
Los expertos calculan que los humedales suponen algo menos del 6% de la superficie del planeta, pero posiblemente sean el ecosistema más amenazado, ya que se estima que se pierden a una velocidad tres veces mayor que los bosques. En todo el Estado más del 60% de los humedales han desaparecido en los últimos cien años, y de los que quedan solo el 13% presenta un buen estado de conservación. Sin embargo, su importancia para frenar el calentamiento global es vital, puesto que se trata de los únicos ecosistemas que permiten compensar a la vez tanto la huella de carbono como la hídrica, además de ser clave en la conservación de la biodiversidad.
Los humedales constituyen zonas de transición entre los ecosistemas terrestres y los acuáticos, que presentan baja profundidad y normalmente se sitúan en llanuras inundadas próximas a los cursos del agua. En alguna ocasión en vez de estar cerca de masas de agua superficiales filtran agua del subsuelo. Estos hábitats comparten ciertas características climáticas, geológicas e hidrológicas y su proporción respecto a la superficie total del mundo no es muy alta. Se estima que abarcan entre 700 y 1024 millones de hectáreas, lo que supone entre el 4 y el 6% de la superficie global.
En general, su estado de conservación es muy deficiente, y los expertos alertan de que más del 80% han desaparecido desde el siglo XVIII, y el 35% en los últimos 50 años. Esto supone que se pierden tres veces más rápido que los bosques, lo que resulta en un riesgo tanto para la biodiversidad como para la mitigación del calentamiento global. Hasta un 40% de las especies del mundo viven y se reproducen en ellos, pero se calcula que el 25% de las que viven en los humedales están en peligro de extinción. Además, desempeñan un papel importante en el ciclo de carbono del planeta, ya que actúan como sumideros de CO2 y son capaces de almacenar grandes cantidades de este gas.
Los humedales son indispensables por su capacidad de regular el clima, mitigar el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos, albergar una biodiversidad variada y abundante, y su participación en el ciclo del agua del planeta. Sin embargo, su sobreexplotación, el cambio climático y su empleo como suelo residencial están provocando que se degraden cada vez más.
Humedales y CO2
Si los humedales se encuentran en buen estado de conservación pueden absorber carbono, almacenar agua, prevenir daños de eventos climáticos extremos como inundaciones, y constituir el hábitat de numerosas especies. En cambio, si están degradados pueden convertirse en emisores de gases de efecto invernadero y contribuir al calentamiento global. Esto es así porque se trata de la mayor fuente natural de metano de la Tierra, que según las mediciones científicas puede contribuir a calentar la atmósfera 80 veces más que el CO2. Un reciente estudio ha investigado las condiciones de la emisión de metano en los humedales y ha descubierto que factores como la salinidad y el calor son determinantes. Cuanto más cálidos sean más emisiones de metano producen, por lo que el cambio climático puede agravar su contribución.
Su importancia en la mitigación del calentamiento global radica en que son sumideros naturales de carbono. Su captación se realiza sobre todo a través de las plantas que hay en ellos, que mediante la fotosíntesis procesan el CO2 de la atmósfera y para convertirlo en carbono orgánico.
Además, la saturación de agua en los suelos de humedales favorece la acumulación de CO2 porque disminuye velocidad de descomposición de la materia orgánica. El suelo constituye la principal reserva de carbono orgánico en el mundo y los suelos de humedales tienen un potencial de almacenamiento alto debido a que facilitan la descomposición de material orgánico por sus condiciones anaerobias. Así, es la formación de turba, suelo sin consolidar formado por materia vegetal fibrosa parcialmente descompuesto, es lo que representa el sumidero de CO2 de los humedales.
La composición de los humedales se divide en tres partes. Por un lado, el suelo hídrico, que se forma por inundación o saturación de agua por un período suficientemente largo que permita condiciones anaerobias en su superficie y facilite el crecimiento de hidrófitas. Las macrófitas o hidrófitas, plantas acuáticas adaptadas a desarrollarse en los humedales, que pueden ser leñosas o herbáceas. Constituyen la base de la cadena alimenticia en los humedales y a diferencia de los sistemas terrestres en los humedales mucha de la materia orgánica que producen en vez de ser consumida por animales se convierte en detritus, entrando a formar parte de la cadena trófica. El agua, que en los humedales presenta condiciones muy variadas, ya que puede poseer índices de salinidad muy diferentes, estar afectada por las mareas o no, y la inundación puede ser permanente o intermitente.
Aunque durante años no se incluyó a los humedales dentro de la definición de “carbono azul”, es decir, aquel capturado por los océanos y los ecosistemas costeros, cada vez va calando más la necesidad de considerarlos de esta manera. Esto supone un impulso a su conservación y puesta en valor ya que, por ejemplo, en la actualidad no forman parte de los inventarios nacionales de emisiones que los Estados miembro de la UE están obligados a realizar.
Humedales en España
El proyecto Life Wetlands4Climate, auspiciado por la Fundación Global Nature, ha estudiado el estado de los humedales sitos en el territorio estatal y sus conclusiones son preocupantes. Tan solo el 13% de los humedales españoles presenta un buen estado de conservación, el 60% de los mismos han desaparecido desde inicios del siglo XX y de los que quedan, el 50% presenta condiciones de degradación.
A pesar de que España es el cuarto país a nivel mundial en cuanto a número de humedales y 76 de ellos están incluidos en la lista Ramsar, su conservación está amenazada. De hecho, el primer problema es la falta de información confiable, ya que el 80% de los humedales no están dentro del Inventario Nacional de Zonas Húmedas (IEZH). Los incluidos en este inventario son solo 1.352, aproximadamente el 20% del total, a pesar de que España se comprometió por Ley en 1989 a elaborar un inventario nacional de humedales para conocer su evolución y poder protegerlos. Hasta ahora, tan solo nueve Comunidades Autónomas han aportado sus datos.
La Fundación Global Nature ha realizado un catálogo actualizado de humedales de España, que engloba un total de 6.169 zonas localizadas. Incluyen los recogidos en el IEZH, los que aparecen en catálogos autonómicos (4.415 de Navarra, Castilla y León, Aragón, Galicia y Cataluña), y otros recopilados de los datos oficiales de las regiones que no cuentan con catálogos (402). Tan solo el 12,9% de los humedales analizados puede considerarse en buen estado de conservación, a pesar de que España presenta la mayor diversidad de tipos ecológicos de zonas húmedas de la Unión Europea.
Los problemas que los afectan son variados, desde la agricultura intensiva, los cambios en los usos del suelo, el impacto de infraestructuras eléctricas, el turismo masivo y sus consecuencias, la contaminación, la presencia de especies invasoras etc.