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25 Jun 2026
Sector news

Economía circular y empleo inclusivo: el desafío nacional del residuo textil

España afronta un importante reto ambiental y social con el residuo textil. Cada ciudadano desecha entre 20 y 22 kilos de ropa al año y gran parte de esas prendas termina en vertederos o incineradoras. A nivel global, la industria textil genera cerca del 10% de las emisiones mundiales de carbono y consume enormes cantidades de agua y materias primas, lo que convierte a la reutilización y el reciclaje en prioridades estratégicas.

En este contexto, la economía circular se presenta como un gran reto para reducir residuos y, al mismo tiempo, generar empleo inclusivo. El sector textil circular tiene, además, una característica clave: crea empleo local y difícilmente deslocalizable. Cada prenda recogida debe clasificarse, prepararse para la reutilización, reciclarse o volver al mercado, procesos que requieren mano de obra e infraestructuras cercanas.

A este respecto, algunas entidades de economía social hemos visto la oportunidad de crecer combinando sostenibilidad ambiental e inclusión laboral. Gracias a ello, estamos logrando que nuestra apuesta principal sea la reutilización de prendas y así evitar que muchas toneladas de textiles acaben en el vertedero. En nuestro caso, además, hemos puesto en marcha una red de tiendas, Koopera Store, donde las prendas vuelven al mercado con una segunda vida, fomentando el consumo responsable.

También es importante la labor de inserción laboral que esta actividad genera. En Koopera, acompañamos a personas en situación o riesgo de exclusión social, ofreciendo puestos de trabajo (más del 50% corresponden a contratos de inserción), formación y acompañamiento personalizado para facilitar la incorporación a un empleo ordinario. Estas cifras nos consolidan como una de las principales iniciativas de economía circular e inclusión social del país.

Beneficios para el planeta

La reutilización textil no solo evita residuos: también reduce el consumo de recursos naturales, energía y emisiones. De ahí la importancia de tener un modelo que no se limite a recoger la ropa donada y la valorice, sino que priorice su recuperación en plantas de tratamiento y automatización. En nuestro caso, recuperarnos más de 19.600 toneladas de textil al año en todo el país, lo que conlleva una disminución de más de 261.700 toneladas de emisiones de CO? y un ahorro de más de 104 millones de metros cúbicos de agua.

Por consiguiente, el impacto ambiental del modelo es especialmente relevante. Son cifras que reflejan el enorme potencial de extender la vida útil de las prendas frente a un modelo de consumo basado en usar y tirar.

El papel decisivo de las Administraciones

Europa ya avanza hacia nuevas obligaciones en materia de recogida selectiva y reciclaje textil. Desde 2025, los países de la Unión Europea deben implantar sistemas específicos de recogida separada de residuos textiles, una medida que obligará a reforzar infraestructuras y modelos de gestión.

En este escenario, las instituciones públicas tendrán un papel decisivo. El desarrollo del futuro SCRAP textil —el sistema de responsabilidad ampliada del productor para la gestión de residuos textiles— representa una gran oportunidad para impulsar un modelo más sostenible y socialmente inclusivo. Para ello, será fundamental aprovechar la experiencia y el saber hacer de entidades del sector que, como nosotros, llevamos décadas trabajando en la recogida, reutilización, reciclaje e inserción social.

Las entidades de economía social hemos demostrado durante todo este tiempo nuestra capacidad para gestionar el residuo textil con impacto ambiental y social positivo. Por ello, resulta clave que el nuevo marco normativo impulse un SCRAP socialmente responsable: responsable en lo medioambiental, por su capacidad para reducir residuos, fomentar la reutilización y mejorar el reciclaje; y responsable en lo social, por su contribución al empleo local, la inserción sociolaboral y la cohesión social.

En un sector que va a movilizar recursos, contratos e intereses económicos relevantes, la regulación debe ser especialmente cuidadosa para que la transición circular no quede definida únicamente por criterios de escala, rentabilidad o capacidad de influencia. No basta con ordenar el mercado: es necesario proteger el valor social que ya existe y garantizar que la gestión del residuo textil siga siendo también una herramienta de generación de empleo, inclusión y oportunidades para las personas más vulnerables.

La transición hacia una economía circular no depende solo de nuevas normativas o avances tecnológicos. También requiere colaboración entre administraciones, ciudadanía, empresas y entidades sociales. Apostar por la reutilización, depositar la ropa usada en contenedores específicos o consumir moda de segunda mano son pequeños gestos que contribuyen directamente a reducir residuos y crear oportunidades laborales.

Porque detrás de cada prenda recuperada no solo hay menos contaminación. También hay empleo, inclusión y nuevas oportunidades. La transición circular del textil no puede pensarse solo en toneladas. Debe pensarse, sobre todo, en personas.

Fuente: El Economista

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