
Uno de los indicadores que se emplean para medir la implantación de la economía circular es la tasa de circularidad, también conocido como empleo de materiales circulares, y que consiste en la relación entre el uso circular de materiales y el uso general del material. Lo cierto es que los datos que presenta no son demasiado positivos. A nivel global, este indicador muestra una evolución descendente y desde el 9,1% registrado en 2018 se ha pasado al 7,2% en 2023. Por su parte, la tasa de circularidad en Europa ha pasado del 11,6% en 2020 al 11,8% en 2023. En el conjunto del Estado, este indicador muestra un 8,5% en 2023, habiendo descendido casi un punto porcentual desde el 9,4% de 2022. Uno de los objetivos de la Estrategia de Economía Circular de Euskadi es aumentar en un 30% la tasa de uso de material circular, lo que redundaría en beneficios ambientales, pero también económicos, ya que se estima que podría suponer un ahorro de 2.000 millones de euros para la industria vasca.
El planeta está comprometido con la mitigación del cambio climático y la mejora de los estándares ambientales, tal y como se plasma en la Agenda 2030. Para ello, es indispensable esforzarse en la reducción de emisiones, pero también en el paso del actual modelo económico lineal a otro basado en la economía circular. En este sentido, es indispensable minimizar los residuos, optimizar su gestión, fomentar su valorización e impulsar el empleo de los materiales obtenidos, que deben reintroducirse cada vez más en el ciclo productivo. En definitiva, esto es lo que mide la tasa de circularidad, un indicador que refleja el porcentaje de uso de materiales circulares, aquellos que provienen del reciclaje y la valorización, respecto al total de material empleado en la economía.
A pesar del consenso existente en la necesidad de avanzar hacia la transición ecológica los datos globales anuncian que la tasa de circularidad se ha visto reducida en prácticamente dos puntos porcentuales en los últimos cinco años. El informe The Circularity Gap Report 2024, elaborado por la Circle Economy Foundation expone que del 9,1% de 2018 se ha pasado a un 7,2% en 2023, lo que revela que en el planeta estamos consumiendo más materiales vírgenes que nunca, en concreto en los últimos cinco años 500.000 millones de toneladas de materiales, una cifra similar a lo que se consumió durante todo el siglo XX. Para revertir esta situación se plantea la necesidad de abordar reformas políticas, financieras y laborales, pero debido a la heterogeneidad de las situaciones de cada región el impulso de la economía circular debe estar adaptado a los contextos concretos en los que se mueven las economía de los distintos países.
Circularidad estancada en Europa
Según los últimos datos, la tasa de circularidad en el conjunto de la UE en 2023 alcanzó el 11,8%, aumentando un 0,3% en comparación con el año anterior. Cada año, la UE produce más de 2.100 millones de toneladas de residuos, y en 2022 exportó 32 millones de toneladas a terceros países. Además, la balanza comercial en el comercio de materias primas entre la UE y el resto del mundo presentó un déficit de 29.000 millones de euros en 2023.
Por materiales, los minerales metálicos son los que presentan una tasa más alta (24,7%) seguidos de los minerales no metálicos (13,6%), la biomasa (10,1%) y materiales/portadores de energía fósil (3,4%).
Si atendemos a las diferencias entre Estados miembros, se observa que los Países Bajos (30,6%), Italia (20,8%), Malta (19,8%) y Bélgica (19,7%) son los que muestran mejores indicadores de circularidad, mientras que las tasas más bajas son las de Finlandia (2,4%), Irlanda (2,3%) y Rumanía (1,3%). España presenta una tasa de circularidad del 8,5%, habiendo descendido desde el 9,4% de 2022.
También la Agencia Europea de Medio Ambiente ha emitido un informe que expone el análisis efectuado respecto a la situación de la UE en lo referido a la transición hacia una economía circular. En él se constata el pobre incremento en el indicador de material reciclado, menos del 1% respecto a 2010. Esto es preocupante, ya que uno de los objetivos del Plan de Acción de Economía Circular es doblar la tasa de uso de material circular entre 2020 y 2030.
España, por debajo de la media europea
Como decíamos, en el conjunto del Estado la tasa de circularidad en 2023 es del 8,5% según datos europeos, pero el informe “Esenciales” de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) la cuantifica en el 7,1% en 2022. En cualquier caso, está lejos de la media europea.
Las causas de estos valores tan bajos están en que los resultados en reciclaje son bajos, recuperándose tan solo el 48% de los residuos, frente a la media de la UE que alcanza el 58%. A pesar de esto, la evolución es positiva en este ámbito ya que desde principios de siglo el reciclaje de determinados residuos como envases y embalajes (+76%), o los residuos urbanos (+99%) se ha incrementado notablemente. También el total de residuos generados muestra una evolución positiva, habiéndose reducido un 40% entre 2004 y 2020 en términos per cápita. De hecho, España ha pasado de ser el país que más residuos urbanos per cápita generaba, entre las mayores economías europeas, en el años 2000 (653 kg por habitante al año) a ser el que genera una menor cantidad en 2021 (472 kg per cápita).
Sin embargo, la baja tasa de circularidad refleja un problema en el mercado de materias primas secundarias, que debería abordarse promoviendo medidas que faciliten la entrada en el ciclo económico de los materiales procedentes del reciclaje.
Euskadi Circular
El estudio “Indicadores Economía Circular. Euskadi 2021” muestra los resultados de la evolución del territorio en este ámbito, para lo que se recopilan 14 indicadores que muestran una evolución positiva. Las tasas de reciclaje y reutilización son muy parejas a las de la media europea: 1,2 toneladas por habitante de material reciclado en Euskadi, por las 1,7 toneladas per cápita de la media de la UE. Además, la generación per cápita de residuos, 2,9 toneladas por habitante, está por debajo de la de la UE (4 toneladas) y el reciclado de envases es del 81%. El Plan de Prevención y Gestión de Residuos de Euskadi 2030, recoge entre sus objetivos estratégicos que el territorio alcance un 85% de residuos reconvertidos en recursos secundarios, mientras que el Plan de Economía Circular y Bioeconomía 2024 establecía la meta de aumentar en un 10% la tasa de uso de material circular y la Estrategia de Economía Circular de Euskadi mantiene el objetivo de aumentar en un 30% este indicador para 2030.
Según datos oficiales, desde el año 2000 la economía vasca ha crecido un 26%, mientras que el consumo de materiales se ha reducido un 25% y el volumen de residuos urbanos que termina en vertedero se ha reducido en un 56%. Además, los expertos consideran que aplicar soluciones innovadoras más circulares supondría un ahorro de 2.000 millones de euros en la industria vasca.
Es importante señalar que la Comisión Europea está preparando una futura Ley de Economía Circular, cuya fecha prevista de aprobación es 2026. Entre sus objetivos estarán estimular la demanda en el mercado de materiales secundarios, además de impulsar un mercado único de residuos, en particular en relación con las materias primas críticas. Se espera que en la nueva norma también se revisará la Directiva sobre Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, con el propósito de incrementar la demanda de materias primas críticas secundarias, ampliar su alcance para incluir los dispositivos relacionados con la transición ecológica y digital, y armonizar los sistemas de Responsabilidad Ampliada del Productor y los estándares de tratamiento. Además, se añadirán acciones complementarias como la definición de nuevas medidas para favorecer la circularidad en la política industrial, homogeneizar los impuestos ambientales y armonizar la gestión de residuos y la recuperación de materias primas críticas.
La intención de la nueva Ley es reducir la carga administrativa y simplificar los procesos, para lo que se primará la creación de reglamentos, que son de aplicación directa en los Estados miembros, sobre las directivas, que han de ser transpuestas en las legislaciones nacionales.