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25 Sep 2026
Blog Aclima

El cambio climático perjudica cada vez más la salud ambiental

Tras un verano en el que 54 países registraron las medias de temperatura más altas desde al menos 1970, y en el que se ha acrecentado la incidencia de los desastres climáticos, queda claro que las consecuencias del calentamiento global son cada día más evidentes. Si bien el volumen de catástrofes relacionadas con el clima se ha triplicado en las últimas décadas en todo el mundo, este año la opinión pública global ha percibido con mayor intensidad esta escalada gracias a fenómenos como las olas de calor e incendios forestales en Europa o la riada acaecida en Nepal. En definitiva, las consecuencias del cambio climático ponen cada vez en mayor riesgo la salud ambiental y la seguridad de las personas en todo el planeta. 

El 26 de septiembre es el Día Mundial de la Salud Ambiental, que lleva celebrándose desde que fue instituido en 2011 por la Federación Internacional de Salud Ambiental (IFEH). Su objetivo es concienciar sobre la importancia de cuidar el entorno y los ecosistemas en beneficio de la salud humana global. La OMS define la salud ambiental como el conjunto de factores físicos, químicos, biológicos y sociales externos que influyen en la calidad de vida y el bienestar humano. El avance del calentamiento del planeta se está demostrando como un factor de riesgo, ya que aparte de los fenómenos meteorológicos extremos que acarrea, entre junio y agosto de este año más de 1.500 millones de personas en todo el mundo experimentaron al menos 30 días de “calor de riesgo” añadidos por el cambio climático. 

Estos datos derivan del análisis efectuado por Climate Central, que define los “días de calor riesgo” como aquellos en los que la temperatura supera el 90% de las registradas históricamente en ese lugar durante el periodo 1991-2020, un umbral a partir del cual aumenta el peligro para la salud. 

Si bien Asia fue el continente con una mayor cantidad de población expuesta, ya que unos 2.800 millones de personas, el 58 % de los habitantes, sufrieron al menos 30 días de calor de riesgo, Europa ha sido la región con mayores aumentos térmicos, puesto que entre los diez países con temperaturas más anormalmente altas del mundo ha habido siete europeos, entre ellos Francia, Suiza e Italia, con medias alrededor de 3,5 °C por encima de lo normal. Hay que recordar que Europa es el continente que experimenta un mayor calentamiento por efecto del cambio climático, con incrementos que casi duplican el promedio global. 

En lo que respecta a España, este verano ha sido el más cálido desde, al menos, 1869. La temperatura media durante los meses estivales ha sido de 24,5 °C, 2,4 °C por encima del promedio del periodo 1991-2020, y se registraron cuatro olas de calor. 

Arden los bosques del hemisferio norte 

Se calcula que durante la presente temporada de incendios se han quemado más de seis millones de hectáreas entre Europa y América del Norte: unos 3,8 millones en Canadá, 1,85 millones en Estados Unidos y más de 600.000 en el continente europeo, más de 200.000 de ellas en España. 

Los incendios más grandes en territorio estatal han ocurrido los últimos años, en 2022, 2025 y 2026. El año pasado se produjo el mayor incendio registrado hasta 2026, en Orense, donde se arrasaron 37.759 hectáreas. En Huelva han ardido 46.944,85 hectáreas este verano, casi el 5% del total del territorio de la provincia. Pero el caso de España no es exclusivo, el mayor incendio de la historia de Portugal fue en 2025 (Arganil con 64.417 ha) y el de Grecia se produjo en 2023 (Evros con 96.000 ha). 

Según un estudio de World Weather Attribution (WWA) hoy en día las condiciones meteorológicas propicias son 40 veces más frecuentes y un 30% más intensas, lo que explica la cada vez mayor virulencia y la aparición de los megaincendios, un nuevo tipo de incendios de sexta generación mayores de 10.000 ha, mucho más rápidos, intensos e impredecibles que los tradicionales. Tienen gran potencial destructivo y pueden generar fenómenos meteorológicos propios, como tormentas de fuego o nubes, e incluso son capaces de formar su propio viento, lo que propicia que aparezcan múltiples focos activos al mismo tiempo en áreas extensas. 

Otras catástrofes climáticas 

Mientras Europa era azotada por los incendios, en el sudeste asiático este verano han sufrido la riada acaecida en Nepal y China, con los deslizamientos de tierra resultantes que causaron al menos 350 muertos y más de 1.400 personas desaparecidas, tanto residentes locales como turistas. Un informe del World Weather Attribution (WWA) destaca la incidencia del cambio climático en el desastre, ya que el calentamiento ha provocado un retroceso de los glaciares eliminando el hielo estabilizador alrededor del punto inicial, lo que provocó una avalancha de roca y hielo que fue creciendo a medida que descendía por el cauce del río. A esto se suman las consecuencias de las lluvias monzónicas y los ciclones, que han originado más de 50 muertos y millones de evacuados en China, Filipinas y varios países vecinos. 

En Sudamérica, Chile ha sido afectado por un gran temporal desde el 14 de julio al 8 de agosto, con el resultado de 15 fallecidos, 16 desaparecidos y 16.196 personas damnificadas. Además, entre el 28 y el 29 de agosto el país sufrió una oleada de tornados que agravaron la situación. 

Consecuencias para la salud y la economía 

Cada vez es más patente que los fenómenos climáticos se están convirtiendo en un problema estructural, y además de sus efectos sobre los bienes materiales y las víctimas directas que provocan, son fuente de problemas de salud. Así, un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) demuestra que el aumento de la contaminación provocada por los incendios forestales y las olas de calor ha intensificado la presencia de partículas PM2.5 en el aire. Por ejemplo, en 2025 la concentración de estas partículas superó la media en el norte de Canadá y en puntos de Rusia y el África centro-occidental, debido a los incendios que sufrieron dichos territorios. También se ha registrado un aumento de PM2.5 en el aire de Europa y Estados Unidos, a pesar de la reducción de emisiones industriales y del transporte. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los grandes incendios han podido ser causa de unas 100.000 muertes adicionales al año entre 2010 y 2018. 

En lo que respecta a Euskadi, un informe presentado por el Departamento de Salud del Gobierno Vasco revela que se ha pasado de 1,01 defunciones diarias atribuibles al exceso de temperatura en 2025 a 3,78 en 2026, lo que supone que casi se han cuatriplicado. El informe se basa en los datos del sistema MoMo (Monitorización de la Mortalidad), un registro estatal del Instituto de Salud Carlos III, que reflejan el 6,93% de los fallecimientos entre el 15 de mayo y el 31 de agosto han sido imputables a las elevadas temperaturas, por un 1,83% de los ocurridos entre el 15 de mayo y el 30 de septiembre de 2025. 

Además, hay que considerar que el cambio climático y los fenómenos meteorológicos asociados no afectan a la salud solo de forma inmediata, también impactan en las condiciones de vida futuras, en la salud de las personas a largo plazo. Uno de los aspectos relacionados es su afección a la economía, ya que, por ejemplo, solo en la Unión Europea, el coste los incendios supera los 3.000 millones de euros por año. 

En la misma línea, Triodos Bank calcula que las condiciones climáticas extremas que ha sufrido la UE este verano podrían reducir su PIB en torno a un 1% en 2026 o, lo que es lo mismo, han supuesto un coste de 180.000 millones de euros. Sin embargo, estas son pérdidas directas e inmediatas, quedaría evaluar la proyección futura de los costes asociados a las áreas afectadas. 

Hay que recordar que la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) estima en 822.000 millones de euros las pérdidas económicas directas derivadas de fenómenos meteorológicos entre 1980 y 2024. 

Prevenir el desastre 

Parece claro que la mejor estrategia sería intensificar las medidas de resiliencia, frente a la gestión reactiva que en general se despliega en estos momentos. Esto supondría un cambio de mentalidad para dejar de financiar reconstrucciones y priorizar la prevención de riesgos. La Oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) estima que cada dólar destinado a reducción del riesgo puede ahorrar hasta cuatro dólares en pérdidas futuras, con las soluciones basadas en la naturaleza como medidas más destacadas, ya que resultan hasta un 50% más rentables que las obras tradicionales. 

En esta línea, la UNDRR lleva años haciendo un llamamiento para establecer un sistema de alertas tempranas universales, puesto que estiman que apenas 24 horas de aviso ante una tormenta o una ola de calor recortan los daños un 30%. 

Por su parte, Europa es consciente de la necesidad de adaptación al cambio climático y recientemente la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado nuevas iniciativas frente a las olas de calor, inundaciones e incendios forestales. Así, en breve se presentará un nuevo marco de resiliencia climática que identificará los 100 territorios más vulnerables de Europa y evaluará los riesgos a los que se enfrentan. 

También se está preparando un Plan Europeo contra las Olas de Calor, con mejores sistemas de alerta temprana, preparación sanitaria, adaptación urbana y medidas de refrigeración; una Alianza para los Seguros Climáticos y una nueva Iniciativa Europea del Agua. Además, se ha solicitado a representantes de bomberos y responsables de emergencias propuestas para para mejorar la prevención y la preparación frente a los incendios. 

Se trata de un asunto urgente, ya que este verano en Europa ardieron unas 660.000 hectáreas, se perdieron alrededor de 12 millones de toneladas de cultivos y las olas de calor provocaron más de 35.000 muertes adicionales.  

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