se sitúa como el riesgo más probable de desencadenar una crisis global en 2026. Además, los conflictos armados entre estados ocupan una posición elevada en las preocupaciones inmediatas.

La confianza en las instituciones multilaterales se está deteriorando, lo que socava la capacidad colectiva para enfrentar desafíos globales complejos, como la crisis climática. Pero si bien los problemas ambientales pierden peso en las preocupaciones a corto y medio plazo, continúan percibiéndose como una amenaza persistente a largo plazo.

Los jóvenes, más preocupados por el medio ambiente

Si segmentamos los datos por rangos de edad, los menores de 30 años son los que tienen una mayor percepción de los riesgos climáticos y ambientales. La preocupación por los fenómenos climáticos extremos ocupa el segundo puesto para ellos, y la pérdida de la biodiversidad el décimo. Para los que se encuentran en la franja de edad de los 30 a los 39 años, los fenómenos climáticos extremos constituyen su tercera mayor preocupación y la escasez de recursos naturales aparece en el puesto once. Por el contrario, a partir de los 50 años las preocupaciones climáticas bajan sus posiciones.

Otro dato interesante es que las mujeres se muestran más intranquilas que los hombres respecto a los riesgos ambientales y climáticos, y que en América del Norte la percepción de riesgo es menor que en Europa, ya que la preocupación por los eventos climáticos extremos ocupa el sexto puesto mientras que en Europa es el tercero. Además, en Europa la escasez de recursos naturales se sitúa en el puesto 13 pero en América del Norte ocupa la posición 16. También la influencia de la situación económica se nota con fuerza en la segmentación geográfica, ya que dos regiones tan expuestas al cambio climático como son el Oriente Medio y África presentan las preocupaciones ambientales en puestos más bajos, mientras que las inquietudes económicas copan las primeras posiciones.

Evolución de la percepción de los riesgos

En el panel de 2026, en lo referido a los riesgos actuales encontramos tres riesgos ambientales en el top 15: fenómenos meteorológicos extremos (3), cambios críticos en los sistemas terrestres (13), y escasez de recursos naturales (14); y uno en el que cambio climático tiene una gran influencia: disrupciones de infraestructuras críticas (15). En la perspectiva a dos años, los eventos meteorológicos extremos se sitúan en el cuarto puesto, y llevaban moviéndose entre la primera y la segunda posición desde 2024. En el horizonte a diez años, los fenómenos meteorológicos extremos llevan como riesgo más valorado desde 2024, y tanto la pérdida de biodiversidad como los cambios críticos en los sistemas terrestres aparecen en el top5 desde 2022.

Los riesgos ambientales son los que mayores caídas han sufrido entre 2025 y 2026, y los riesgos económicos los que más suben. En la perspectiva para los próximos dos años, la mayoría de los riesgos ambientales experimentan descensos en la clasificación, con los fenómenos meteorológicos extremos pasando del 2 al 4 y la contaminación del 6 al 9. Los cambios críticos en los sistemas terrestres y la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas también disminuyen, en siete y cinco posiciones, respectivamente. En cambio, los riesgos ambientales se mantienen como los percibidos como más graves para los próximos 10 años. De hecho, la mitad de los 10 riesgos principales en este plazo temporal están relacionados con el medio ambiente. Así, para 2036 los fenómenos climáticos extremos, la pérdida de biodiversidad y los cambios críticos en sistemas terrestres ocupan los tres primeros puestos de preocupación global.

Por su parte los riesgos económicos muestran los mayores aumentos en la clasificación durante los próximos dos años, y la recesión económica y la inflación se sitúan en los puestos 11 y 21, respectivamente, escalando ocho puestos. De hecho, la recesión económica experimenta uno de los mayores aumentos en la puntuación en comparación con los resultados del año pasado, solo superada por la confrontación geoeconómica. Otro de los riesgos que ha aumentado su posición de manera relevante es el relativo a la IA, que pasa del puesto número 30 en la perspectiva a dos años al número 5 en la perspectiva a 10 años. La desinformación y la ciberseguridad ocupan el segundo y sexto puesto, respectivamente, en la perspectiva a dos años.

Infraestructuras en peligro

Aunque no se trata puramente de un riesgo ambiental, la estabilidad de las infraestructuras críticas se ve amenazada en gran medida por las condiciones meteorológicas extremas y el cambio climático. En el informe se pondera la necesidad de prestar especial atención a las infraestructuras críticas, en muchos casos envejecidas y poco cuidadas. Por eso sorprende que el riesgo de interrupciones de la infraestructura crítica ocupe el puesto 22 para los próximos dos años y el 23 en la proyección a 2036.

Es evidente que las consecuencias del cambio climático ya están afectando a estas instalaciones, y es previsible que su afección aumente con el tiempo ya que muchas infraestructuras fueron diseñadas sin tener en cuenta los impactos climáticos y meteorológicos.  Por ejemplo, infraestructura costera está particularmente expuesta a riesgos climáticos como el aumento del nivel del mar y las inundaciones. Las olas de calor tensionan las redes eléctricas y reducen la eficiencia, y tanto las sequías como las inundaciones exponen a problemas a las instalaciones de energía hidroeléctrica.

Además, al tratarse de elementos fundamentales para la vida moderna, su colapso se convierte en un objetivo principal en los conflictos bélicos, tanto de alta como de baja intensidad, en los que la amenaza cibernética puede dañar severamente las infraestructuras como método para provocar el caos social. De igual manera, el acceso a recursos esenciales, como el agua o la energía, también están en el punto de mira de los ataques futuros.

Enfoque transversal

Aunque a menudo tomamos una perspectiva unidimensional y tratamos como cuestiones separadas los riesgos, en realidad existe una relación entre ellos que recomienda adoptar una estrategia integral. Así, el impacto climático y la estabilidad financiera se encuentran interrelacionados y es prioritario llevar a cabo análisis a largo plazo para diseñar soluciones de doble o múltiple propósito que fortalezcan simultáneamente varias dimensiones de la resiliencia.

Por ejemplo, un informe de PwC alerta de que la degradación de los ecosistemas erosiona el valor comercial y el crecimiento económico. De hecho, estima que, en los próximos 15 años, la pérdida incontrolada de la naturaleza podría erosionar entre el 12% y el 17% del PIB, entre el 11% y el 14% de las inversiones extranjeras y entre el 12% y el 18% del valor de mercado de las bolsas de valores. Para llegar a estas conclusiones han analizado las economías de Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Singapur, y una de las claves que exponen es que al menos cuatro sectores económicos muestran más del 9% de su actividad en riesgo debido a la degradación de un solo servicio ecosistémico.

Esto demuestra la importancia de la naturaleza como factor del desarrollo económico y estabilidad social. Las consecuencias del cambio climático exceden el ámbito del medio ambiente y constituyen una seria amenaza para el futuro de la humanidad, que se debe afrontar bajo una perspectiva colaborativa y tomando en consideración todos los elementos que concurren tanto en sus causas como en sus posibles consecuencias.

Percepción ambiental en Euskadi

Según el último Ecobarómetro de Clima y Energía (2024) publicado por Ihobe, el 75% de los vascos muestra preocupación por el cambio climático, aunque existe una visión mayoritariamente positiva sobre la economía circular, ya más del 80% de la población cree que la protección del medio ambiente puede potenciar el crecimiento económico en Euskadi. Asimismo, una encuesta realizada en 2021 por el Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno vasco revelaba que el 88% de los encuestados valoraban la protección del medio ambiente como un problema inmediato y urgente.

En este sentido, el Gobierno Vasco ha impulsado recientemente la creación del Observatorio de Narrativas Climáticas, cuya misión es recopilar las opiniones ciudadanas sobre el cambio climático y mejorar la comunicación ambiental.

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