
Aproximadamente un tercio del planeta lo ocupan bosques, unas 4.140 millones de hectáreas, y casi la mitad de ellos se encuentran en los trópicos. Su importancia es clave, ya que contienen más del 80% de la biodiversidad terrestre y según la ONU más del 25% de la población mundial depende de los recursos forestales para su subsistencia. Además, se trata de unos aliados de primer orden en la mitigación del cambio climático, y solo en Europa en los últimos 30 años han absorbido alrededor del 10% de las emisiones derivadas de la actividad humana. Sin embargo, la pérdida de bosques por causas humanas sigue siendo una plaga a nivel global y cada vez se arrebata mayor superficie forestal para emplearla en agricultura, ganadería o urbanización. Por su parte, los incendios afectan a una media de 261 millones de hectáreas de terreno anualmente en el mundo, de las cuales casi la mitad son bosques. Aunque la tasa anual de deforestación va en disminución, sigue siendo alta, concentrada en Sudamérica, África y Oceanía.
El informe Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2025 elaborado por FAO alerta de que a pesar de que la deforestación se ha ralentizado en el mundo, pasando de 17,6 millones de hectáreas entre 1990 y 2000 a 10,9 millones entre 2015 y 2025, sigue moviéndose en cifras demasiado elevadas. Además, la tasa de expansión forestal ha disminuido, desde las 9,88 millones de hectáreas anuales en 2000-2015 a 6,78 millones en 2015-2025. Otro dato preocupante es que los bosques que se regeneran de forma natural, que representan el 92% de la superficie forestal total, disminuyeron en 324 millones de hectáreas entre 1990 y 2025.
Las causas tienen que ver con el impacto de la actividad humana y los efectos del cambio climático, que incremente la prevalencia de incendios, plagas y sequías. Entre las medidas para la conservación de la masa forestal destacan el fomento de la bioeconomía circular, que impulse el uso sostenible de recursos forestales, priorizando la reutilización y reciclaje; la reforestación activa; y la gestión forestal optimizada, para proteger prioritariamente los bosques primarios, aumentar la biodiversidad de los mismos y unir esfuerzos de las administraciones públicas y los agentes privados.
Bosques tropicales, reservas de biodiversidad
Los bosques tropicales son ecosistemas fundamentales para la vida en el planeta, ya que albergan más de la mitad de las especies de plantas y animales del mundo. También juegan un papel vital en el ciclo hidrológico del planeta, y colaboran de manera decisiva contrarrestando el cambio climático debido a su capacidad de absorción de CO2, ya que de hecho los expertos estiman que pueden almacenar hasta el 68% de las emisiones globales de CO2. Pero están cada vez más amenazados por los incendios, que en 2024 provocaron una pérdida récord de bosques tropicales, casi 6,7 millones de hectáreas de selva tropical primaria.
Pero en la actualidad la deforestación tropical emite más gases de efecto invernadero que toda la Unión Europea, y la deforestación y la degradación tropicales brutas contribuyen entre el 16 y el 19% de las emisiones mundiales de GEI, o el 8% una vez que se cuenta el crecimiento de los bosques. Así, su conservación es vital no solo para cuidar la biodiversidad, sino que los expertos calculan que revertir la pérdida de masa forestal en los trópicos podría reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero hasta en un 30%, ya que además de evitar las emisiones de la quema de árboles, incrementaría su capacidad de absorción de CO2.
Bosques europeos
Hoy día, el 39% del territorio de la UE es superficie boscosa, y en lo referente a España ese porcentaje aumenta hasta más del 50%, unos 27,8 millones de hectáreas. Además, constituyen el mayor sumidero de carbono europeo, y entre 1990 y 2022 los expertos calculan que han absorbido alrededor del 10% de las emisiones derivadas de la actividad humana en el continente. Pero están perdiendo su capacidad de absorber carbono, y en la última década el CO2 que han acumulado se ha reducido en casi un tercio.
Además, la incidencia de los incendios forestales es cada vez mayor y este año ha sido el de mayor superficie quemada en Europa, con más de un millón de hectáreas. Esto tiene que ver con el aumento de los fenómenos climáticos extremos en todo el mundo, que se han triplicado en las últimas décadas, y a los que Europa está cada vez más expuesta.
Entre las normas que cuidan de la conservación forestal en Europa están la Estrategia de la UE para los Bosques 2030, que prioriza la protección de los bosques primarios y la mejora de la resiliencia de las masas forestales ante el cambio climático. Además, estipula que los Estados miembros deben contribuir a plantar al menos 3.000 millones de árboles de aquí a 2030 en toda la UE.
También el Reglamento de la UE sobre la restauración de la naturaleza, lleva en vigor desde 2024 y forma parte de la Estrategia de la UE sobre la Biodiversidad, establece el objetivo de mejorar la biodiversidad en los bosques, y busca restaurar el 20% de las zonas terrestres y marinas de la UE para 2030.
Dentro del paquete de medidas Objetivo 55, que marca el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 55% para 2030, está el Reglamento sobre el uso de la tierra, el cambio de uso de la tierra y la silvicultura, que se orienta a optimizar la capacidad de absorción del suelo y las masas forestales.
Por su parte, el Reglamento EUDR, conocida como Ley de deforestación, fue adoptado en 2023 y contiene medidas para evitar la entrada en Europa de bienes producidos con tierras deforestadas, obligando a las empresas que importan dicha mercancía a emitir una declaración que demostrase que esos bienes y productos no se originaron en zonas deforestadas. Originalmente las empresas que luego compran, procesan y venden los artículos también tendrían que presentar dichos documentos, pero al comprobar que estos controles adicionales podrían ser excesivos y costosos, la CE pidió que se eliminara el requisito excepto para los primeros importadores.
El EUDR debía entrar en vigor a finales de 2024 pero ese plazo se retrasó hasta diciembre de 2025, y recientemente se ha vuelto a posponer a diciembre de 2026, con las críticas de las organizaciones ecologistas. Además, se han acordado medidas que simplifican sus exigencias, en sintonía con la nueva tendencia de reducir trámites administrativos que impulsan las autoridades europeas. Por ejemplo, se flexibilizarán los requisitos de presentación de informes para las empresas y se excluyen del ámbito de aplicación del reglamento los productos de papel impreso, como los libros. También se ha aprobado una cláusula de revisión, que se llevará en el primer semestre de 2026, para permitir nuevas simplificaciones. En definitiva, las presiones tienen que ver con que una normativa detallada y exigente de protección de los bosques pueda frenar el desarrollo económico.
España es uno de los estados miembros que ha defendido la aplicación inmediata del Reglamento, y recientemente se ha unido a una iniciativa liderada por Alemania y la Comisión Europea para apoyar las cadenas de valor libres de deforestación.
Protección forestal en Euskadi
El 55% del territorio de la CAV está cubierto por masa forestal, y un 27% cuenta con el certificado PEFC. El Plan Forestal Vasco (1994-2030) es el principal instrumento de planificación estratégica, y entre sus metas fundamentales están establecer directrices de gestión forestal respetuosas con el medio natural, garantizar la diversidad y permanencia de los montes arbolados, fomentar la multifuncionalidad del bosque e involucrar a todo el sector forestal y la sociedad en general en la gestión y conservación de los recursos naturales.
Además, anualmente el Gobierno Vasco publica el Mapa Forestal de Euskadi, que permite monitorizar la evolución de los bosques vascos, y a finales de 2024 aprobó un nuevo Plan de Emergencia para Incendios Forestales, adaptando la gestión de riesgos a las nuevas realidades climáticas. Otras iniciativa relacionada es EUSKOBASOA 2050, plan de I+D+i desarrollado por NEIKER para la optimización del sector forestal-maderero. También en la Estrategia Vasca de Cambio Climático 2050 (KLIMA 2050), se anuncia que uno de sus objetivos es aumentar el potencial de los bosques como sumideros de carbono para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.