Europa es un continente con una biodiversidad en peligro, no en vano los datos oficiales alertan de que más del 80% de nuestros hábitats se encuentran en mal estado. El desarrollo económico que trajo la industrialización provocó impactos importantes sobre la naturaleza, en una época en la que su cuidado no concitaba el mismo consenso que en la actualidad. Ante esto, las instituciones europeas han incluido diversas medidas en el Pacto Verde, apoyado por normas como la Estrategia de la UE sobre la Biodiversidad. Pero, debido a la importancia de este tema, se ha adoptado una legislación específica, el Reglamento sobre la Restauración de la Naturaleza, que el Consejo Europeo ha aprobado esta semana.

Los objetivos de esta norma son restaurar la naturaleza de Europa, mitigar los efectos del cambio climático y aumentar la resiliencia ante los desastres naturales. En ella se establecen objetivos y obligaciones concretas y jurídicamente vinculantes para todo tipo de ecosistemas: terrestres, marinos, urbanos y de agua dulce.
En la práctica, el Reglamento obliga a los Estados miembros a restaurar al menos el 30% de los hábitats deteriorados para 2030, el 60% para 2040 y el 90% para 2050, con el propósito de regenerar los ecosistemas degradados, contribuir a alcanzar los objetivos climáticos y de biodiversidad de la UE y mejorar la seguridad alimentaria. En el mismo sentido, se exige a los países que adopten y apliquen medidas para restaurar conjuntamente al menos el 20% de las zonas terrestres y marítimas de la UE de aquí a 2030.
Medidas específicas para algunos ecosistemas
Debido a la especial degradación de ciertos hábitats, el Reglamento establece requisitos específicos para estos ecosistemas: las tierras agrícolas, los bosques y los ecosistemas urbanos. Y es que los expertos avisan de que hasta el 70% de los suelos de la UE presenta condiciones insalubres, con multitud de tierras de cultivo gravemente erosionadas que contribuyen a una pérdida de 1.250 millones de euros al año en productividad agrícola. Los bosques europeos tampoco están en un estado óptimo, ya que se ha ido perdiendo masa forestal y, en muchas ocasiones, los árboles que se han plantado para reforestar el territorio no han sido de especies autóctonas u óptimas para el equilibrio ambiental. Por su parte, la cada vez mayor concentración poblacional en los núcleos urbanos agrava el problema del impacto ambiental de las ciudades.
De igual manera, otros datos alarmantes son la reducción en un 50% de los humedales desde 1970, así como la pérdida creciente de la polinización animal, ya que los científicos alertan que de no producirse Europa vería reducida entre el 25% y el 32% de la producción total de cultivos.
Por todo ello, en el Reglamento se establecen medidas para que los Estados miembros mejoren dos de los tres indicadores siguientes: población de mariposas de pastizales, reservas de carbono orgánico en suelos minerales de tierras de cultivo y proporción de superficie agraria con elementos paisajísticos de gran diversidad. También se persigue incrementar la población de aves forestales, así como combatir eficazmente la pérdida neta de espacios verdes urbanos y de cubierta arbórea urbana.
Además, se fija el objetivo de restaurar al menos el 30% de las turberas drenadas utilizadas para la agricultura para 2030, el 40% para 2040 y el 50% para 2050. La importancia de los suelos orgánicos en turberas drenadas es fundamental para la compensación de emisiones, debido a su capacidad de absorción de CO2.
Respecto a los bosques, en el Reglamento se especifica que se debe impulsar la plantación de 3.000 millones de árboles en territorio europeo y establece indicadores para medir la evolución de los ecosistemas forestales. También se fija que los Estados miembros tendrán que restaurar al menos 25.000 km de ríos en cauces libres y garantizar que no se produzca una pérdida neta de la superficie total de espacios verdes urbanos y de cubierta arbórea urbana.
Por último, el Reglamento igualmente se enfoca en evitar la degradación de las áreas que ya se encuentren en buenas condiciones. Para ello se priorizarán las zonas de la Red Natura 2000 hasta 2030, y se exige a los Estados miembros que elaboren adelantado y presenten a la Comisión sus planes nacionales de restauración, en los que detallarán cómo alcanzarán los objetivos y las medidas concretas que contemplan. Los países deberán supervisar y notificar sus avances, a partir de indicadores de biodiversidad aplicables a toda la UE.
Naturaleza, fuente de vida y riqueza
El Foro Económico Mundial publicó hace tiempo unas estimaciones que indican que aproximadamente la mitad del PIB mundial, 40 billones de euros, depende en alguna medida de la naturaleza. Oteas voces subrayan que la naturaleza proporciona servicios por un valor aproximado de 110 billones de euros anuales. Estos datos nos dan idea de la importancia de los recursos naturales en el desarrollo y la economía global. En este sentido, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Foro Económico Mundial y la Iniciativa Económica de la Degradación de la Tierra hicieron público un estudio sobre el Estado del Financiamiento de la Naturaleza cuya conclusión principal era que las inversiones en la naturaleza deberían triplicarse hasta a 2030.
En lo que respecta a Europa, se estima que los beneficios monetarios de restaurar los hábitats prioritarios de la UE alcanzarán alrededor de 1.860 mil millones de euros, con costos valorados en alrededor de 154 mil millones de euros. Esto es, una ganancia neta de aproximadamente 1.706 millones de euros.
Por su parte, la Comisión Europea ha hecho públicas unas estimaciones acerca del impacto de la restauración de los ecosistemas, con datos tan significativos como que la restauración de las llanuras aluviales de los ríos puede reducir los daños económicos y la exposición de la población a inundaciones hasta en un 70%; que las tierras de cultivo gravemente erosionadas contribuyen a una pérdida de productividad agrícola de 50.000 millones de euros al año en la UE; que la erosión por sí sola está provocando pérdidas de casi 3 millones de toneladas de trigo y 0,6 millones toneladas de maíz al año en Europa; que las prácticas de conservación del suelo redujeron la pérdida de suelo en aproximadamente un 9,5% en la UE entre 2000 y 2016; o que restaurar las poblaciones de peces marinos podría aumentar la producción pesquera global en 16,5 millones de toneladas, con un valor anual de 30.000 millones de euros.
La restauración de la naturaleza también tendría efectos positivos sobre la resiliencia y mitigación del cambio climático, ya que se estima que los árboles enfrían la temperatura de la superficie terrestre de las ciudades de Europa hasta en 12°C; y que las turberas, un tipo de humedal ácido en el cual se ha acumulado materia orgánica en forma de turba, almacenan casi el 30% del carbono global del suelo, por lo que restaurar las turberas drenadas podría ahorrar hasta el 25% de las emisiones agrícolas de gases de efecto invernadero en Europa.